Gonzalo Silva: “Creo que los artistas tienen que hacer más preguntas que dar respuestas”

Después de recorrer caminos colectivos en proyectos como Empecinado Flores y el EP “Temporal” junto a Romina Peluffo, Gonzalo Silva presenta “Los Buenos Tiempos”, su primer disco de larga duración bajo su propio nombre. Producido por Santiago Peralta, el álbum reúne nueve canciones que combinan relatos en primera persona, personajes difusos entre la ficción y la realidad, y una búsqueda estética que escapa de los lugares comunes del cantautor tradicional para acercarse a una sonoridad de banda.

A propósito de este lanzamiento, que tendrá su presentación oficial en vivo el 19 de setiembre en Inmigrantes, conversamos con Gonzalo sobre el proceso de composición, el lenguaje audiovisual presente en sus letras y el camino que lo llevó a asumir su proyecto personal.

Por Liber Aicardi

Foto: Emilio Echeverría

¿Cómo fue el proceso de tu nuevo álbum “Los Buenos Tiempos”?

Fue un proceso de casi tres años. Me acuerdo de que arranqué presentándole a Santiago 24 canciones. De ahí, obviamente, hubo un proceso de selección donde yo tenía algunas que para mí eran cantadas, que tenían que estar, y para él también.

Ya con las canciones seleccionadas, que en su momento eran más que nueve —eran once—, arrancamos todos los jueves, que era mi día de ir ahí al estudio 2 de Mayo con Santiago, que ya había sido productor de “Temporal” (N. de R.: EP publicado en 2022 junto a Romina Peluffo). Es una persona a la que vos le das una maqueta que era guitarra y voz, y te devolvía una orquesta. Muchas de las cosas que después sonaban en esas maquetas, que eran algo bastante improvisadas, quedaron y hasta luchamos para que pudiéramos replicarlas de la misma forma. Cosas que fueron improvisadas, que tenían hasta errores, que ya de tantas escuchas nos terminaban gustando.

Eso fue un proceso de tres años de buscarle, sobre todo, primero la velocidad, de cómo poder acompañar esas canciones que en un principio estaban desnudas, pero ya tenían sugerida una musicalidad. Después incorporamos a Manuel Souto en la batería para que hubiera un humano tocando eso. Y a Romina, que fue testigo del germen de las canciones, y también pensamos que podía ser alguien que participara del disco con coros. También se sumó Laura Gutman y Santiago, siendo el hombre orquesta. Ahí se conformó el disco.

¿Cómo hiciste ese primer gran filtro de canciones hasta llegar a 9?

Todas tenían potencialidad de estar en un disco. Más allá de que yo tenía un orden, algunas cosas se fueron decantando solas porque unas estaban más laburadas que otras.

Otra cosa fue que, como ya estaba en el ritmo compositivo, también escribía muchas veces por ejercicio. A mí me pasó en este disco que hubo temas que hacía tiempo me venían rondando la cabeza y encontré el tono, de qué forma narrar algunos temas que ya están bastante trillados, pero que pudieran sonar más originales, que tuvieran mi voz.

Después hay cosas que se fueron decantando por sonoridades similares. También buscamos un equilibrio en cuanto a los temas para que no pareciera algo repetitivo.

Quedaron once y al final fueron nueve. Creo que, en realidad, fue una buena decisión y quedaron bastante contempladas diferentes temáticas, ritmos y sonoridades que a mí me gustaba que, en esta primera aventura solista, estuvieran.

En cuanto a la lírica, es un disco de contar historias en primera persona, sobre todo, y eso te permite jugar con la ficción y la realidad. ¿Cómo surge esa veta?

Siempre hay algo, como una curiosidad, de si realmente me pasó a mí o no. A mí me interesa más lo que suceda entre el escucha y la canción. En realidad, que el escucha piense si realmente tal cosa me pasó a mí no me interesa tanto. Por eso me tomé algunas licencias a la hora de construir un relato que no necesariamente me tuvo que haber pasado.

A mí siempre me gustaron mucho los artistas que consideraba que escribían bien y también me interesaban mucho algunos de los 60 y de los 70, más vinculados a la música country, como Townes Van Zandt o Bob Dylan, que contaban relatos, que contaban historias y que hasta tenían una musicalidad de bastante pocos acordes, reiterativa. No era que tenían muchos puentes ni arreglos; era algo que te iba acompañando un relato. Eso siempre me pareció muy interesante y no lo veía tanto en artistas de habla hispana. Entonces, hay algunas canciones que me gustaba que fueran relatos, pero también incorporando una deformación profesional, que es el audiovisual.

Me gusta mucho escribir mediante imágenes y no condicionar a los protagonistas, no bajar un lineamiento de “esto está mal” o “esto está bien”, sino que sea quien esté escuchando del otro lado quien pueda sentirse interpelado, conmovido o lo que sea. Por ejemplo, la letra de “La educación sentimental” puede parecer algo romántico, nostálgico o a alguna persona le puede parecer que está hablando de un abuso infantil. Yo no lo voy a decir.
Hay una máxima del cine que es: “Mostrame y no me expliques”. Si no, ¿dónde está la magia? Que cada uno lo interprete como quiera.

El disco tiene una dinámica particular, porque arranca bien arriba con dos temas bien rockeros y después baja la intensidad, vuelve a levantar y el cierre es más intimista, hasta oscuro por momentos. ¿Cómo trabajaste esa dinámica?

Esa es una de las cosas que también más me apasiona, que es el orden. No es azaroso, no es un shuffle o un random que uno pone. Para mí hay canciones que tienen una fisonomía de primer tema y otras de cierre. Entonces trato de buscar cómo van dialogando un tema con otro en cuanto a la sonoridad.

También jugamos con el primer y segundo tema, que parece que están unidos. Buscar también los climas. No podés comenzar todo al principio como si fuera una piña. Hay algo también de ir buscando una sonoridad que vaya atravesando todo el disco y que no se pierda el clima.

¿Sos de delegar totalmente la producción a la hora de trabajar con un productor?

Cuando buscás un productor tenés que confiar y delegar. Obviamente, más allá del rol comercial, también hay una amistad, también hay una confianza en la otra persona, pero también hay un diálogo. No va a haber nada en el disco con lo que yo no esté de acuerdo porque después el nombre que aparece va a ser el mío. Por suerte estoy trabajando con una persona que tiene muy buen gusto, que interpretó la sonoridad y lo que querían decir las canciones, y les aportó lo que precisaban.

Entonces, si bien hay que delegar, confiar y, sobre todo, dar rienda suelta al talento de una persona que musicalmente está muchos pueblos más adelante que yo, también se genera una conversación. Entre los dos vamos buscando el resultado que nos convenza. Todo lo que suena, todo lo que está, es algo de lo que los dos estamos orgullosos y contentos.

Aunque este es tu primer disco completo como solista, ¿considerás que encontraste un sonido propio?

No sé si un sonido, porque en el disco que viene no sé qué va a pasar, pero sí un tono, una forma de querer contar que, en bandas anteriores, capaz que por timidez o inseguridad, hacía letras un poco más grandilocuentes, barrocas; me escondía, no me atrevía a mostrarme tanto.

Creo que el punto de quiebre fue con el disco que hicimos con Romina, “Temporal”, donde arranca con un tema que se llama “Groenlandia”, que tiene cosas de una etapa más anterior, medio surreal, y cosas después un poco más viscerales. Y también en ese disco está “Turistas”, que tiene una temática más de encontrar el tono y hablar de cosas también desde un lugar de crítica social, sin decir “esto es culpa del Estado” o “que se mueran todos”, no. Creo que ahí encontré la forma que a mí me interesaba para escribir. Más allá de que no todos los temas son iguales ni adopto el mismo tono siempre, sí me gusta escribir mostrándome más y diciendo cosas que a mí me interpelan y de las cuales tampoco estoy muy seguro.

Entonces, por eso a veces las pongo en un papel y siento eso: que me van rondando en el cerebro, están dando vueltas y, a veces, necesitás escribir para realmente enfrentarte a esos miedos e inseguridades. Es la forma que a mí también me gusta escuchar las canciones. No tanto desde el autoconocimiento ni desde verdades ilustradas. Creo que los artistas tienen que hacer más preguntas que dar respuestas. Y creo que una forma de mostrar la situación es ilustrarla mediante imágenes, situaciones. Es mucho más rico para mí, al menos, que cuando te dan todo medio digerido.

Después de tocar en Empecinado Flores, del EP a dúo con Romina, ¿siempre tuviste claro que ibas a seguir un camino solista y que el proyecto iba a llevar tu nombre y no volver a formar una banda?

No. Se da todo de forma inconsciente. Incluso hubo personas que me preguntaban si tenía que salir con mi nombre. Realmente no se me ocurrió nada mejor tampoco. También, cuando adoptás temas tan personales, por decirlo de una forma, está bueno poner el nombre, poner la cara. Y sucede que hay cosas que las podés decir nada más que vos. No es que yo tenga una intención de acaparar o ser el centro de atención. Tenés cosas para decir y después no hay otra persona que lo haga por vos, entonces no queda otra que ser vos. La verdad es que no fue un camino pensado. Las cosas a veces suceden de forma espontánea, inconsciente, y en el camino también tenés muchas dudas, muchos miedos, inseguridades, pero es parte del proceso.

Ahora que salió el disco y te encontrás con gente que te hace alusiones o que te dice que se emocionó, que se interpeló, que le sucedió otra cosa, es como: “Bueno, ya está, con esto ya me doy por hecho, valió toda la pena”, porque sos vos con tu nombre poniendo la cara, para bien y para mal. Es tu proyecto, con tu nombre. Creo que está bueno también que, al tener mi nombre, la gente pueda identificar una forma de contar, ya lo pueda linkear de forma directa. También hay algo que me hace acordar un poco a mi niñez. Por ejemplo, la música que escuchaban mis padres, y si bien no tiene nada que ver con lo que yo hago ahora, eran todos nombres: Alberto Cortés, Julio Iglesias, más allá de que había algunos nombres de bandas. Al final decanté por ponerle mi nombre porque es realmente un disco bastante personal.

¿Buscaste salir, en ese sentido, del típico rol de cantautor? Te lo pregunto porque el disco suena a banda más que a un solista…

Sí, pero lo que suena es lo que la canción pedía. Tampoco íbamos a relegar que no hubiera una batería o determinado arreglo de un instrumento porque pudiera sonar a cantautor. La fisonomía de las canciones que yo le pasé en su momento a Santiago eran los arreglos que los dos entendíamos que le iban mejor, que vestían mejor la canción, y terminó siendo eso porque también siempre hay un espíritu rockero de fondo. Tampoco fue un disco pensado para ser más íntimo. Fueron canciones que eran las que a mí me interesaban, las que a mí me estaban desvelando y, como te decía, el juego también es medio inconsciente.

No fue pensado ni tampoco es un disco conceptual que tenga un cierre final en el medio, si bien hay un hilo conductor donde hay personajes que pueden repetirse.

El ciclo “Toca Quedarse” y el álbum “Doméstico” fueron dos proyectos que llevaste adelante en la pandemia. ¿Cómo los recordás a la distancia?

La primera vez que apareció mi nombre como artista fue en ese disco, “Doméstico”. Y también, si bien en ese momento yo estaba con mi banda, consideramos que era un proyecto personal. Ahora, a la distancia, lo veo con mucho cariño, sobre todo porque con la mayoría de los artistas que integran ese disco tengo contacto hasta el día de hoy, en mayor o menor medida.

Pude conocer gente que hasta ese momento no conocía y hasta formar una pareja (N. de R.: en referencia a Romina Peluffo). Fijate qué tan importante fue, no solo en mi carrera sino en mi vida.

¿Qué planes tenés para el resto del año con respecto al disco?

Hay una presentación que ya está confirmada, que va a ser el 19 de setiembre en Inmigrantes con banda completa.

Antes —aunque no está confirmado— va a haber algunas presentaciones, pero en formato más acústico, más personal, en boliches. Tampoco muchas porque no quiero sobrecargar al público; quiero concentrar el foco en setiembre. También hay conversaciones con otras bandas amigas para hacer cosas más adelante. Hay amigos que también sacaron discos y queremos tocar.

Foto: Emilio Echeverría
Posted in: