La Foca: Reconstruirse desde las canciones

Con más de 30 años de trayectoria y una discografía que los convirtió en una de las referencias del rock alternativo local, La Foca inicia una nueva etapa con “Submarino”. El noveno trabajo de estudio de la banda llega después de un proceso de transformación interna que derivó en una formación renovada y en una búsqueda sonora donde conviven la contundencia del rock, la influencia del post punk y una nueva forma de abordar la composición, sin perder la identidad que ha construído el grupo a lo largo de su carrera.

Lejos de mirar hacia atrás, el álbum representa un nuevo punto de partida y reúne nueve canciones que reflejan el presente de una banda que, con su historia a cuestas, eligió seguir haciendo canciones como principal motor creativo.

A propósito del lanzamiento y de su presentación en vivo el sábado 25 de julio a las 21:00 horas en Sala Rondeau (Av. Gral. Rondeau 1904), conversamos con su vocalista Federico González sobre la reconstrucción del grupo tras la salida de uno de sus integrantes históricos, el proceso creativo detrás del disco y el nuevo rumbo de la banda. Las entradas para el show pueden adquirirse a través de RedTickets.

Por Liber Aicardi

Foto: Lucía Aguirre

Contame del proceso de este nuevo disco Submarino. ¿Cómo fue el proceso intermedio entre el disco anterior y “Submarino”?

Nosotros el disco anterior lo habíamos grabado en el 2022. Lo estuvimos tocando hasta setiembre del año 2024, que hicimos un toque en la Sala Zavala Muniz del Teatro Solís, y ese fue el último concierto que toca Gustavo (Gustavo Compagnone, guitarrista), que es integrante original de la banda y que venía en un proceso de pedir unas vacaciones sin goce de sueldo (bromea) por un disco. Lo estiramos todo lo que pudimos hasta que empezamos a encarar un nuevo disco. Entonces, en setiembre de 2024 nos quedamos, básicamente, sin banda, porque se nos había ido uno de los pilares.

A partir de ahí empezamos el proceso, que fue grabar el disco, pero también reconstruir una nueva banda. Y la estrategia fue justamente esa: armar una nueva banda a partir de un nuevo disco. Olvidarse de los ocho discos que habíamos grabado, de los treinta y pico de años que ya llevábamos, y ver qué pasaba con lo nuevo, con lo que teníamos. Teníamos ocho o nueve canciones, teníamos ya el disco ahí, y yo contacto a Sebastián Lluberas (guitarrista), que lo conocíamos de haber tocado con Sinatras en 2005, por ahí. Sabía que estaba fuera del circuito, pero me encantaba la idea de alguien que pudiera volver y que no estuviera contaminado con todo lo que estaba pasando. Repatriamos a mi hermano Ismael (guitarrista), apareció también Lucía Aguirre (coros), y ahí empezamos a trabajar. Estuvimos un año y pico donde lo que hicimos fue hacer un disco y lo grabamos. Andrés Ameijenda fue otra persona que se arrimó desde finales de 2024 hasta que grabamos el disco. Es el coproductor, pero, más allá de eso, fue un gran DT; alguien que nos acompañó en todo el proceso: el ensayo, el armado, el sonido…

También recurrimos a un viejo conocido, Juan Stewart, que es argentino, productor, ingeniero e integrante de Jaime Sin Tierra, que nos ha grabado varios discos, pero hacía algunos discos que no participaba integralmente. Entonces, cuando teníamos las canciones, teníamos armado todo, fuimos a grabarlo a Buenos Aires. Lo grabamos con él, él lo mezcló y lo masterizó.

De esa manera logramos tener un disco con un sonido nuevo, porque eran canciones nuevas, porque era una integración bastante nueva, con muchas cosas de lo viejo, obviamente, y con un sonido que a nosotros nos encantó, en condiciones buenísimas. Lo logramos hacer como queríamos, en el lugar que queríamos, en las condiciones que queríamos y, por sobre todas las cosas, terminamos todo esto con un disco nuevo y una banda nueva.

Esta reformulación de la banda, también coincide con que el disco anterior, “Los nuevos recuerdos vendrán”, termina siendo un disco de cierre de una etapa de la banda, incluso a nivel personal. ¿Tiene relación una cosa con la otra?

Absolutamente. Cerramos una etapa y abrimos otra. “Los nuevos recuerdos vendrán”, además de que se dio en una circunstancia muy particular —pandemia, fallecimiento de un amigo, a quien le dedicamos el disco—, también fue el último disco que graba Gustavo. Tenía algo que ver con “Ceres y Venus” y con “La Fórmula”. Eso fue una trilogía que se nos armó, pero nos dimos cuenta cuando la terminamos. No fue consciente. Claramente esos tres discos están súper relacionados. Sonoramente no sé si tanto, pero en el concepto, en la composición y en la ejecución yo creo que lo están. Y claramente se cerró una etapa, sí.

