Garo, Spuntone y el “Laberinto” del encuentro

A dos décadas de su edición original, “Laberinto”, quinto trabajo de estudio de La Trampa, llega nuevamente al público en una edición en vinilo que propone algo más que el traslado de un álbum de un formato a otro. El nuevo orden de las canciones, pensado a partir de la lógica de las dos caras del vinilo, modifica el recorrido original y abre otra experiencia de escucha, a la que se suma una calidad sonora que permite apreciar aquellos temas con otra profundidad

Publicado originalmente en 2005, en uno de los momentos de mayor popularidad de la banda, “Laberinto” encontró al grupo consolidando un camino que había construido desde los años 90, convirtiéndose en una de las referencias fundamentales del rock uruguayo de aquella década y de la primera década del siglo. A 35 años de la fundación de la banda, esta reedición también tiene una dimensión que excede al disco: es el punto de partida para el reencuentro humano entre Garo Arakelian y Alejandro Spuntone, tras la vuelta del cuarteto en 2017, su posterior disolución en 2018 y un período de distanciamiento personal.

A propósito del lanzamiento, repasamos con ellos el proceso creativo del álbum, las decisiones que marcaron aquella etapa y la posibilidad de revisitar la obra con la perspectiva que ofrece la distancia de dos décadas. También reflexionaron sobre lo que significa compartir una parte de una historia que todavía permanece presente en el público y adelantaron la posibilidad de reeditar en vinilo el resto de la discografía de estudio de La Trampa.

Por Liber Aicardi


Foto: Paul Hernández

¿A qué momento en particular de La Trampa los lleva “Laberinto”?

Alejandro — Este disco en particular es un disco importante en la carrera de la banda, que ya cumple este año los 21 años. Nos llevó un montón a recordar cómo lo habíamos hecho, a la elección de Fernando Cabrera y a cómo lo grabamos, al temporal de agosto del 2005. A un montón de lugares y a volver a escuchar las canciones, porque además tiene un sonido nuevo. Es un lindo repaso también, de ponerse a pensar en qué lindo disco hicimos, qué buenas canciones compusiste (N. de R.: dirigiéndose a Garo), qué lindo disco hicimos y, después de tantos años, revalorar la obra y la vida de nosotros en ese momento. Porque también te pasa eso con los discos: te acordás de un disco en particular, te acordás de cosas que te pasaban en la vida, dónde trabajabas, recitales, momentos de la vida… Es un lindo ejercicio para hacer cuando uno ya es más grande.

Garo — Llega un momento donde vos podés medir tu vida, por supuesto que por los acontecimientos propios de cada familia de los integrantes, pero después hay una medida que es la que compartimos por sobre las otras o por debajo de las otras: la salida de los discos, por ejemplo. Yo, desde mis veintipico de años hasta el presente, puedo ubicar en una línea de tiempo imaginaria y reproducir dónde vivía, con quién estaba, quiénes eran mis amigos, a qué bar iba, porque era el momento en que sacábamos ese disco. Entonces, de alguna forma, se viene como un tsunami, no solamente de recuerdos, sino también de la objetividad que te da el tiempo de poder entender el valor que tenía el disco en un tiempo y, en particular, este disco en ese tiempo. Hay una primera valoración que es: cuando sacaste el disco, significa tanto para nosotros. A los dos años significa tanto porque la gente lo recibió. Pero a los 20 años, el significado pasa por lugares, por el Tren Fantasma, por mil lugares donde ya no sos el dueño de ese significado. También es reencontrarse con algo que no estaba olvidado, pero que sí estábamos distanciados. Termina siendo una oportunidad, pero no es una oportunidad fortuita ni gratuita, sino que es una cosa que la generamos nosotros, y eso, de alguna forma, es tanto una razón para llenarte de orgullo, tanto de este presente como del orgullo de la obra que contiene el disco.

La banda en aquel momento venía en pleno ascenso: en 2002 habían publicado “Caída Libre”, luego el disco en vivo “Frente a Frente” y el éxito en el Pilsen Rock de 2005 entre otros hitos. ¿Sintieron en algún momento la expectativa que se generaba en cuanto a un nuevo disco de La Trampa?

Alejandro — Sí, había expectativas, pero en realidad no era algo que nos impidiera valorar lo artístico por sobre eso mismo que, de repente, la gente iba a esperar por todo eso que vos habías dicho: el 2002, el disco en vivo, el éxito en el Pilsen Rock. Sino que era volver a plantearse la banda en ese momento. Por eso aparece la incorporación de Fernando en la producción y hay otro montón de cosas: el tipo de canciones que se hacen y cómo se hacen, el tipo de sonido que se elige…

Garo — Imaginate que en estos meses las cosas las hemos hablado bastante, de diferentes maneras, además. Y por diferentes razones. La Trampa, de alguna forma, es como una anomalía. Es una anomalía en el paisaje, lo cual es una forma de definirla también, a la búsqueda y a los riesgos totalmente innecesarios desde el punto de vista práctico y curricular, pero totalmente necesarios en la concepción vital de lo que era La Trampa. Parte de ese tiempo y de esas decisiones iban de la mano con eso. Un disco nuevo implicaba siempre ser diferente al anterior, siempre. Eso era un riesgo totalmente innecesario en términos prácticos, pero para nosotros era fundamental. Era parte ya de nuestra identidad.

Alejandro — Hoy te das cuenta que el “guacherío”, y también los grandes, están detrás de un número: las visualizaciones, los clics, los seguidores, los tickets vendidos, todo eso. Y nosotros nunca estuvimos atrás de eso. Es más, siempre fue una cosa que estuvo medio de costado y que nos sorprendía cuando pasaba. Tocábamos en el Teatro Astral, cuando en realidad todo el mundo te decía que lo que teníamos que hacer era el Cine Plaza. Cuando vimos que hicimos tres, dijimos: “Bueno, ahora podemos crecer un poco más. Vayamos al Plaza” y la gente nos decía que iba a quedar chico. Terminamos haciendo tres Plaza. Y así seguimos. Incluso hasta la vuelta pasada, que podíamos haber vuelto para el Estadio Centenario y, sin embargo, lo hicimos así también. Era una cosa en la que nosotros nunca pusimos la mirada. Después nos sorprendía la reacción de la gente. Y es como dice Garo, que era una especie de anomalía. Con una banda que no tenía videoclips, o eran muy pocos, en realidad; tampoco teníamos grandes campañas de marketing, ni de giras, ni de cosas grandilocuentes. Lo que importaba era la música y el mensaje.

La Trampa, de alguna forma, es una anomalía en el paisaje, lo cual es una forma de definirla también a la búsqueda y a los riesgos totalmente innecesarios desde el punto de vista práctico y curricular, pero totalmente necesarios en la concepción vital de lo que era la banda.

Garo Arakelian

Garo — La gente se identificaba con la interpretación y con el contenido. Pero no era una banda que tuviera el propósito de un mensaje.

Alejandro — Era tan así que los integrantes de la banda, todos teníamos laburos diferentes, nunca vivimos de esto. Y yo, cuando decidí seguir viviendo esto, que fueron cuatro años, fue porque tenía una realidad familiar muy compleja, que hacía que la banda me generara un cierto ingreso que podía permitirme dedicarme a eso, que era una parte familiar, y después que terminó eso yo salí con un currículum a buscar laburo. Cuando ya pasaste determinadas cosas en la vida, te das cuenta de que esa no es la zanahoria que vas persiguiendo, perseguís otras cosas. Yo creo que una parte exitosa de nosotros es que, a pesar de que los últimos tantos años estuvimos poco en el ambiente, seguimos estando en la gente. Te das cuenta cuando sacás el disco y te empiezan a recordar. Hay gente que te escribe, te pregunta “¿cuándo vuelven?”. Ahí te das cuenta de que la banda no se murió ahí. La música, las canciones y lo que se generó, se generó y quedó. Eso para nosotros es enorme.

