A partir de un paisaje costero atravesado por la melancolía, “Balneario”, el sexto álbum de estudio de Par, el proyecto encabezado por Nacho Adda, construye un universo donde conviven la electrónica experimental, el ambient, las texturas acústicas y una fuerte impronta cinematográfica.
El próximo 19 de setiembre, a las 21:00 h en Magma Futura, el álbum tendrá su presentación en vivo con un espectáculo inmersivo especialmente concebido para la sala y las entradas están a la venta a través de Ticketfácil.
A propósito de este nuevo trabajo entrevistamos a Nacho, quien repasa el proceso de creación de un álbum que comenzó a gestarse a partir de una fotografía y atravesó distintas etapas hasta encontrar su forma definitiva, además de abordar la evolución de Par a lo largo de sus más de quince años de recorrido.
Por Liber Aicardi
Foto: Lu LeeEn “Balneario” aparece una idea muy concreta: tomar el paisaje costero cuando ya pasó el verano y convertirlo en un territorio para hablar de memoria, pérdida y paso del tiempo. ¿En qué momento encontraste este concepto que terminó atravesando todo el disco?
En realidad el concepto aparece antes del disco, unos años antes, en 2019. Mi hermano es fotógrafo y se iba del país, entonces le pedí que me dejara una serie de fotos que había hecho en Valizas, unas fotos que a mi siempre me habían encantado. Una en particular, que terminó siendo la tapa, me resultaba particularmente intrigante y me inspiraba muchísimo. Le dije “dejámelas porque yo algo voy a hacer con estas fotos”. Entonces, incluso antes de grabar “Ciclos”, mi disco anterior, ya tenía en mi computadora una carpeta que se llamaba “Balneario”. Antes de grabar una nota, el disco ya tenía tapa y nombre. Esa imagen se me hacía totalmente melancólica y se me ocurrió que podía ser el trasfondo del disco al tiempo que funcionara como disparador de una serie de temas más amplio.
El disco tiene una fuerte impronta cinematográfica con ambientes, texturas, silencios y sonidos que parecen construir escenas más que simplemente acompañar canciones. ¿Cuando empezaste a trabajar en el disco ya tenías en mente esa idea de construir un paisaje sonoro o apareció a medida que avanzaba el proceso?
Bueno todo surge en relación a la foto, medio que fue una tarea que me puse a mi mismo, hacer un soundtrack de esa imagen. Empecé a crear sonidos, salí a grabar con mi hija por la playa, las olas, sus pisadas etc. A escribir frases sueltas con imágenes que me ayudaran a contar la historia de ese rancho, quiénes pudieron pasar por ahí, sus memorias etc. Lo que pasó fue que me hice una caja de herramientas muy grande, muchos sonidos, grabaciones de campo, algunos ritmos programados, muchísimas estrofas, acordes, recuerdos propios, cosas que me contaron, todo a disposición de la construcción del cuento. Ahí empezó el trabajo de ordenar y así empezó a tomar forma el disco en sí.
En Balneario conviven las capas electrónicas con elementos muy orgánicos, como las guitarras o las voces de Fenna Frei y Pedro Dalton. ¿Cómo decidís cuándo una canción necesita incorporar un elemento que viene de otro universo sonoro? ¿O considerás que todos los recursos pertenecen a un solo universo?
La combinación de paletas sonoras estuvo desde el principio, lo primero que hice para este trabajo fue salir con un grabador a registrar sonidos de la costa. Entonces ya sabía que el audio crudo iba a convivir con los sintetizadores. A medida que los textos tomaban forma ya empecé a tener claro que iba a necesitar cantantes y que otras voces simplemente iban a decir un par de frases. Y, por otro lado, todo el disco, toda la historia del disco, iba a necesitar una guitarra criolla, a veces tocando algo, a veces simplemente el sonido de las cuerdas de nylon, porque además de aportar otros timbres y otras tonalidades, conceptualmente era necesario para los personajes del balneario la presencia del instrumento no solo sonando sino que siendo parte de la narrativa.
Y con respecto a las colaboraciones vocales, ¿qué tiene que suceder para que una colaboración termine sintiéndose parte del universo de Par y no simplemente un feat.?
En general tienen que ser artistas que tengan en su trabajo alguna búsqueda similar a la mía, ya sea estética o sonora, inquietudes similares aunque no vengan de estilos similares. Uno de los ejemplos más claros con respecto a esto fue la participación de Vera Sienra en el disco pasado. No debe haber artista más alejada a mi sonido, pero escribimos el tema junto con Lucía Torrón pensando en que ella la iba a cantar porque desde sus primeros discos y poesías Vera trabaja con cierta melancolía y oscuridad que para mi combinaban perfectamente, a ella le encantó el tema, aportó sus ideas y el resultado es una de esas cosas que me llevo para toda la vida.
En este disco volví a trabajar con Fenna Frei (ya estaba presente en mi disco Hiper, 2018) y con Pedro Dalton, que también había participado en mi disco anterior, Ciclos. Candela (Cibrían, Fenna Frei) es una artista argentina increíble radicada actualmente en México, es además productora y compositora, a la vez que su pasado familiar y profesional está en la comedia músical y el teatro; por lo tanto se adaptó enseguida a darle vida a los personajes que habitan esta historia y darles una cuota dramática extra.
Por otro lado, Pedro se mueve dentro de otros estilos pero su voz y el peso dramático que trae era ideal para narrar esta especie de sueño/recuerdo que tiene el personaje de “Sombra de alquitrán”. Nuevamente su participación se transforma en algo hipnótico desde que dice la primera estrofa. Es un honor para mí haber podido contar nuevamente con él y su sensibilidad.
La digitalización de la cultura trajo muchas cosas positivas pero entre lo más negativo que ocurrió fue esa distancia que tenemos con la cultura, que la cultura sea un commodity que ‘consumimos’ pagando alquiler a cuatro empresas para poder ver películas y escuchar música.
El disco lo grabaste entre 2021 y 2025. ¿Cómo cambió “Balneario” durante esos años? ¿Hay canciones o ideas que hoy escuchás y sentís que pertenecen a momentos muy distintos del proceso?
El disco tiene tres instancias marcadas y dos “casi muertes”. La primera etapa fue con todo el impulso inicial sin pensarlo mucho, diciendo “listo, tengo esta foto, ahora voy a hacer un disco sobre eso” y cuando ya iba bastante avanzado y con varias maquetas como para seguir trabajando, me di cuenta que no tenía nada que ver con lo que me imaginaba, que no sonaba como ese cuento que quería contar. Ahí el disco tuvo su primera muerte. Tiré todo lo que estaba haciendo, me puse a avanzar un poco en el arte visual del disco y, cuando terminé, volví fresco a los instrumentos y empecé de nuevo. En esta segunda etapa ya empezaron a aparecer los sonidos y estructuras que quedaron en la versión final de “Balneario”.
Las complicaciones vinieron con los temas cantados que no avanzaban o iban en una dirección que no cerraban. Acá estuvo la segunda semi muerte del disco, que si bien no generó que se descartaran los temas, sí les hice nuevos arreglos y los llamé a Candela y a Pedro para que me salvaran. La tercera etapa es cuando entra Andrés Torrón para trabajar en las versiones finales de los arreglos de criolla que yo había bocetado. Lo único que está desde el comienzo son los textos y las grabaciones de campo. Y la foto.
Te encargaste de la producción y la grabación, mientras que también asumís el diseño y buena parte del universo visual, entre otros roles. ¿Qué implica para vos trabajar un disco de una manera tan integral, donde la música, las imágenes, los textos y hasta el objeto físico forman parte de una misma obra?
En primer lugar es un volumen de trabajo enorme, muy demandante realmente pero ya hace unos años que tengo claro que mi trabajo debe ser más que un conjunto de temas para subir a plataformas, me imagino proyectos amplios. Con los videos he podido reflejar también desde lo visual otras metáforas que acompañen a las letras. No siempre se pueden hacer, ya que el proyecto es independiente y los rodajes los terminamos haciendo a pulmón y con la colaboración invaluable de mucha gente, principalmente de Nacho Farías, director de foto de los últimos trabajos que me sigue en cualquier divague que le planteo.
Para mi es muy importante que el trabajo se disocie en todas estás disciplinas, porque al apoyarse una sobre la otra tiene muchísima más fuerza la obra. Es muy importante para mí poder plasmar diferentes ideas en diferentes medios que se complementen entre sí para abarcar todos los aspectos del cuento. A lo largo de estos años muchas veces quedaron por el camino, sobretodo el mi disco “Hiper”, que no pude llegar a hacer el video/cortometraje que tenía en mente —tenía mil cosas ya fabricadas y diseñadas pero vino la pandemia y subió enormemente el costo del rodaje—, pero este es un país donde en general se hace lo que se puede y no lo que se quiere, así que se sigue inventando y no pasa nada. Quizás algún día salga alguno de esos trabajos. Ahora tengo claro que por más que me lleve más tiempo no voy a comprometer la visión global de la obra recortando partes o descartando formatos simplemente para sacar un disco más rápido; si el siguiente disco demora 10 años en salir porque estoy filmando un corto que lo acompaña que así sea, ojalá la gente tenga paciencia.
En la edición física, el disco se expande a través de un librillo con fotografías, textos e ilustraciones. ¿Qué cosas necesitabas contar o mostrar ahí que no podían quedar solamente dentro de la música?
Viene de una cosa generacional, creo. Yo fui adolescente en los 90s y cuando salía un disco la experiencia de escucharlo, solo o con amigos, iba siempre acompañada de leer las letras, los créditos y las fotos de los artistas. Los librillos de los CDs me acompañaron en todos mis años de formación como escucha, así que la experiencia actual de que el lanzamiento de un disco es una cuenta regresiva en un celular no me llena. Y así como no me llena a mi supongo que a mucha otra gente le pasará igual. Mirar esas fotos y dibujos mientras suenan los instrumentales, leer las letras de los temas mientras escuchas las voces. La digitalización de la cultura trajo muchas cosas positivas pero entre lo más negativo que ocurrió fue esa distancia que tenemos con la cultura, que la cultura sea un commodity que “consumimos” pagando alquiler a cuatro empresas para poder ver películas y escuchar música y es minoría la gente joven que tiene discos o libros en su casa. En definitiva termina siendo la queja de un viejo, que los guachos creen su propia cultura, se encargarán ellos de cambiar el rumbo si no les cierra algo a ellos. Pero si la cultura es algo que pasa en el mismo dispositivo entre tuit y post, entre receta y mail, entre meme y Tinder, es medio difícil que algo te impacte, te cambie la vida o te haga reflexionar al mes de lanzado. Además que es un librito precioso con un tremendo laburo de la imprenta. Entonces va por ese lado, que el que me quiera seguir en esto tenga en su biblioteca un librillo, que dure lo que tenga que durar, hasta la próxima mudanza, o quizás en 30 años alguien lo encuentre y diga “mirá, esto estaba bueno”. Si sigue existiendo la civilización en 30 años, claro.
La parte física del sonido, vibrar con los graves, dejarse llevar con la puesta en escena y el clima de la experiencia colectiva me parece lo más interesante de este proyecto.
Si mirás el recorrido de Par desde el EP “Control”, en 2010, hasta llegar a “Balneario”, ¿qué sentís que cambió en el proyecto y qué cosas siguen siendo esencialmente las mismas?
Creo que lo que más cambió fueron mis ganas de presentarme en vivo. Antes no lo consideraba necesario incluso, para mí con poder compartir mi música ya era más que suficiente. Pero a medida que pasaron los discos y con 15 años de distancia, me doy cuenta que quizás es el mejor contexto para poder experimentar mi trabajo. La parte física del sonido, vibrar con los graves, dejarse llevar con la puesta en escena y el clima de la experiencia colectiva me parece lo más interesante de este proyecto.
Y lo que está desde el principio es la intervención más o menos presente de la voz, la búsqueda del clima, de establecer un mood general, del tema o del disco entero. Sumar texturas extra, partir el tema a la mitad, romper el loop. Los graves. Todo eso ya estaba ahí.
El 19 de setiembre vas a presentar “Balneario” en Magma Futura con un espectáculo inmersivo, visuales pensadas para la sala y artistas invitados. ¿Cómo imaginás trasladar al vivo un disco que está tan construido alrededor de atmósferas, paisajes y sensaciones? ¿Qué te interesa que le pase al público durante el tiempo en que transcurre el show?
Estamos muy ilusionados con que nos acompañen el 19; los invitados y el equipo técnico, estamos trabajando mucho para que puedan vivir un espectáculo de música diferente, aprovechando al máximo las capacidades técnicas de la sala: visuales 360° que colocan al espectador en el centro mientras la historia se desarrolla alrededor suyo. Estamos trabajando con Cabe Trust (mi iluminadora y VJ) para que cada tema tenga su propia narrativa al tiempo que sea una pieza más de un arco más grande. Esta es además la única oportunidad de presenciarlo porque este espectáculo inmersivo no se va a volver a repetir, es ahora o nunca.
¿Qué te interesa que le pase al público durante el tiempo en que transcurre el show?
Me encantaría que el público se deje llevar por la música y que de repente se sorprenda mirando para el costado porque está pasando algo, algo que quizás otro espectador en otra ubicación no vio ni va a ver, ya que está más cerca de otras cosas que pasan. Quisiera que vayan predispuestos a dejarse llevar por los estímulos y si fuera posible, conmoverlos.
¿Cómo sigue el proyecto en un futuro cercano una vez pasado el show en Magma Futura?
El futuro cercano ya es un salto al año que viene, dónde nos gustaría plantear otro tipo de espectáculo más interdisciplinario, que haya otra puesta en escena, más músicos acompañándome y, quizás, poder estar despidiendo este disco con una edición física de esas que nos gustan tanto.
Foto: Lu Lee