Lo bueno es que pudimos abrir otra. Eso es lo que nos tiene tan felices porque, con treinta y pico años de carrera, con un promedio de edad arriba de los cincuenta todos los integrantes, salvo Lucía, que es más joven, y ahora Sebastián, que tiene cuarenta y poco, era difícil. Teníamos la inmensa fortuna de tener las canciones ahí, esperándonos, y nos agarramos de eso. Ahora tenemos casi medio disco más, que lo vamos a tocar cuando nos presentemos, y creo que esto vino para quedarse, por lo menos un tiempo, seguro.

¿Retrabajaron esos temas que ya tenían compuestos o los empezaron desde cero?

De los nueve temas yo creo que había tres o cuatro que los estábamos tocando en vivo. Pero los nuevos los empezamos a hacer como si no existiera nada antes. Los llevamos a la sala, yo los tiré, como hacemos siempre, e hicimos el proceso como si fueran temas absolutamente nuevos. Y, si bien tienen alguna similitud con cómo tocábamos a finales de 2024, son otra cosa.

Ahí te das cuenta de que una misma composición se puede interpretar de distintas maneras y puede ser bastante diferente una de otra. Pero fue un poco y un poco. Lo que sí, la premisa fue: «Hagamos como que tenemos una banda nueva», que, de hecho, en parte es cierto. Y yo lo que tengo hecho con la guitarra se los muestro con la guitarra criolla, como hice toda la vida. Voy a la sala, enchufo y trato de repetir lo que les pasé en la guitarra criolla un rato antes. Ahí empezamos a ver qué pasa, y eso hicimos con estos temas también.

Claramente se cerró una etapa y lo bueno es que pudimos abrir otra. Teníamos la inmensa fortuna de que las canciones estaban ahí, esperándonos, y nos agarramos de eso.

¿En qué momento reconocieron que el sonido era otro?

Para mí pasa al mismo tiempo que decidimos grabar el disco. Empezamos en octubre y yo creo que ya en febrero, a más tardar, sabíamos que eso no tenía vuelta; o sea, que estaba buenísimo, que había que grabarlo, que había que terminarlo. Lucía, como buena joven, registra todo, todo el tiempo registra los ensayos —lo digo como algo bueno—. Empezamos a hacerlo girar entre nosotros y ahí empezamos a darnos cuenta de que estaba todo bueno, que era lo mismo, pero a la vez era otra cosa. Lo que nos decían era eso: «Esto sí son ustedes, pero es otra cosa».

Hay un giro particularmente hacia el pospunk en el sonido. ¿Cómo surge?

Yo creo que hay algo… Primero, porque todos tenemos nuestra influencia del pospunk, por una cuestión de edad, de formación, de gustos, de todo eso. Y yo creo que lo que tiene este nuevo sonido es para mí como algo bueno, que es más simple y tiene una cosa más rítmica también, porque está hecho así, y me parece que eso fomentó que esos temas sonaran más para ese lado.

Probablemente haya algo en la composición, pero, sobre todo, hay algo en la conformación de la canción, en la construcción, en los arreglos, que lo hace sonar así. Están grabados con la batería y el bajo bastante presentes; eso también es una cosa que no tenían los discos anteriores. Está bueno eso porque son tres guitarras, pero tiene la base marcando arriba. El estilo de los guitarristas es distinto también. Para mí está ahí la cosa, aunque probablemente haya algo en la composición. Y eso igual nos encanta.

Las letras también tuvieron un cambio, ¿lo sentís así también?

Sí, las tuvieron, sí. Porque también cerramos una etapa, una etapa más de duelo, con el disco anterior. Ahora están paradas en otro lugar. Por más que hay un tema que canta Lucía, «Dos semanas», que es una letra que escribí en el año 92, que la traje para los 30 años de La Foca. Me acordé de que había una canción que me gustaba mucho, que nunca la habíamos grabado ni nada; la traje y la hicimos, y quedó ahí. Pero esa canción, esa letra, se lleva bien con lo nuevo, digamos.

Yo siempre me siento conforme cuando la lírica o las canciones representan lo que uno era en ese momento; ese es el objetivo. Y sí, me parece que, en ese sentido, es más optimista.

¿Hubo un trabajo deliberado de seguir detrás del sonido que ustedes tenían o siempre fue libre?

Yo creo que la decisión de olvidarnos del pasado, al principio, sí estaba. Estaba la idea de cambiarlo, de empezar a construirlo nuevamente. Los ensayos son súper libres y tiene que pasar algo; si no pasa nada, los temas se desechan. Y no nos pasó. En el caso de Seba había algo que tenía que pasar, que era la forma en que tocaba, que es distinta a como tocábamos nosotros. Tenía que cuajar con cómo tocábamos nosotros, y me parece que la conjunción de los tres definió un nuevo sonido. Pero fue a partir de cuestiones libres. No hubo una indicación, nunca la hubo en la banda, porque tampoco era necesario.

Nosotros anteriormente éramos unos niños, empezamos a tocar todos a la vez, fuimos naturalmente convergiendo a tocar todos parecido, y en este caso, cuando vimos que eso funcionaba, estaba bueno. Calculo que Seba se habrá acomodado un poco a nosotros y nosotros un poco a él. Nunca fue explícito, nunca se habló de eso, pero sí se tuvo que aceptar ese sonido y trabajar desde ahí. Sucedió naturalmente.

¿Se cuestionó en algún momento, en la interna, que no estaban sonando a La Foca?

Lo dijimos, pero nos pareció bien. De hecho, nos damos cuenta cuando queremos hacer un tema viejo: no lo podemos hacer. Tenemos un problema. Tocamos dos o tres veces con la nueva formación y tratamos de versionarlos y llevarlos al nuevo sonido de la banda. Es imposible hacerlo como antes, pero nos gusta lo que estamos haciendo.

En un momento dijimos: «Esto agarró para otro lado». Y yo creo que también estuvo bueno que sucediera antes de grabar, porque no fue producto del estudio. La banda tocó lo que tocó, el sonido lo estamos hallando y ya está. Yo creo que también fue la forma de que esto sobreviviera y que hoy estuviera en este nuevo abrir de la vida de la banda. Si no, hubiera estado difícil.

Yo siempre me siento conforme cuando las canciones representan lo que uno era en el momento en que se compusieron; ese es el objetivo.

¿Cómo toman, con el correr de los años, que se los considere una banda de culto?

Con alegría. Es un reconocimiento. Yo jodía en los El Bloque Awards, cuando me dan el premio a la trayectoria, y digo: «¡Pah! Me quedan dos afeitadas» (risas). Pero, en realidad, me parece un gesto hermoso de reconocimiento y, obviamente, es muy halagador que eso suceda.

En un momento fue una carga, eso te voy a confesar, sobre todo cuando hicimos “La Fórmula” (2019). En esa época yo me lo tomaba muy a pecho, como diciendo: «Tengo que cumplir una misión de asesoramiento, de acompañamiento». Me pasó mucho eso. A mí y a los demás. Íbamos a ver bandas y algunos nos preguntaban algunas cosas, y nosotros comentábamos. Y después me quedaba pensando: «¿Lo que les dije estará bien? ¿Estará mal? Capaz que le dije algo equivocado sobre el sonido o lo que sea». Eso pasó durante un tiempo. Pero, después que pasó ese tiempo, en realidad lo tomamos como una situación que tiene cierta lógica, porque nosotros nos hemos mantenido en un lugar al que ahora concurre gente nueva. Entonces te ven ahí y naturalmente, en algún momento, si vos seguís estando en ese lugar, es porque compatibilizás con esa gente, con ese espacio, con esa forma de trabajar. Y es un milagro que aparezcan nuevas generaciones y eso siga sucediendo.

En algún momento eso va a terminar, supongo. Yo lo veo como eso. Pero, en este momento, lo veo como una cosa de absoluta alegría y probablemente sea una de las cosas que está empujando… Nos está empujando esa «mano invisible» de Adam Smith, pero nos está empujando para seguir.

¿Qué podés adelantar de la presentación del disco y de lo que sigue para el resto del año?

Vamos a presentar el disco en una sala nueva que se llama Sala Rondeau y que abrió hace un par de meses o un poco más. Es hermosa y tiene una dimensión que para nosotros está bien. Es como la que estábamos buscando. Eso tiene que ver con la nueva banda también. Me gustaba un lugar que tuviera gente de pie, al estilo de lo que era La Trastienda en su momento, con un buen sonido y donde se pudiera tocar con una banda de rock. Estábamos buscando eso para presentar el disco. O sea, no le apuntamos ni a ningún teatro ni a ninguna sala para estar sentado. Eso lo descartábamos de pique. Buscamos un lugar que creo que se lleva mejor con lo que es la banda hoy.

La idea nuestra es justamente tocar el disco tal cual se hizo, con la mayor cantidad de invitados posible. Nuestra intención también es, a partir de ahí, hacer una segunda parte donde vamos a mostrar en lo que estamos, que son un montón de canciones nuevas, más nuevas que las del disco, y cómo estamos reinterpretando otras canciones viejas. La idea es decir: «Bueno, esta es la banda ahora». Ese es el objetivo que tenemos para el 25 de julio.

Por lo menos, lo que a mí me parece más relevante es poder presentar lo que es la banda a partir de ahora en buenas condiciones, y ese es el objetivo principal. Después de ahí, sí, en la segunda mitad del año estamos pensando algunas cosas para hacer. Vamos a cruzar el charco, estamos viendo bien cuándo y cómo, y también si podemos hacer un toque internacional acá, a fin de año.

Hay un montón de proyectos. Por ahora no hay nada cerrado, no nos quema la cabeza en lo más mínimo. Sabemos que las cosas van a salir, eso pasa siempre. Pero nuestra idea es que, si tenemos suerte, toda la gente que escuchaba a La Foca va a conocer a esta nueva Foca, de alguna manera.

Foto: Paul Hernández
Posted in: