La banda Rojo Tres atraviesa un momento de reencuentro con sus propias formas de trabajo. Tras algunos cambios de formación y la decisión de volver al formato de cuarteto, el grupo integrado por Diego De Luca, Flavio Vezzoso, Marcelo Lasso y Gastón Gómez comenzó una nueva etapa con “Veredas de Montevideo”, un single que combina nostalgia, ambientes capitalinos y rock uruguayo, mientras recorre esquinas, recuerdos y postales montevideanas.
Con la novedad de Esteban Stopelli a cargo de la producción artística, la canción también anticipa un nuevo EP previsto para los próximos meses y evidencia una búsqueda sonora que apuesta por la crudeza, la claridad y el regreso a los métodos de trabajo que acompañaron los primeros pasos del grupo.
Rojo Tres volverá a presentarse en vivo el sábado 15 de agosto a las 21:00 h en Tazú Bar Cultural (Canelones 782), compartiendo fecha junto a Corvis, en un espacio que la propia banda ya considera su segunda casa.
A propósito del lanzamiento y del show que se viene, conversamos con su baterista Marcelo Lasso, quien reflexiona sobre el presente de Rojo, la convivencia entre las influencias y la búsqueda de una voz propia, y la necesidad de seguir construyendo el camino de la banda desde sus propias convicciones.
Por Liber Aicardi
Foto: DifusiónEmpecemos por lo más reciente, el lanzamiento del single “Veredas de Montevideo”. ¿Es parte de un nuevo álbum?
Nosotros tuvimos la intención, en algún momento, allá por 2023, de sacar lo que vendría a ser un segundo disco en estudio. Las cuestiones que suelen ocurrir siempre, económicas, de esto o de aquello, fueron retrasando la salida de ese disco. Se grabaron once canciones, todas el mismo día. La idea era grabar batería, bajo y guitarra base. De esa fallida idea del disco salió el EP anterior, “Vamos”, porque estaban esas canciones ahí y no nos daba como para terminar el disco. Entonces sacamos el EP con cuatro temas, pero seguían quedando canciones en el estudio a medio grabar.
Ahora dijimos: “Bueno, vamos a hacerlo fácil. Saquemos otro EP”. La idea es sacarlo un poquito antes de fin de año, en octubre o noviembre. Entonces le metimos mano nuevamente a estas canciones, que son nuevas, obviamente, para quien las escucha por primera vez. Para nosotros ya no son nuevas porque tienen bastante tiempo. La cuestión es que decidimos ir por el tercer EP de la banda para sacarnos de arriba este material que quedó ahí, como flotando, medio por hacer. Y apuntar, por lo menos yo tengo la intención, a que eso termine siendo un disco de diez u once canciones, de las cuales ya hay un par que andan ahí, medio apareciendo.
Resumiendo, la historia del tema es esa: es una canción que hace un tiempo que está grabada, pero que incluso no la hemos tocado mucho en vivo tampoco, por el hecho de decir: “Aguantemos un poquito a tocarla porque está ahí, sin que la gente la escuche”. Y siempre está bueno tocar canciones que la gente, por lo menos el público que nos va a ver a nosotros, haya escuchado y conozca. Entonces, este es el primer tema de un EP que va a ser de cinco canciones. Tenemos también la idea de poder meterle mano a la siguiente canción y completarlo antes de fin de año.
Además, se está trabajando en el video de la canción, donde va a haber mucha recreación de épocas anteriores, de lugares, de esquinas, de calles y de cartelería que tienen que ver con las clásicas veredas de Montevideo. Queremos arrancar esta etapa no solo con un sonido diferente, en lo que tiene que ver con la canción, sino también en la cuestión de la imagen, los videos y todo eso.
Si bien el tema mantiene la esencia de la banda, se nota un salto en el sonido, que se muestra crudo pero limpio a la vez. ¿Hay un trabajo en especial al respecto o un cambio en el método de trabajo?
Se volvió un poco a las raíces de la forma de trabajar de la banda. El primer disco de Rojo, “Tiempos” (2021), fue un disco que se hizo muy rápido. En tres días habíamos terminado de grabar música, voces, arreglos, etcétera. Y se mezcló relativamente rápido, donde yo, de atrevido, me puse en el lugar de productor junto al gran “Pelado” Rubertoni. Ahí fuimos más o menos diciendo: “Subí acá, bajá allá, a ver esto no, andá para atrás”. Lo escuchábamos en un parlante chiquito, en uno grande, todo así. El disco tuvo un resultado sonoro que, técnicamente, nos gustó mucho.
