Con “Interbalnearia”, Carlos Casacuberta retoma su proyecto solista para dar forma a un disco atravesado por paisajes emocionales, búsquedas sonoras y canciones que dialogan con distintas tradiciones de la música uruguaya. El álbum completa una trilogía iniciada con “:carlos” (2005) y continuada por “Naturaleza” (2013), reafirmando una identidad artística que encuentra en la experimentación, la canción y la exploración de nuevos lenguajes expresivos un territorio propio.
Además, Casacuberta compartirá escenario con Diego Presa el próximo viernes 12, a partir de las 18 h, en Museo Dptal. de San José con entrada gratuita y prepara la presentación oficial del álbum para el mes de agosto.
A propósito de este nuevo trabajo, conversamos sobre el largo proceso de gestación de “Interbalnearia”, de la construcción sonora del disco junto a Pepe Canedo y Gabriel Casacuberta y de la diversidad de géneros que conviven en sus canciones.
Por Liber Aicardi
Foto: Matilde Campodónico¿Las canciones incluidas en “Interbalnearia” son composiciones que has sumado en el camino desde tu álbum anterior o pertenecen a un período más concreto?
Durante cinco o seis años han estado ahí, como en danza. Alguna puede ser más reciente que otra. Sucede que yo pasé por un momento muy peculiar, porque tuve una operación al corazón muy riesgosa en 2016 y, cuando salí de eso, de inmediato desembocamos en la pandemia. Esos momentos de encierro —y un poco el hecho de haber sobrevivido a una instancia muy embromada— me colocaron frente a la idea de: “¿Qué quisieras hacer?”. Entonces me había dado cuenta de que tenía ganas de hacer esas canciones y que, a veces, tenía unas pequeñas ideas; tenía como un mundo muy fragmentario. Y allá por 2018 o 2019 me planteé terminar esas canciones. Ahí se generó la idea de trabajarlas experimentalmente, como de laboratorio, en la compu, grabándome a mí mismo, con programaciones, con teclados, con máquinas y con mis guitarras, generando la voz y trabajando las letras.
En las conversaciones con mi hermano Gabriel surgió la idea de cómo realizar esto, y ahí, en 2019, es la sesión con Pepe Canedo (baterista), sesión que fue extraordinariamente divertida y muy rica. En aquel momento, Pepe Canedo tenía un estudio ahí en su casa, muy bien adaptado para la grabación de batería, con mucho elemento técnico.
Pepe recibió esos demos y generó muchas maneras de mirar un mismo tema, incluso alternativas desde el punto de vista del arreglo, desde el punto de vista de cómo el tema se iba a poner en escena. A veces, un encare mucho más rockero; a veces, un encare mucho más sutil para el mismo tema. Y también Pepe andaba muy pendiente de todos los trucos y mecanismos para grabar las baterías. Entonces aparecía con ideas tomadas de acá y de allá; estaba como informándose de cosas que ocurrían en el mundo de la música y de la experimentación con la grabación de baterías. Gabriel había tocado el bajo, entonces empezamos a trabajar con sobregrabaciones y esas cosas.
Es un disco que tiene participación de amigos. De las más importantes está Martín García Reinoso, que tiene una carrera muy destacada: estuvo en la banda de Luis Alberto Spinetta y tiene un dúo exquisito que se llama Los Mudos. Con él trabajamos un tema que se llama “Alimento del Amor”, como si fuera un bolero eléctrico, y él tocó la guitarra western swing. Como que él es la fuerza motriz de ese arreglo. Después, Nico Grieco, que también me gustó mucho su trabajo; lo invitamos para que tocara e hizo un arreglo precioso de trompeta. También está Nicolás Pérez, que tiene todo un desarrollo, un trabajo para usar lo que sería el ruido de las consolas. Lo que uno usualmente quiere ocultar o eliminar, él lo amplifica a niveles brutales y, con esa señal, empieza un diseño de procesos que no tiene ningún objeto de entrada. Por eso le llaman no-input, porque no hay nada que entre a la consola, es solo salida. Eso está en un tema que se llama “Donde Ya No Estás”.
Y lo distinto es que también canto con Martín Rivero. Generamos esa canción que se llama “Errantes”, que está hecha sobre la base del poema de Gordon Byron. Hice la versión en español, que es interesante porque es una canción que no puede ser estrictamente una canción de amor, porque habla de que ya no va más. La vamos cantando en ese dúo con Martín Rivero; arrancamos cada uno medio por su lado y, al final, se encuentran las voces a cantar un poco esa situación que está en el poema. La canción sigue al poema muy al pie de la letra. Ese es un poco el proceso, cómo las canciones llegaron a ser.
Por todo esto que me estás contando, también es, de algún modo, un disco de banda, por más que sea tu proyecto y lleve tu nombre.
Sí, es así. En el disco es claro que la banda es una parte importante de cómo ese disco suena. Puede ser más por el sonido de la batería; no es una batería tampoco loopeada, no es una batería tampoco que va ajustándose a un click de una manera demasiado omnipresente. Y también el bajo que toca Gabriel es un bajo muy melódico; es un bajo que dialoga mucho con la voz. En ese sentido, también tiene una presencia. No es que simplemente está ahí marcando un pulso y marcando una base armónica, sino que está muy activo en el arreglo. Lo que hace el bajo no es trivial: conversamos.
