Gabriel Peluffo: “No le podemos delegar la intermediación a la plataforma. Ahí el disco se diluye”

A siete años de su anterior álbum de estudio “Mecánica Popular”, Buitres publicó “Nido de Espinas”, un muy buen nuevo capítulo en la historia de una de las bandas fundamentales del rock uruguayo. Con ocho canciones que transitan el sonido que el grupo forjó a lo largo de más de 35 años, pero también exploran nuevas aristas y caminos musicales, el disco fue producido por Alejandro Vázquez junto a Sebastián Teysera y editado de manera independiente a través de Discos Maraviya. Por el momento, el disco no está disponible en las plataformas digitales, una decisión que expresa su posición frente a las actuales formas de distribución de la música y su intención de recuperar el vínculo directo con el público y el objeto físico. “Nido de Espinas” se editó en vinilo, CD y cassette, además de estar disponible para descarga a través de Bandcamp.

El lanzamiento viene acompañado de una propuesta audiovisual inmersiva especialmente creada para la cúpula del Planetario de Montevideo, con funciones los viernes, sábados y domingos a las 18:00 h, hasta fines de octubre. Las entradas están a la venta por Tickantel. Además, Buitres se presentará en vivo el 28 de noviembre en Sala del Museo del Carnaval, con entradas a través de RedTickets.

A propósito de todo esto, conversamos con Gabriel Peluffo, histórico frontman de la banda, quien nos contó acerca de las decisiones detrás de esta nueva etapa, las búsquedas musicales y líricas que atraviesan el álbum, así como el desafío de apostar al vínculo directo con su público.

Por Liber Aicardi

Foto: Paul Hernández

Ya hace un mes y poco que se publicó “Nido de Espinas” y que empezó esta propuesta de escuchas inmersivas en el Planetario. ¿Cuál es tu impresión hasta ahora en base a las devoluciones que tuviste?

Sí, me doy cuenta que es una impresión, que todavía no estamos para pasar raya de nada, hacer balances o sacar demasiadas conclusiones. De nuestro público lo estamos teniendo y también con la aparición de gente no tan vinculada a la banda que está viniendo. Gente que viene en familia, gente que viene del interior, o a veces chiquilines bastante jóvenes o una generación de gente joven, todo eso se está dando.

El fin de semana pasado completamos las 2.000 personas. En el show de Sitio tocamos tres temas en vivo y, si bien era algo muy nuevo y muy arriesgado, nos dimos cuenta que era otra la actitud de la gente. Nosotros veníamos mechando en los recitales, sin avisar mucho, temas del disco nuevo y la gente no entendía nada. Ahora parecería que la cosa se va entendiendo. Sin embargo, cuando elegimos esta estrategia de salida, ya sabíamos que esto es de largo aliento; esto es semana a semana y todavía falta salir de Montevideo y Canelones.

¿Hay planes de llevar al interior las escuchas inmersivas?

No hay planetarios en el interior, pero hay posibilidades de hacer algo que podría ser parecido. Y si no, en última instancia, es ir a hablar con la gente, hacer el esfuerzo de llevar el disco y hablar sobre el disco, generar intercambio.
Esto es básicamente una experiencia de intermediación, no darle la intermediación a otro, sino hacerla tú mismo. Entonces, si bien está bárbaro lo del Planetario, las imágenes, porque están buenísimas, no es el sentido último de la intermediación. La intermediación se tiene que dar con nosotros, con el disco en la mano, en los lugares. Ahora, cuando empecemos a tocar por el interior, si hay posibilidad de tener contacto con la gente, puede ser en una librería, en una cafetería, en donde sea, o en el mismo show. Es el camino que elegimos.

¿En qué momento del proceso de “Nido de Espinas” decidieron que iban a tomar este camino con la distribución y la edición en los distintos formatos físicos por fuera de las plataformas?

Yo quiero resumirlo porque estuve pensando muchísimo en esto. Básicamente, en el disco anterior, nosotros habíamos dejado un poco en tres o cuatro temas esta idea muy intuitiva de lo que es el mundo digital, del cual nosotros sí tenemos una forma de estar en el mundo totalmente anacrónica. Y el disco “Mecánica Popular” hablaba un poco de eso: nos burlábamos de nosotros mismos, nos burlábamos del entorno. Pero rápidamente ese entorno, con el catalizador de la pandemia, se corporizó. Desde el principio nos dimos cuenta que había un montón de canciones del disco que habían pasado un poco desapercibidas. Si bien el corte “La Primera Vez” tuvo una repercusión enorme más allá de la banda, los demás, y como disco, no. Ahí empezamos a pensar de qué manera podíamos cambiar la jugada. Y en el mismo tiempo que se empiezan a hacer las canciones, que se empieza a decir que se va a grabar el disco, empezamos a madurar la idea que esto tiene que ser de otra manera.

Ahí te entras a informar también. Parece muy inmaduro lo que digo, pero este mundo de la producción discográfica en el cual estoy inmerso y soy parte interesada, ¿de qué se trata, que no tengo la más pálida idea? Empecé a ver lo que es y es muy sencillo, no hay mucha vuelta. Es más pereza que otra cosa. Es agarrar y tomar vos la decisión sobre tu obra, sobre todo, si sos un artista uruguayo, local. La crítica que estamos teniendo es: “ustedes porque son los Buitres y pueden hacerlo”. Puede ser… Yo creo que en lo que se llama materia de mercado, para las plataformas digitales somos un mercado inexistente, absolutamente inexistente. Entonces, me parece que no podemos delegar la intermediación a la plataforma. Ahí el disco se te diluye. Las acciones que puedan hacer los sellos, los sellos independientes, los artistas, lanzamientos, prensa, etc., no son suficientes. Son suficientes si sos un artista regional o planetario. Si no, no existe.

Nosotros no vamos a cambiar los formatos de escucha. Lo que estamos cambiando es la forma en que la gente accede al disco, por un tiempo, priorizando la intermediación y haciendo un llamado de atención: queremos que escuchen las ocho canciones.

Esto también tiene una contracara, ¿no? Si bien, de esta manera se favorece la escucha del disco completo, por otro lado los temas no suenan en la radio, también se limita la llegada solo a quienes tienen acceso a comprar el disco, sea por una cuestión de distancia física o incluso hasta económica. ¿Esto no puede generar una brecha en ese sentido?

Sí, una de las principales dudas es: ¿realmente me burlé de lo anacrónico que soy? ¿No estaré haciendo un gesto anacrónico, mecánicamente absurdo a esta altura del partido de la historia de la humanidad? Y sí, es una de las dudas que tenés. Pero nosotros ya conocemos la tracción a sangre, cómo es y cómo funciona. Y, en realidad, tenés que morderte con respecto a la inmediatez. Esto va a ser mediato, el disco va a estar en la plataforma, pero no va a estar ahora, hay que esperar un poco. Está en Bandcamp, que está teniendo un movimiento interesante. Al principio me pareció muy frío, pero tiene un músculo, si bien es un público particular el de Bandcamp.

Nosotros no vamos a cambiar los formatos de escucha. Lo que estamos cambiando es la forma en que la gente accede al disco, por un tiempo, priorizando la intermediación y hacer un llamado de atención: queremos que escuchen las ocho canciones. Estamos haciendo todo esto para que escuchen las ocho canciones y que digan si el disco les gusta o no les gusta, qué canción les gusta, qué canción no les gusta.

Después, esto termina, pero es ralentizar el principio del proceso para jerarquizar lo que querés hacer, que es focalizar la salida del disco. Es más, las canciones, la parte artística propiamente dicha, no está en juego en todo esto. Porque esto son las imágenes, el Planetario, el sonido 5.1, la producción, la forma en que lo sacamos, los formatos, cómo suena en cada formato. Todo eso es la cáscara. El sentido del disco está en las canciones. Y eso todavía no fue juzgado. Yo todavía no sé si el disco está bueno o no está bueno, si les gustó mucho o no les gustó mucho. Ya te digo, son muchas para el Uruguay, pero son pocas las personas que lo han escuchado.

En un punto, al dar este paso toman elementos de los dos mundos: por un lado mantienen el formato físico en primera instancia, pero a su vez es un disco de ocho temas en media hora, algo que va acorde a estos tiempos y con el poco tiempo de atención que se le presta a la obra. ¿Lo pensaron así?

Gustavo (Parodi) dijo que tenga ocho temas y a mí me pareció que estaba bien. El riesgo estaba en que, cuando haces más temas, te equivocas más, pero mostrás el taller. Mostrás el “detrás del telón”, mostrás los pinceles tirados, las maderas rotas, los cortes mal hechos, los clavos doblados. Los buenos discos están hechos de buenas canciones, de canciones más o menos y de canciones malas. Cuando Gustavo dijo que quería ocho, dije: “bueno, ahí hay un riesgo”. Pero me parece, juzgando un poco, que fuimos bastante asertivos.

Algo que se habló con los productores es que la banda no trajo intencionalmente introducciones largas como hace, por ejemplo, The Cure, que ellos sí son disruptivos porque dicen: “loco, yo soy así, bancate los 10 minutos de intro porque es la banda que te gusta, dejate joder”. Nosotros, en realidad, esa prerrogativa históricamente la hemos tenido o la hemos dejado tener. No nos aborda demasiado. Hemos, sí, estado en una dinámica a veces de estructuras de temas que tenían la introducción, el puente, el estribillo, todas las partes. Ahora medio que simplificamos, y los productores nos simplificaron más. Nos llevaron mucho a: “empieza el tema, empezá a cantar”. Y eso es una forma adaptada justamente a cómo se escucha la música ahora, pero no con el sentido de tratar de captar al tipo que te está salpicando los temas, que te escucha los primeros diez segundo.

Incluso también se adapta bastante a lo que la gente espera en los shows, sobre todo un tema nuevo. No nos estamos traicionando en ese sentido, creo que de alguna forma sí simplificamos todo ese corset de: intro, parte 1, parte 2, puente, volver “a”. Los textos son cortos, eso es lo otro. Yo quiero escribir lo que quiero escribir, no quiero tener que agregar pedazos de texto.

Ya conocemos la tracción a sangre, cómo es y cómo funciona. Y, en realidad, tenés que morderte con respecto a la inmediatez. Esto va a ser mediato, el disco va a estar en la plataforma, pero hay que esperar un poco.

¿El filtro para llegar a estas ocho canciones fue muy grande?

No, por eso mismo, porque a Gustavo no le gusta desperdiciar nada del material. Entonces quedó fuera una canción nada más.

¿Los temas corresponden a una época en particular de todos estos siete años de distancia respecto a “Mecánica Popular”?

Del ’22 para adelante. Las proto canciones nacieron en los primeros ensayos del 22, saliendo de la pandemia. Recién se empezaba a tocar; habíamos hecho un recital en febrero del ’22. El ’22 y el ’23 estuvieron complicados, hubo que remarla mucho y también pasaron cosas en el medio. La gente cambió, la cabeza de la gente cambió, cambió la forma de ir a los recitales, de escuchar música; fue un catalizador.

A nivel musical, hay otro tipo de arreglos en las canciones. Aparece el slide, por ejemplo, y otros recursos que quizás antes no habían abordado. ¿Esto viene de la mano de los productores o de inquietudes propias de la banda?

Ahí hay varias cosas. Están las canciones que tienen piano; las ideas de esas canciones avisoraban la salida del disco hacia otro lugar. Cuando surgen esas ideas, que ya estaban definidas, vimos que lo distópico del disco iba a ir por ese lado. Pero después, en la construcción, fue distinto, porque al principio iban a ser solo piano, uno de ellos, “Los Conjuros”, y después decidimos meterle la banda. Y el arreglo del slide lo proponen los productores, concretamente Ale Vázquez, la banda decidió probar, ya que el dueño del estudio lo tocaba.

Después surgió otro tema sacado, zafado, “Gata de Gorgos”, y el arreglo vocal del tema que abre el disco también saca el tema de una base muy tradicional de rock, muy machacante y esquemática, de dos notas. La melodía saca el tema para otro lado. Entonces, es un disco de ocho canciones en las cuales tirás como cuatro líneas distintas. Está bueno eso.

Me acabás de nombrar dos canciones que para mí son dos puentes con Los Estómagos: tu forma de cantar en “Ahora Tú” y el aire flamenco de “Gata de Gorgos” que lleva a “Una Ola”…

Sí, yo sabía que eso iba a meterse por ahí (sonríe). Puede ser… En el caso de “Ahora Tú”, probé una melodía que sacara lo que el tema te decía para llegar a otro lado, que era un poco lo que hacíamos, sobre todo en el primer disco de Los Estómagos, con temas tipo “Gritar”. Particularmente con “Gritar”. Lo encuentro como primo hermano, el arreglo vocal.
En el caso de “Gata de Gorgos”, ya ahí fue otra cosa que salió. Aparte, como era de la región de la jota, la música tradicional de España, sus raíces obviamente están vinculadas a la música árabe y el flamenco, viaja por ahí. Siempre me gustó esa música y estuve escuchando un montón de autores del pop español que lo sacaron para afuera el flamenco de una manera que es como la nueva ola, particularmente C. Tangana o Rosalía, que es el equivalente a lo que teníamos antes nosotros con Los Chunguitos, los Gipsy Kings o cosas por el estilo. Aquellos tipos eran muy odiados porque era como una especie de bastardeo del género y esta gente más joven dice: “chau, me importa un carajo”. Después me quejo si un japonés canta el tango… (risas). Pero igual, no es la canción, sino que es un arreglo.

Las letras del disco hablan del amor que raspa, del amor que duele, del amor que vale la pena sentir, por el que vale la pena jugarse. Habla del amor, básicamente.

Desde hace algunos discos Buitres viene trabajando con productores de forma intermitente. ¿De dónde surgió la necesidad de un productor para este disco? En este caso dos: Alejandro Vázquez y Sebastián Teysera…

Yo creo que no podemos grabar sin productor. Nosotros no podemos…

¿Necesitan alguien que los ordene?

Sí, igual el productor va a pasar por un momento muy desagradable en su vida, pero nosotros lo necesitamos. Necesitamos torturar al productor (bromea). Igual, Ale es Jesucristo y Sebastián es el tipo más bueno del mundo. Pero Ale sufrió mucho, porque aparte fue el que tuvo que mezclar. El disco se mezcló tres veces.

En cuanto a las letras, hay imágenes y palabras que refuerzan algunos conceptos a lo largo del disco: el nido de espinas, la sangre, cuchillos, dientes afilados, también está el río… A la hora de escribir las letras, ¿tenés en cuenta el contexto del resto de las canciones o simplemente es lo que te va saliendo?

A veces uno va escribiendo cosas y también está bueno generar un relato después que las escribiste. El asunto que tienen en común es que hay una cuestión temporal y, en tu cabeza, estás pensando en esas cosas. Hay vivencias, cosas que lees, películas que mirás, pero sobre todo la experiencia vital. Y cómo relacionadas el punto de la anécdota con reflexiones, reflexiones no de un filósofo, de una persona como la mía, como en la letra de “Diciembre”: “no soy un hombre listo, tan solo afortunado”. Es eso. Pero me tomo el atrevimiento de saber que lo que estoy diciendo tiene un hipervínculo con algo que es más genérico, más existencial de repente o algo por el estilo, que tiene que ver con eso. Habla un poco del amor que raspa, del amor que duele, del amor que vale la pena sentir, que vale la pena jugarse. Me parece que habla del amor básicamente.

En el último show en Sitio tocaron tres temas de “Nido de Espinas” y también hurgaron en el repertorio con cuatro canciones que hacía tiempo no tocaban. ¿Esta es una forma de revitalizar el show, también?

Sí, la gente también se comunica y pide canciones. Hace mucho tiempo que estaban pidiendo “Se Ha Perdido Una Mujer”, mucha gente. Sobre todo, temas de “Rantifusa” y metimos esa canción. Yo quise meter “Perdiendo el Trabajo” porque me parece que es un tema brutal, que habló de una realidad en el 2003 y ahora está muy vigente y que tiene también ahora una sombra aproximándose que la están describiendo como apocalíptica. Yo realmente no lo sé. Pero la gente está muy angustiada por eso y me pareció que estaba bueno meterlo al repertorio. Tocamos “Mecánica Popular”, que no la estábamos tocando…

Hay un “paquetito” de 12, 15 canciones que no pueden faltar, pero si a mí me decís como artista: “de aquí en adelante tenés que tocar nada más que las mismas 15 canciones”, yo te digo que cuelgo los botines y me voy. No me gusta. A ninguno nos gusta. Pero sabemos que lo tenemos que hacer. Igual, con Los Estómagos éramos muy radicales, cambiábamos el repertorio todo el tiempo, pero también hay que tener cuidado.

También nos pasó que cuando largamos a tocar de vuelta en el 22, salimos a tocar los temas de “Mecánica Popular” y no lo pudimos hacer. Fue un poco complicado. Vos te tenés que dar cuenta qué es lo que está pasando. Ahí notamos un quiebre. Nos bajamos del escenario, creo que en febrero, de un show para 2500 personas; el disco había salido hacía dos meses y la gente cantaba seis canciones del disco. Y cuando nos volvimos a subir dos años después, no pasaba nada. Entonces, hay que tener cuidado. Remar eso costó. Igual aparecieron cosas alucinantes, como shows en Salto, en Paysandú, en Tacuarembó dos veces, en Melo dos veces, y te empezás a reconciliar un poco con tu historia.

¿Para los próximos shows van a seguir con esta dinámica de mechar canciones nuevas y recuperar otras del repertorio?

Probablemente, porque ya hay ensayos para octubre y seguramente sí. Es probable que, para la Sala del Museo, en una de cada tres o una de cada dos canciones, mechemos el disco nuevo con abrir la valija y volver a traer cosas.

Foto: Leo Barizzoni
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