Ya para la etapa del EP “Vamos”, estuvimos trabajando con Alfonso Carbone y el encargado de la parte técnica fue Mariano Pavez, un chileno, un tipo que sabe muchísimo. Pero, como siempre suele pasar, acá en Uruguay se trabaja de una forma y cuando trabajás con gente de otro lugar se trabaja diferente, con otros conceptos de mezcla y todo eso. Entonces uno como que se deja embarullar un poco con todo eso y piensa: “Uh, qué bueno esto. Lo anterior suena mal, no me gusta, suena feo. Hay que trabajar afuera”. Y a veces después te das cuenta de que no, que vamos a hacerlo nosotros.
Terminamos el ciclo con ellos y dijimos: “Vamos a trabajar como trabajamos siempre”. Se sumó un gran amigo, Esteban Stopelli, guitarrista de Stopelli Banda, que es un tipazo por encima de todo lo musical, pero además tiene el plus de ser un músico tremendo, tanto en lo vocal como en la guitarra. Nos dio una mano bárbara con pequeños detalles que tienen que ver con la cantada de Diego, con cositas mínimas. Porque creo que nos pasa a todos estar en la comodidad de decir: “Hago esto porque sé que hasta acá puedo hacerlo bien. No voy a hacer un papelón, entonces me quedo acá”. Pero de repente ni vos mismo sabés que podés hacer un poquito más. Esteban, que estuvo ahí durante la grabación, iba tirando ideas, pinchando: “Che, probá esto, probá lo otro”. Y hay un resultado que quizás no sea muy notorio o una diferencia grosera, pero hay cositas distintas que Diego en otras canciones no había hecho.
Creo que hemos reencauzado el camino de Rojo Tres. Estamos muy cómodos con cómo van saliendo las cosas y con cómo estamos sonando.
Se nota también un cambio en el aspecto vocal, incluso con Diego logrando un estilo más personal…
No es noticia cuando alguien nos dice: “Che, Rojo Tres se parece a Buitres o se parece a Los Estómagos”. Sí, definitivamente se parece, pero no es una cuestión de hacer una banda tributo. La formación de Diego, que es diez años más joven que yo, fue escuchando a Buitres, yendo a ver a Buitres. La formación de Gastón también. Flavio, el guitarrista, si bien es mucho más joven que nosotros, lo mismo. Y yo, ni hablar. Yo estuve ahí, tocando la batería atrás de todos ellos.
¿Hay un parecido? Sí, por supuesto que lo hay. Entonces, creo que con esta metida de cuchara de Esteban se va logrando algo. Por suerte, Esteban va a trabajar también en las cuatro canciones que restan. Va logrando tirarle un poquito de la lengua a Diego para que se suelte y para que muestre que tiene capacidad de cantar diferente y hacer cosas que, de repente, hasta ahora no hacía. Ahí es donde hay más notoriedad de diferencia de sonido.
Y después, el trabajo que hizo Flavio en esta canción en particular fue descomunal. Nosotros veníamos tocando desde hacía mucho tiempo con dos guitarras; ahora volvimos al formato original de cuarteto y, la verdad, para lo joven que es Flavio, la rompió.
Yo creo que hemos reencauzado el camino de Rojo Tres. Estamos muy cómodos con cómo van saliendo las cosas y con cómo está sonando. Tiene un sonido más crudo, no tan procesado. No hay tantos efectos ni tantas cosas dando vueltas en la canción, pero a su vez tiene un sonido muy nítido, muy claro. Está bueno equilibrar un poco entre lo crudo y que las cosas estén donde tienen que estar y se escuchen como se tienen que escuchar. Creo que va por ahí y estamos sinceramente muy contentos con el resultado de esta canción y de las que vienen.
A mí no me molesta lo más mínimo cuando me dicen que Rojo Tres se parece a tal cosa o a tal otra. Al contrario, es un halago, porque no me están comparando con uno que toca una latita; me están comparando con bandas importantes.
Estos últimos años han sido de proceso de cambio para la banda. ¿Eso afectó de alguna manera la regularidad de la banda?
Yo, después de cierta edad, trato de sacarle todo lo bueno a lo que no es tan bueno. Nosotros, si bien arrancamos allá por 2019, originalmente éramos tres. En el rearmado de la banda fuimos cuatro durante mucho tiempo. En un momento creímos que tocar en vivo —yo lo sigo pensando— tiene que ser lo más parecido posible a lo que vos escuchás cuando escuchás un disco.
Si yo escucho una banda que tiene una presencia importante de guitarra, por ejemplo, la voy a ver en vivo y sube un solo guitarrista con una guitarrita y suena chiquitita, pienso: “Esto no es lo que yo escuché”. Por ese motivo, fue que en un momento se apuntó a dos guitarras. Por una cosa o por otra, siempre hemos tenido alguna dificultad con la otra guitarra. Duraron más tiempo o menos tiempo, pero siempre hemos tenido algún problema.
Entonces dijimos: “Si la banda arrancó con una viola, nos revolvíamos, sonábamos bien y a la gente le gustaba, volvamos a una guitarra sola. Y ya está, se terminan los problemas”. Ha sido todo como una cuestión de ir hacia atrás. No solo en la formación, sino también en la forma de trabajo, en la forma de grabar y en la forma de mezclar. Pero definitivamente esos cambios, como decías vos, generan alguna complicación cuando tenés alguna fecha ya pactada y un músico, por el motivo que sea, se aleja de la banda. Vos ya venías ensayando las canciones con dos violas y tenés que ensayarlas con una sola, tocar con una sola. El tema de la composición, de armar las canciones para que rindan en vivo, ya te cambia todo el plan. Todo siempre se complica por algún motivo, pero yo trato de verlo del lado bueno y positivo. De esa forma es que estamos trabajando ahora y de esta forma vamos a seguir todo lo que se pueda. Ya hemos probado como cuatro veces con una segunda guitarra y siempre ha pasado algo. Vamos a tocar así y listo. Se terminó la prueba.
¿A partir de estos cambios hay una búsqueda deliberada de encontrar un sonido propio en este momento de la banda?
Esto es una opinión mía, no de la banda. Si bien Rojo definitivamente tiene cosas muy similares a otras bandas de rock uruguayo, a mí no me molesta lo más mínimo cuando me dicen que Rojo se parece a tal cosa o a tal otra. Al contrario, es un halago, porque no me están comparando con uno que toca una latita; me están comparando con bandas importantes. Entonces no es algo que me moleste. Pero si en algún momento logramos, por decantación o por vaya a saber qué, que la gente diga: “Esto es Rojo, esta banda suena así porque es Rojo Tres”, me parece bárbaro. No es algo que estemos buscando. Sí queremos mostrar, dentro de nuestras posibilidades, que se pueden hacer otras cosas distintas porque nos salen, no porque uno pretenda sonar diferente. Por ejemplo, hablando del trabajo con Esteban, en ningún momento nadie le dijo: “Mirá, tenemos que salir de este lugar porque nos parecemos a…”. Nadie se lo dijo. Esteban, a medida que iba leyendo la canción mientras Diego la grababa, decía: “Pará, pará. Probá esto, probá aquello”. Pero era porque él iba leyendo la canción en base a su interpretación.
Me parece buenísimo que la gente note una diferencia, una diferencia para bien. Pero no es una obligación nuestra despegarnos de ser parecidos a tal cosa o a tal otra. Van surgiendo las cuestiones y van apareciendo cosas diferentes que pueden marcar un camino mucho más personal. Si podemos marcar un camino y que, vaya a saber cuántos años adelante, alguien le diga a otra banda: “Che, ustedes se parecen a Rojo Tres”, sería buenísimo. Eso quiere decir que, por lo menos, marcamos algún camino propio y personal. Esta canción en particular es un puntapié para que lo que venga vaya por otro camino, sin salir del camino de Rojo, que para mí es el sonido clásico de la banda y del rock uruguayo. Pero si podemos marcar ese camino y despegarnos un poquito de lo otro, va a ser bienvenido.
¿Cómo se sienten en cuanto a las oportunidades que surgen para presentarse en vivo para una banda como Rojo Tres, que si bien es de Canelones toca más en Montevideo?
En realidad, el término “ser de Canelones” es muy relativo. Si bien la banda se me ocurrió a mí y la idea surgió acá, en Salinas, el resto son todos de Montevideo, salvo uno que es de Piriápolis. No me molesta, al contrario, es algo con lo que bromeamos. Nosotros hemos tocado mucho en Montevideo porque hay muchos más lugares accesibles, con equipamiento y determinadas comodidades que en otros lugares. Siempre hemos pretendido, desde hace mucho tiempo, poder armar alguna suerte de gira o, por lo menos, una seguidilla de presentaciones fuera del área de confort de la banda. No lo hemos logrado por cuestiones de logística, de plata o de tiempo, pero la idea es empezar a experimentar un poco por fuera de Canelones o Montevideo para ver qué pasa con la gente que nunca escuchó Rojo Tres.
Sobre las oportunidades, pocas hemos tenido. No hemos tenido la suerte de ser convocados a festivales o a propuestas que permitan tocar más seguido. Son muy pocas las veces que no ha sido autogestión o trabajo de Claudia, que es la mánager de la banda. Por lo general gestionamos nosotros las fechas o alguna banda amiga nos invita a compartir escenario, algo que también queda por fuera del circuito de festivales. Cuando hemos tocado en el interior nos ha ido bien. No son muchas experiencias, pero hemos tocado en Pando, Minas y Colonia, y se ha arrimado gente a charlar y a felicitarnos.
Más que nada tocamos mucho en Montevideo, no porque queramos tocar solamente acá, sino porque es donde están los lugares más accesibles para los requerimientos básicos que tiene Rojo Tres.
El nuevo tema, Veredas de Montevideo, es un puntapié para que lo que venga vaya por otro camino, sin salir del camino de Rojo, que para mí es el sonido clásico de la banda y del rock uruguayo.
Al hablar contigo es inevitable hacer referencia a Los Estómagos. Se están cumpliendo 40 años del lanzamiento de “La ley es otra…”, que si bien fue grabado por Leonardo Baroncini, vos entraste a la banda para salir a defenderlo en vivo. ¿Cómo recordás ese momento?
Claro, fue el disco que me tocó defender en vivo. Fue una tarea bastante difícil porque yo a Leonardo Baroncini lo tengo como un muy buen baterista. Entonces no fue sencillo salir a tocar algo hecho por él, que es un músico muy técnico, muy prolijo, muy métrico. Fue una responsabilidad importante.
Yo siempre cuento que la primera vez que toqué en vivo con Los Estómagos, el 9 de octubre de 1986, cuando gran parte del repertorio eran canciones de “La ley es otra…”, el que estaba adelante de todo, entre el público era Leo Baroncini. No era solamente la presión de tocar canciones hechas por él, sino tenerlo a dos metros. Eso fue mortal…
¿Cómo fue el momento concreto en que te encontraste con esas canciones ya para tocarlas en vivo?
Yo tuve siempre mucha cercanía con Los Estómagos porque era amigo de Gustavo (Parodi) mucho antes de tocar en la banda. Estábamos mucho tiempo en la sala de ensayo. Era el lugar para juntarnos cuando salíamos del liceo. Entonces tuve cercanía mucho antes de tocar con ellos. Incluso a veces tocábamos algo con Gustavo y alguien que supiera tocar el bajo. Por eso yo conocía todas las canciones. Incluso fui muchas veces con Gustavo mientras se estaba grabando el disco, escuchando mezclas y todo eso.Estaba muy familiarizado con las canciones y con la banda. Lo difícil era tocar como Leo. Eso era lo difícil.
Las canciones las sabía de memoria. Por suerte, ya en la primera etapa empezaron a aparecer canciones nuevas en las que yo ya había hecho la batería, como “La Solución”. Ahí podía mezclar un poco lo que yo podía hacer con lo que había hecho él.
Yo tenía 15 años. A los tres o cuatro días cumplí 16, pero la llevé bien. Creo que me amoldé. Lo que no me salía no lo hacía o inventaba otra cosa que sonara parecida.
El tema era siempre empujar a la banda desde atrás con toda la fuerza posible, pegándole fuerte, como sigo haciendo hasta ahora mientras pueda dejando un poco de lado el circo, el teatro, los redobles y toda esa payasada. Creo que el baterista de una banda de rock tiene que empujar a la banda para que la banda se luzca, apoyado en una base firme y poderosa. Los firuletes que los hagan los demás: el guitarrista y el cantante.
No tuve grandes problemas. Además, siempre fui bastante atrevido. Yo aprendí a tocar en el fondo de casa con unas latas de pintura. Después sí, cuando empecé a tocar, fui a tomar unas clases con Miguel Romano porque me di cuenta de que me cansaba y me dolía la muñeca. Pero en realidad aprendí a tocar en el galpón de casa con unas latas grandotas de pintura.
Volviendo a Rojo Tres, ¿cómo sigue el año para la banda?
El EP nuevo, en octubre o noviembre como mucho, tendría que estar terminado. El 15 de agosto compartimos fecha con nuestros amigos de Corvis en Tazú, un lugar que es nuestra segunda casa, donde hemos tocado setenta veces y vamos a tocar setenta veces más porque nos gusta mucho.
También estamos trabajando en el videoclip de “Veredas de Montevideo”, donde va a haber una diferencia notoria con los videos anteriores. Volvemos a hacer nosotros los videos. Somos medio maniáticos (risas). No es que si lo hace otro vaya a quedar mal; al contrario, seguramente quede mucho mejor. Tenemos la idea de que cada canción del EP tenga su video, como ocurrió con el EP anterior. Y también seguir trabajando de esta forma, volviendo a los orígenes en la manera de trabajar. Lo más cercano es eso.
Foto: Difusión