Garo — En una época donde lo efímero es lo que sostiene la industria musical nosotros nunca tuvimos el propósito porque no existía el concepto de industria musical. A nadie se le ocurría decir “industria”. Ahora las generaciones más jóvenes hablan de industria de una forma totalmente natural. Pero a lo que voy es: se reedita este disco y vos te das cuenta del valor de lo que perdura por su consistencia artística.

El vinilo viene con un simple de dos canciones que, por cuestiones de la duración original del CD, quedaron afuera. ¿Cómo tomaron esa decisión?

Garo — También para mantener la calidad del sonido.. Si se le reducía la calidad o se eliminaban un par de canciones, cosa que no queríamos porque justamente lo que sostiene todo esto es lo artístico, no una oportunidad con la industria de la revisión.

¿Cómo fue el trabajo de darle un nuevo orden a los temas del disco?

Alejandro — En realidad fue bastante llevadero. Garo pasó los temas así y lo empezamos a mirar y lo charlamos un rato y dijimos: “Estos temas estarían buenos que estuvieran en este simple”, pero no fue una búsqueda.

Garo — Lo que sí, hubo una diferencia grande: el disco fue originalmente concebido para CD, vos no tenías lado A y lado B. Lo primero que trabajamos fue decir: ver si hubiera un lado A y un lado B, sabiendo que hay por lo menos dos temas que tendríamos que editar en un simple, ¿con qué tema terminaría un lado A y con cuál otro arranca el lado B? Porque no es lo mismo que el tema 6 del CD. Entonces ahí le dedicamos un poco más de trabajo en lo que tiene que ver, desde el punto de vista de la intención del repertorio del disco, con equilibrar, poner los temas más populares de determinada manera, darle lugar privilegiado a las canciones que son experimentales, que el disco las tiene. La gente dice: “Ese disco es re comercial”. Eso si escuchás “El poeta…” o “Las décimas”, pero andá a escuchar “Los ojos de Mariam”, “Alta mar”, “Sin piel”, son temas tremendamente experimentales. Y “Las décimas” se volvió popular, pero desde el punto de vista conceptual es lo más anticomercial del mundo, porque no tiene estribillo, el estribillo de la canción es el riff de la guitarra, son temas muy raros. Pero fue un trabajo re lindo, y darle también un lugar, jerarquizar los dos temas que iban al simple, que tuvieran una jerarquía; o sea, que tuviera un lado A y un lado B el simple.

Alejandro — Más allá de pegarle a la industria o no, que el sello haya tomado esto también como un desafío para ellos: tener un disco con un simple, porque aparte es la primera que lo hace. Nos podrían haber dicho que no, que es muy complejo, muy caro, que no se va a vender, y, sin embargo, nos siguieron en todo, en el diseño también, poder integrarlo al diseño de la tapa sin que eso lo altere. También nos pasó de ver el disco tantos años después en ese formato, ver la tapa y decir: “Qué bueno que está esto”. Ahí valorás todo.

Garo — Fijate que el concepto del laberinto, hablaba de un laberinto en la identidad, en la búsqueda, en la experimentación. Una de las cosas de identidad es tu huella digital. Hoy que se habla de identidad a nivel institucional, la identidad iba por otro lado, era la búsqueda nuestra.

Alejandro — Fue muy lindo, fue muy placentero. Toda la gente que laburó en esto se puso, se copó mucho y, en realidad, le puso mucho amor. Las cosas, cuando se hacen con cariño y con respeto, tienen otra calidad. Se nota.

Hoy te das cuenta de que ahora están todos detrás de un número: las visualizaciones, los clics, los seguidores, los tickets vendidos, todo eso. Y nosotros nunca estuvimos atrás de eso. Es más, siempre fue una cosa que estuvo medio de costado y que nos sorprendía cuando pasaba.