¿En eso tiene que ver también la idea de llevarlo al vivo?
Personalmente sé que me tengo que adaptar a una manera de tocar y de presentarme prácticamente guerrillera, donde uno puede hacer algo, hacerlo, aprovechar las condiciones que hay ahí y no imponerlas uno. Entonces yo tengo una serie de círculos concéntricos: puedo ir solo con mi guitarra y tocar solo; puedo ir con alguien más, con otro músico, hacer a dos guitarras; puedo tocar compartiendo el repertorio, como he tocado con Diego Presa, como estoy ahora presentándome en estos días con el propio Martín Rivero; puedo tocar con otro músico y una máquina. Y esa aspiración de la banda, bueno, ocurrirá cuando ese show, con ese tamaño, sea posible.
Musicalmente el disco pasa por varios estilos de canción: la milonga está presente, pero también hay bolero, bossa nova y algún toque pop por ahí. ¿Cómo tomás esas decisiones?
Muchas veces a los temas los pienso a partir de los ritmos. Por ejemplo, “Otra Fase” empezó con un patrón de cencerro y güiro, como medio cumbia rock. A mí me hace acordar a Los Lobos. Yo no digo que estoy siguiendo eso, ese mundo, pero sí esa llevada medio latina. Eso, por ejemplo, está en el ritmo.
El tema que abre el disco se llama “Cerca de Nada”. Es un tema que justamente empezó así, como una improvisación bastante baja en intensidad y en intención. La letra después acompañó eso, pero al final lo que quedó es como un ritmo ternario que es como un pericón con guitarras acústicas. Y el tema de “Errantes” yo lo empecé tocando con guitarras medio en ese ambiente de Darnauchans, pero le empecé a meter un acento y se me coló como un pulso de esos ritmos del norte, tipo baguala.
Eso que vos decís de la bossa es tal cual, el bolero también… He ido por todos lados: el electro folk, lo más parecido a la milonga está en “Divina Razón”. Tiene una milonga-hop. Arranca justamente con una maquinita y después entra Pepe, pero sí, tiene como la guitarra sobre todo.
Yo siempre fui cantante de asado; siempre, todo lo que hice, lo hice de una forma completamente intuitiva.
Siendo un guitarrista, la guitarra en este disco tiene otro rol, otra presencia a la que estamos acostumbrados. ¿Se debe a una intención de que la importancia de tu rol de cantautor sea mayor?
Hay tres partes para mí. Por un lado, hay muy pocos temas en que la guitarra toque acordes rasgueados, aunque los hay, pero en general el arpegio desarrolla más melódicamente la armonía y entonces las notas van distribuyéndose en el tiempo y generando un patrón rítmico. Ahí hay una relación con la voz porque, en varias de las canciones, la guitarra vos no la sentís tocada con acordes plaqué, digamos.
Eso en cuanto a que la voz está muy anidada en ese arreglo de guitarras. Pero además yo en cada canción puse un solo. “Otra Fase” capaz que es el más evidente de todos, tiene un solo más eléctrico, más de rock. Pero en otras también; por ejemplo, “Hoy Porque Sí” tiene ese solo. “La Noche Se Está Por Ir” también tiene ese solo. Lo que le llaman notas dobles; esas notas dobles son muy características. Esos “solitos” no dejan un gran espacio para que el guitarrista se explaye, pero es como que el tema entra en ese lugar, establece esa escena y sale.
¿Lo venías trabajando conscientemente?
No, me di cuenta de que estaba pasando y a veces completé. Dije: “Bueno, si los nueve temas lo tienen, que el décimo también lo tenga”. Eso pude hacerlo.
En cuanto al trabajo vocal, por lo menos por lo que se percibe, en este disco suena más definido. ¿Lo sentís así también?
Sí, puede ser. El primer disco me gusta mucho cómo suena, pero en cierto momento no estaba en plataformas y yo lo volví a subir. El primer disco lo subí tal cual estaba.
Con el segundo disco, “Naturaleza”, me dieron ganas de hacerle una mezcla de vuelta y trabajé con Nicolás Demczylo, que fue como mi encuentro con Nicolás y con su manera de trabajar. La verdad es que se formó ahí una especie de dinámica, de entenderse muy claramente. Entonces hubo posibilidad de usar otras tomas de voz de ese mismo personaje que había en el segundo disco, darle un mejor ángulo. Por tanto, después de esta larga introducción, te tendría que decir que tenés razón, en el sentido de que en este disco sí me siento mucho más cómodo con lo que está ahí.
Siento que es como una vuelta de tuerca de esa persona-personaje que está ahí cantando. Me parece que en estos temas lo hago con más riqueza, con más… estabilidad, con más calma.
¿Hubo un trabajo mayor en ese aspecto para llegar a un lugar donde vos te sentís más cómodo?
Allá por 2022 fui a clases de canto. Y te cuento esta anécdota: fui con Fernando Ulivi porque estaba leyendo una entrevista a Pedro Dalton que decía: “Para mí fueron muy importantes las clases de Fernando Ulivi”. Y yo dije: “Bien, si le sirvió a Dalton, yo lo voy a ver” (risas).
Entonces tuve ese período interesante de tratar de acercarme a aspectos técnicos en la producción de sonido vocal. Yo siempre fui cantante de asado; siempre. Todo lo que hice lo hice de una forma completamente intuitiva.
En algunos puntos de mi camino tuve contacto con determinadas personas queriendo aprender cosas, probablemente quedándome con una fracción chica de lo que esas personas tenían para ofrecer, pero ese fue uno de los puntos.
¿Te costó, en su momento, cuando empezaste con tus discos solistas, cargar con ser “el guitarrista del Peyote”?
Sí, eso podía haber pesado porque la gente espera determinadas cosas y, evidentemente, yo lo que estaba ofreciendo era una cosa muy diferente. Pero me parece que esos lanzamientos se difundieron hasta cierto punto, aunque no tuvieron una continuidad mayor. Ahora creo que tengo la posibilidad de seguir sosteniendo esto y me parece que va a tener una continuidad mucho mayor. Estoy en un mejor momento comunicativo.
Me gusta mucho la situación de estar enfrente de gente, cerca, tocar la guitarra y cantar las canciones. Vocalmente me encuentro en un lugar en el que siento que puedo poner en escena la energía de esas canciones.
Hace un momento me hablabas de “Errantes”, que tiene un texto de Gordon Byron, y también hay un texto de Shakespeare en “Alimento del Amor”. ¿Cómo surgieron estas canciones?
El de Byron realmente no sé de dónde lo saqué. Después de todo este proceso, cuando ya el tema estaba mezclado, encuentro que el tema original en inglés lo había musicalizado Leonard Cohen. A mí me quedó mucho mejor (bromea). Lo que pasa es que en español queda mejor el poema, esa es la verdad. Hay veces que te das cuenta de que en español tiene todo como para poder funcionar y ser una canción. Eso me pasó también con un tema de Dylan que es “Estrella Fugaz”, que salió en el disco homenaje a Dylan (N. de R.: “Uruguay Canta a Dylan”). Es un tema que ya estaba en mi disco “”.
Lo de Shakespeare es otro mundo, porque es una obra de teatro que se llama “La doceava noche”. Hay un príncipe que está muy contrariado por su persona amada. Entonces arranca la obra de teatro con esa parrafada y dice una cosa interesante: “Si la música es el alimento del amor, entonces toca”. En inglés está “play”, que es “juega” y “toca”. En español tenemos “toca” de música y “toca” de tocar a la persona; a veces no será una persona. Entonces eso ya me funcionó y seguí un poco con esa idea, un poco con la idea de que fuera un bolero.
El año pasado se cumplieron 20 años del lanzamiento de tu primer disco solista, “:carlos”. ¿Cómo lo ves a la distancia?
La verdad es que yo estoy muy contento de ese disco. En rigor, cuando el disco dejó de venderse en CD, dejó de estar en las disquerías, a mediados de la segunda mitad de la década de 2010, fue cuando me planteé que volviera a las plataformas. Fue prácticamente volverlo a escuchar y, la verdad, a mí por lo menos me hace sentir o me hace conectar con esa música. Y yo estoy seguro —porque lo veo a través de las personas que lo escuchan en las plataformas— de que empieza a abrirse paso hacia otras personas.
Hay canciones que son más queridas que otras. Una que se llama “La Primera Vez”, otra que se llama “No Vas a Llorar”, la primera canción, que es “Donde Nunca Voy”, que es como una especie de bienvenida, como esa idea de: “Te estoy invitando, ¿no querés venir? Yo te espero”. Esa idea de “acá hay un viaje, vamos a caminar esto”. Me gusta mucho cómo suena y me gusta cómo suena el toque de Pepe Canedo. Me parece increíble
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¿Cómo sigue tu año?
Mi plan es tocar. Me gusta mucho la situación de estar enfrente de gente, cerca, tocar la guitarra y cantar las canciones. Yo creo que —como vos decís— vocalmente me encuentro en un lugar cómodo. Me encuentro en un lugar en el que siento que puedo poner en escena la energía de esas canciones. Creo que a veces uno se pone al servicio de lo que esa canción pide y necesita. Y yo siempre pude hacerlo con las canciones de otros, también con las mías, pero en este momento estoy con ganas de tocar esas canciones mías.
Vengo de tocar a dúo con Martín Rivero y también me gusta esa cosa de compartir con otro, hacerle intervenciones a las canciones del otro, que el otro te intervenga con la guitarra o te haga una cosa vocal que no está en la canción original. Hacer canciones a dúo, básicamente con esa lógica. Lo mismo lo hago con Diego Presa en algunos shows también, con quien tengo una muy buena sintonía, y estamos armando la presentación del disco para agosto.

Foto: Matilde Campodónico