PASTO: “Tratamos de priorizar la emoción y permitir que una canción sea lo que necesite ser”

En agosto, la banda PASTO publicó “El borde invisible”, su álbum debut, un trabajo que reúne historias atravesadas por los vínculos, las pérdidas y los cambios, con la emoción como punto de partida y la canción por encima de cualquier expectativa. A propósito de este lanzamiento, entrevistamos a Bruno Ribeca, voz del grupo y ex frontman de Crysler, sobre el origen del proyecto, la búsqueda artística detrás del disco, la colaboración con Paulinho Moska y el desafío de llevar estas canciones al escenario.

PASTO presentará “El borde invisible” este sábado 10 de octubre, a las 21 h, en Magnolio Sala, con Gurí Pescador como invitado. Las entradas están a la venta a través de RedTickets.

Por Liber Aicardi

Foto: Difusión

PASTO aparece ligada desde el comienzo a una idea de resiliencia, de volver a crecer después de atravesar momentos difíciles. ¿Cómo nace el proyecto y en qué momento esas experiencias personales empiezan a transformarse en canciones?

PASTO nace después de una larga pausa, de un tiempo alejados de las canciones y de los proyectos musicales, y de la necesidad de volver a hacer canciones desde un lugar muy personal. Las canciones empiezan a aparecer después de momentos de cambio, de pérdida, de incertidumbre, o de esa sensación de tener que empezar de nuevo. PASTO aparece no solamente como una banda, sino como una manera de transformar experiencias personales en canciones, y esas canciones en algo que pueda ser compartido.

¿Qué recorrido hicieron las canciones hasta llegar a convertirse en “El borde invisible”?

Nos gusta referirnos a “El borde invisible” como un disco “urgente”. Si bien elegimos algunas canciones que habían sido compuestas hacía ya un tiempo, la gran mayoría son muy cercanas. Teníamos la necesidad de volver y, de alguna manera, también teníamos las canciones para hacerlo. Decidimos trabajar con Nahuel Piscitelli, de Cruzando El Charco, como productor. Como todavía no teníamos una banda conformada, las primeras maquetas fueron construidas prácticamente desde la voz y la guitarra. Eso hizo que el disco no fuera algo que pudiéramos planificar de antemano, sino que lo fuimos descubriendo canción a canción.

La elección del repertorio tampoco fue sencilla, porque teníamos mucho material. Finalmente decidimos priorizar la lírica, las canciones que más nos movilizaban y, sobre todo, las que sentíamos que mejor nos representaban en ese momento. Creo que por eso el disco tiene algo de urgente: no nació de una planificación previa, sino de la necesidad de volver a hacer canciones.

Las historias que cuentan las canciones son diferentes, pero todas tienen algo en común: hablan de vínculos, y en el fondo todos los vínculos también hablan de uno mismo.

En las canciones aparecen temas como el desamor, el niño interior, los vínculos familiares y amorosos. ¿Hay un hilo común que atraviese todas esas historias o cada canción nació desde un lugar diferente?

Las historias son diferentes, pero creo que todas tienen algo en común: hablan de vínculos, y en el fondo todos los vínculos también hablan de uno mismo. Hay canciones que miran hacia una relación amorosa, otras hacia la familia, otras hacia ese niño que uno fue, pero siempre aparece esa pregunta de qué hacemos con lo que sentimos y con lo que nos pasó.

¿Qué cambió en la manera de escribir o de contar esas experiencias a medida que fueron tomando forma las canciones?

En esta nueva etapa, decidimos cambiar bastante la manera de componer, sobre todo la manera de escribir. Al principio uno tiene la necesidad de contar exactamente lo que le pasó. Con el tiempo aprendimos que una canción no necesita explicar todo, a veces es más interesante dejar un espacio para que el otro complete la historia.

Hay una idea muy presente en la comunicación de PASTO: no buscar “ansiedad ni apariencias, ni responder a expectativas externas”, sino priorizar la emoción sobre el “qué dirán”. ¿Cómo trasladan esa forma de entender el proyecto a la hora de hacer música?

La experiencia, los errores y la etapa en la que nos encontramos, nos llevaron sobre todo, a aprender qué no queremos hacer. Y eso nos permitió intentar que la canción sea más importante que la expectativa que existe alrededor de la canción. Tratamos de priorizar la emoción y permitir que una canción sea sensible, rockera, acústica o lo que necesite ser, sin intentar forzarla para que encaje en una determinada idea de lo que debería ser.

Eso también se trasladó mucho a la grabación. En todo el disco, cada instrumento fue pensado y ejecutado en función de lo que necesitaba cada canción. No se trata de demostrar todo lo que uno puede tocar, sino de encontrar qué es lo mejor para la canción. Creo que esa es una de las formas en las que intentamos que PASTO sea genuino: poner la canción por delante de cualquier expectativa.

Teníamos claro que no queríamos una colaboración solamente por el nombre de Paulinho Moska: tenía que tener sentido para la canción. Por suerte, la canción le gustó, y ese era el requisito excluyente para nosotros.

El título “El borde invisible” remite a ese instante en el que algo cambia para siempre, aunque muchas veces no podamos identificar exactamente cuándo ocurrió. ¿Cómo llegaron a ese concepto?

Nos interesaba esa idea de que hay momentos que dividen una vida en dos, pero que cuando están sucediendo no necesariamente tienen una señal que diga “acá empieza otra etapa”. El borde existe, pero es invisible. Y muchas de las canciones hablan justamente de esos momentos de transformación.

En el disco también hay una colaboración de Paulinho Moska, en el tema «Si falla», ¿cómo surgió la colaboración y cómo fue esa experiencia?

Teníamos la idea de contar con invitados en el disco, y cuando escuchamos las primeras versiones de “Si Falla”, automáticamente surgió la idea de invitar a Paulinho Moska.

La canción tiene una sensibilidad muy particular y sentíamos que él podía aportarle algo muy especial. Sabíamos que era un enorme desafío que aceptara, porque para nosotros es un referente de la música latinoamericana, pero también teníamos claro que no queríamos una colaboración solamente por el nombre: tenía que tener sentido para la canción. Por suerte, la canción le gustó, y ese era el requisito excluyente para nosotros.

A partir de ahí nos encontramos con una persona sumamente humana, cercana, humilde y generosa. Lo fue tanto en la grabación de su voz como después, a la hora de acompañarnos y generar material de difusión. Fue una experiencia muy especial para nosotros, porque detrás del enorme artista que admiramos encontramos también a una persona con una calidad humana que hizo que todo el proceso fuera todavía más significativo.

El álbum fue publicado en agosto y ahora llega el momento de presentarlo en vivo. ¿Cómo fue pasar de trabajar las canciones en un ámbito más íntimo a pensar en cómo esas canciones van a convivir sobre un escenario?

Es un proceso en el que venimos trabajando hace tiempo. Las canciones las pudimos tocar con banda completa recién una vez terminado el disco. Fue ahí cuando tuvimos la experiencia de convivir ocho músicos en una sala y escuchar, por primera vez, esas canciones llevadas al vivo. Y sin duda las canciones toman otra forma. Aparece algo diferente: el cuerpo, el volumen, el público y la energía de la banda. Hay cosas que en el disco están más contenidas y que cuando las tocamos en vivo empiezan a crecer de otra manera.

Las canciones empiezan a tener una vida propia sobre el escenario. Creo que parte de este proceso de presentación del disco tiene que ver justamente con eso: descubrir qué pasa con “El borde invisible” cuando deja de ser solamente un disco y se convierte en una experiencia compartida con el público.

Las canciones empiezan a tener una vida propia sobre el escenario. Parte de este proceso de presentación del disco tiene que ver justamente con eso: descubrir qué pasa con ‘El borde invisible’ cuando deja de ser solamente un disco y se convierte en una experiencia compartida con el público.

El próximo 10 de octubre van a presentar el disco en Magnolio Sala, ¿Qué se puede adelantar del show?

Sin duda va a ser el show más importante de PASTO en este 2026. Es una producción propia, y eso nos da la libertad de pensar el show de una manera diferente, pudiendo elegir un setlist que tenga coherencia con lo que queremos transmitir, trabajar los arreglos y también, tener invitados. Vamos a tener el enorme privilegio de contar con Paulinho Moska como invitado especial, además de alguna otra sorpresa que preferimos guardar para esa noche.

Va a ser un show muy especial y muy emotivo, no solamente para nosotros como banda, sino también para todas las personas que nos vienen acompañando, de una manera u otra, durante todo este proceso. Es un momento que esperamos hace mucho, así que tenemos muchas ganas de compartirlo.

¿Qué planes tienen para el proyecto una vez pasada la presentación del disco?

La presentación del disco puede sonar como el cierre de una etapa, pero para nosotros es, en realidad, el comienzo de otra. Hay algunas cosas que todavía estamos terminando de definir, pero sí tenemos claro que no queremos quedarnos quietos después del lanzamiento. Queremos seguir tocando y llevar las canciones a otros lugares.
En breve vamos a comenzar la etapa de preproducción del nuevo disco, y eso nos tiene muy entusiasmados. Después de todo lo que significó volver con “El borde invisible”, ya estamos empezando a pensar en cuáles van a ser las próximas canciones y cómo vamos a presentarlas.

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