Alejandro Spuntone

Este fue el primer disco que ustedes trabajaron con un productor. ¿A que se debió esa decisión y por qué Fernando Cabrera?

Garo — Nosotros veníamos del disco “Caída Libre”, que fue un disco muy guitarrero, muy pop en el sentido de que era un disco muy directo. Entonces, una de las cosas que nos pasaba a nosotros era no quedar presos de esa demanda de que “esto somos nosotros para los demás también”. Queríamos defender la búsqueda que había sido parte de nuestra identidad hasta el momento y lo que teníamos en determinado momento eran unas cuantas canciones que ya perfilaban un probable disco que iba a ser este. Canciones que muchas de ellas eran extrañas, que se podían arruinar perfectamente repitiendo la fórmula estética con un automático, es decir, repetir los mismos mecanismos de sonido, guitarra y todo lo otro. Y ahí es el lugar donde Fernando entra, pero como por un tubo, en el que estamos de acuerdo todos, por lo que es la percepción de Fernando sobre la música popular en Uruguay, sobre el rock uruguayo, sobre el respeto que tenía por la obra nuestra también, y, por supuesto, para nosotros también era un privilegio poder contar con la visión de una persona que no se iba a regir por automatismos de lo que nosotros no estábamos buscando y que estaba dispuesta a correr riesgos, hacernos correr riesgos.

¿La necesidad viene de salir un poco de la caja de lo que venía haciendo La Trampa?

Garo — De la necesidad de no arruinar el disco, como te decía. Eran canciones que, si nosotros seguíamos con los mecanismos que teníamos y los artilugios y las herramientas de las que disponíamos, después, con el tiempo, aprendimos mucho más. Pero mirá, que nosotros en ese momento fuimos músicos que nos fuimos haciendo como en un taller mecánico. Esa es la verdad nuestra. No había tutoriales de YouTube, no había tanta información. Nos gustaba The Cult, nos gustaba parte de la música popular uruguaya, era cosa de tenerlo en común. Y Fernando lo que viene es justamente a darnos la posibilidad de interpretar conceptualmente esas probables canciones para que fueran parte de un disco que corriera los mismos riesgos que habían corrido los anteriores.

Alejandro — Él había adquirido una especie de conocimiento de la música popular y de la canción, de valorar la canción como una cosa única, como una unidad y no como algo que es parte de un montón de cosas, sino de que cada canción le iba a pedir algo específico y trabajó sobre eso.

Garo — Lo que creo que terminó de enganchar a Fernando también es que había un propósito, una intención en muchos temas —no en todos— de cosas que tenían que ver, en general, con la canción uruguaya de diferentes géneros. De música popular y música popular que también, como por ejemplo, “Ronda de lenguas”, que es como una cosa andina, cordillerana… Yo creo que si lo hubiéramos llevado cuatro canciones como “Caída Libre” y dos como “Santa Rosa”, la verdad que no sé si le hubiera interesado.

Alejandro — El disco tenía variedad como para que un tipo como Fernando se enganchara. Nosotros notábamos también que durante el trabajo había muchas canciones que vos veías que el tipo estaba mucho más copado e interesado que en otras que ya estaban más resueltas desde el punto de vista tímbrico o del lenguaje que ya La Trampa tenía.

Este disco también termina siendo el último con la formación clásica de LA Trampa, que incluía a Carlos Ráfols y a “Alvin” Pintos. ¿Cómo ven a la distancia ese momento particular?

Alejandro — Son pérdidas que duelen porque son compañeros, gente importante en la banda, son momentos feos… Lo de “Alvin” medio que se veía venir, porque fijate que sale “Laberinto” y al poco tiempo sale “Raro”, de El Cuarteto de Nos, y Alvin se estaba volviendo loco. Se estaba volviendo loco él, los managers, nosotros. Por más que éramos amigos todos con El Cuarteto y a él le encantaban las dos cosas, y si fuera por él lo hubiera seguido haciendo las dos, era una cosa inviable. Entonces, ya medio que se vio venir. La salida de Carlitos también nos afectó en su momento, fue justo estando ya trabajando en el disco siguiente. Son esos momentos tan difíciles hoy de describir.

Los dos, por diferentes razones, llegamos a este encuentro con la sensación de que si está dentro de nuestras posibilidades, esto hay que arreglarlo. Porque no se trata de contribuir a esa cultura de cagarte en el otro, de no volver a hablar nunca más, de estar peleado de por vida.

Garo Arakelian

Esta edición en vinilo de “Laberinto” los vuelve a reencontrar a ustedes dos a nivel humano. ¿Qué fue primero, el reencuentro humano o el reencuentro con la obra?

Alejandro — Si este disco salió es porque primero hubo una intención humana. Darío —N. de R.: Darío Díaz, director del sello Bizarro— le dice a Garo para hacer la reedición de este disco y Garo le pone como condición que hablara conmigo porque, si lo hacía, lo hacía conmigo. Hacía mil años que no hablábamos, estábamos distanciados, cada uno en lo suyo y sin contacto ninguno.

Garo — Y yo me había quedado muy mal y vos también (dirigiéndose a Alejandro) después del episodio de desencuentro que tuvimos y de ninguna manera estaba dispuesto a repetir eso porque fueron cosas que estuvieron mal y de las que realmente creo que aprendimos los dos también.

Alejandro — Ahí tenés dos opciones: decís “ya está, se terminó” o valorás un montón de otras cosas vividas y también valorás el gesto de la otra persona. Y ¿por qué no? Y ahí empezamos a hablar. O sea, en realidad esa fue como la excusa porque, en realidad, después de eso no empezamos a hablar del disco inmediatamente, empezamos a hablar de cosas. Nos juntamos una vez y empezamos a hablar y después nos juntamos otra. Después empezamos a ver qué pasaba con el disco, cómo armarlo. Pero fue primero lo humano y después lo otro fluyó por naturaleza, porque es algo que tenemos en común, que es la parte artística. Lo primero fue eso. Primero Darío y después Garo, que toma la iniciativa, y hoy nos encuentra acá y re contentos con la salida del disco.

¿Sí, son conscientes de lo que generaron cuando subieron aquella primera foto juntos, no?

Alejandro — Sí, se sabía, y aparte estaba buena la época, que era justo antes de las fiestas…

Garo — Una cosa que hemos hablado con él es que Uruguay es un país de desencuentros eternos. Desde la batalla de Carpintería con el Partido Nacional, el Partido Colorado, hasta Peñarol-Nacional, vivimos en una cosa de palos en la rueda, incluso hasta dentro del Frente Amplio, que podría ser nuestra herramienta de construcción de un mundo nuevo, ves que es “palo en la rueda”, “palo en la rueda”. Creo que los dos, por diferentes razones, llegamos a este encuentro con la sensación de que, si está dentro de nuestras posibilidades, esto hay que arreglarlo. Porque no se trata de contribuir con esa cultura de cagarte en el otro, de no volver a hablar nunca más, de estar peleado de por vida. Esas son cosas que después, hablando, coincidís.

¿Hay planes de seguir reeditando el resto de la obra de La Trampa?

Garo — Sí, la idea es editar un box en el que estén todos los discos que se vienen editando en vinilo y tener toda la discografía de estudio para poder presentársela al público. Básicamente es eso: todos los discos de estudio en un box. Ya tenemos dos, hay que ver cómo es el devenir de los próximos discos.


Foto: Paul Hernández

Mantenemos aquello medio anárquico, porque conversamos eso de que está todo tan pulcro hoy en día… Y a nosotras, en realidad, nos gusta también saber que la posibilidad del error existe.

María Laura Prigue

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