A lo largo de más de 30 años de trayectoria, Nacho Vegas fue moldeando una obra donde las canciones funcionan como registro emocional íntimo y también como una mirada del tiempo en el que le ha tocado vivir. En enero pasado, el cantautor y escritor asturiano publicó “Vidas Semipreciosas” —su noveno álbum como solista—, un trabajo donde vuelve a destacar su lírica tan filosa como sensible.
El martes 5 de mayo, a las 20:00 h en Montevideo Music Box, Nacho Vegas presentará en vivo su disco más reciente y también pondrá a dialogar composiciones de distintas etapas de su extenso cancionero. Las entradas están a la venta a través de RedTickets.
A propósito de su regreso a Uruguay tras once años de ausencia, conversamos con él —océano mediante— sobre este nuevo puñado de canciones atravesadas por lo político y por su momento personal, la paradoja existente entre ambos mundos y de la necesidad de posicionarse en tiempos cada vez más oscuros.
Por Liber Aicardi
Foto: Difusión¿En qué momento de tu carrera, y hasta personal, te encuentra este nuevo disco “Vidas Semipreciosas”?
Es una pregunta difícil, aunque no lo creas, porque la verdad es que, cuando publico discos —este disco es muy reciente, salió hace apenas tres meses y son los que llevamos justo de gira—, hasta que no tengo cierta perspectiva temporal, me cuesta ubicarlo dentro de esto que se suele llamar la carrera de uno. Eso también es algo que me cuesta visualizar: mi carrera como si fuera una especie de competición, que nunca lo es. Es simplemente un camino plagado de recodos, de piedras semipreciosas, en este caso, que te van marcando un poco el camino.
Hay algo paradójico —y creo que los discos con los que me siento más satisfecho se nutren de situaciones a veces paradójicas, incluso aparentemente contradictorias—, y es que es un disco en el que, en un momento, digamos, dulce en mi vida personal, a ese momento se le une un momento especialmente oscuro cuando abres las ventanas del mundo en el que me ha tocado vivir. Yo siempre entiendo que las canciones se nutren de lo que es mi vida, pero mi vida entendida no solo como mis intimidades, mis preocupaciones y mis obsesiones, sino como lo que siento con respecto a este mundo que me ha tocado vivir.
Cuando abres las ventanas y ves lo que sucede fuera, lo que sucede cerca y lo que nos viene encima, que es algo espeluznante y frente a lo que tenemos que prepararnos, eso es lo contrario de ese momento dulce que puedo estar viviendo en lo personal. Entonces hay dos mundos que chocan, pero que hacen que salten esas chispas que son necesarias para que surjan canciones y surjan discos.
¿En qué parte del proceso encontraste el concepto “semipreciosas” como para aplicarlo a las vidas?
Pues, fue curioso porque una de las primeras canciones que escribí y que grabé del disco fue la que se llama “Piedras Semipreciosas”, y es una canción que no habla, obviamente, de minerales ni de joyería, sino que habla de enfrentarse a cierto desencanto ante la vida. Pero una conversación en el estudio fue la que me dio un poco la pista sobre esto. A mí me llamaba la atención el término “semipreciosas”, esa categoría que hay en la joyería. Siempre me pareció algo muy extraño. Creo que es el único momento en el que se aplica ese prefijo “semi” a un adjetivo que requiere de una apreciación subjetiva. Decimos que algo es semiesférico porque es algo absolutamente objetivo, pero no decimos que una persona nos parece semisimpática o semiantipática. Me resulta muy extraño y me resultó muy tentador hacer una analogía con nuestras vidas y con cómo también existe una élite, que serían las vidas preciosas, que son muy pocas, muy puras en teoría, muy caras, muy “pijas”. Entonces, la mayoría de la gente debemos tender a la “semipreciosura”, que implica diversidad, que implica mestizaje, que implica algo más de blandura en el sentido de ternura, no como algo cursi o ñoño, sino como una especie de manera de tejer redes afectivas para apoyarnos y para empoderarnos mutuamente.
Y además, añadido a esto, curiosamente, cuando estaba en el estudio, uno de mis compañeros me dijo: “cómo te gusta inventarte palabras para las canciones, como ‘semipreciosa’, como ‘resituación’, como ‘violética’, que son palabras compuestas, inventadas”. Y le dije: “¿cómo inventadas? Es una categoría dentro de la joyería”. Entonces hice una encuesta en el estudio y la mayoría pensaba que era una apreciación mía también llamar a una piedra “semipreciosa”. Me pareció muy extraño, pero en realidad es cierto, porque es un término extraño el uso de esa palabra compuesta. Creí que era una buena oportunidad para decir: “pues, vamos a reivindicar la semipreciosura, que es lo que nos gusta, y no queremos tener nada que ver con esas vidas supuestamente preciosas”.
Si bien en tu carrera las declaraciones políticas a través de las letras siempre estuvieron presentes, quizás este sea el álbum donde lo hacés más explícitamente. ¿Lo sentís así también?
Sí, están más explícitas las letras y, sin embargo, creo que son menos explícitas de lo que podrían ser. Recuerdo cuando publicamos el disco, que salió la tercera semana de enero de este año, y recuerdo que me llamó mi compañero Hans Laguna, uno de los productores, el bajista de la banda, un gran amigo. Cuando grabamos algunas de las canciones de este disco, en verano (boreal), no esperábamos que realmente estos tiempos fueran tan oscuros como los que tratamos en algunas canciones.
Estábamos en un momento en el que Estados Unidos acababa de entrar en Venezuela a secuestrar al presidente, a hacer lo que llevan haciendo históricamente, pero de una manera todavía con más impunidad, además apoyando un genocidio; después, la guerra en Irán… o sea, cada vez parece que el mundo se va a la mierda más fácilmente. Entonces a veces pienso: “pues sí, este disco tiene una dimensión política, o digamos que el signo de los tiempos se ha colado en las canciones de una manera más explícita, pero poco es para lo que está ocurriendo”.
Incluso hay una canción que supongo que debe ser especial para vos, “Fíu”, que se la dedicás a tu madre, donde una de las cosas que le reconocés que te enseñó es que sin justicia no hay libertad y por eso en tu familia son de izquierda. Es decir, la política también está presente en una canción a tu madre…
Sí, yo crecí en ese entorno de una familia de clase trabajadora. Mi padre militaba en el Partido Comunista y mi madre en el Partido Socialista. Tenían en común, cuando se conocieron mis padres, que vivieron esos últimos años del franquismo y tenían en común la lucha antifranquista, y además tenían también como referentes algunos de América Latina. Recuerdo tener en casa un póster de Salvador Allende en el salón, haber sido educado en una serie de valores que tenían que ver con los servicios públicos, con la educación pública, con el derecho a decidir de las mujeres, con cosas que estaban en el ambiente en esos años posteriores al franquismo, en los 80, y es algo que agradezco. Son valores que para mí siguen siendo, por supuesto, importantes.
Yo siempre entiendo que las canciones se nutren de lo que es mi vida, pero mi vida entendida no solo como mis intimidades, mis preocupaciones y mis obsesiones, sino como lo que siento con respecto a este mundo que me ha tocado vivir.
Está claro cómo te posicionás vos, pero cada cierto tiempo se reflota la discusión de si es correcto mezclar arte o deporte con política, o si un artista debe opinar de política y ese tipo de cosas. ¿Por qué creés que se renuevan cada tanto esas discusiones?
Cuando se reflotan estas discusiones, en realidad son discusiones donde hay una postura que pretende, pues digamos, “jugar a la baja” de la distancia o de la neutralidad de separar arte y política. Y yo creo que esa en sí misma es una actitud política y, además, profundamente reaccionaria. Es la que nos viene a decir que, si mezclamos la política con el arte, lo contaminamos de alguna manera. Por ponerte un ejemplo de cómo funciona ese discurso: hace poco, a una actriz muy conocida en España (N. de R.: Leonor Watling) le ofrecieron ponerse un pin de Palestina en la ceremonia de los premios Goya, y ella decía que no, porque si se ponía un pin de Palestina, también podía ponerse uno de Ucrania o de Sudán o de no sé cuál y tal. Venía a decir como que son tantas las luchas y los conflictos que hay en el mundo que, como no puedes denunciarlos todos, mejor no denunciar ninguno, y entonces así el mundo se queda como está. Eso es una actitud muy peligrosa.
Yo creo que hay que saber leer el mundo, en qué momento hay situaciones que son de una urgencia especial, que son de una abominación que requiere que sí, que nos posicionemos. Los que tenemos, digamos, el poder —es un nivel muy pequeño— de ejercer un poco de altavoz, de acompañar ciertas luchas colectivas, creo que es importante que se haga. En mi opinión, siempre lo político tiene una dimensión humana; todo lo político es humano y ha sido así a lo largo de la historia de la cultura popular y de la música. Si alguien pretende que la música y la política sean compartimentos estancos, entonces estaría negando partes de la obra, desde Nina Simone hasta The Clash, por ponerte nombres muy diferentes.
Para mí, la política tiene una dimensión emocional. Las canciones para mí son actos emocionales, básicamente, y la política tiene una dimensión emocional también importante. Es algo que nos golpea las entrañas. A veces, cuando nos indignamos, eso nos provoca un estado en el que necesitas expresar algunas verdades de una forma que otros lenguajes no te lo permiten, y en mi caso utilizo las canciones, siempre intentando no adoctrinar a nadie ni dar sermones ni dar un mitin, pero sí que es cierto que es importante abrir las ventanas. Porque siempre la música que vas a hacer tiene que ser permeable, y lo es; aunque tú no lo quieras, permean las cosas que están sucediendo. No es lo mismo hacer una canción cuando está tu país ardiendo en una guerra, en llamas, o en medio de un genocidio, o cuando estamos en medio de una pandemia, por ejemplo, como la que vivimos todos hace poco. Cuando estamos en otras circunstancias materiales, eso se deja ver, y creo que la música popular siempre dice mucho sobre los tiempos, sobre el momento y el lugar en el que ha sido creada.
Recuerdo tener en casa un póster de Salvador Allende, haber sido educado en una serie de valores que tenían que ver con los servicios públicos, con la educación pública, con el derecho a decidir de las mujeres, con cosas que estaban en el ambiente en esos años posteriores al franquismo. Y es algo que agradezco.
A pesar de lo que venimos hablando de la oscuridad del contexto político actual y demás, al contrario de lo que uno podría pensar, musicalmente el disco respira un aire que no se hace denso.
Sí, es algo que me gusta de las canciones: que surge la chispa cuando buscas estas paradojas. Yo recuerdo cuando escuchaba, y sigo escuchando porque soy muy fan del country, y me gustaba mucho escuchar las canciones de Hank Williams, que tiene algunas canciones con acordes mayores, con ese violín tan danzarín. Eran canciones que estaban narrando historias profundamente dolorosas, y esa mezcla de una música en principio alegre con auténticos lamentos creaba algo explosivo, algo que realmente revelaba una verdad emocional muy poderosa.
Entonces hay veces que hay canciones en este disco que, cuando yo las maquetaba o estaban en su estado más primigenio, eran canciones que me llevaban a un lugar mucho más íntimo, pero que luego, dialogando con la banda y dándole vueltas, decíamos: “vamos a llevarlas a un lugar un poco más luminoso y hacer que el contraste haga que la canción nos lleve a un lugar insospechado para nosotros”. Así, creo que por eso el disco tiene esos momentos donde el rayo de luz tiene que atravesar.
Incluso las canciones que nacen de sentimientos más complejos o más dolorosos siempre tienen que tenerlo, y tal vez en este caso ese rayo de luz sea un poco más amplio. También necesitamos un poco de luz en estos tiempos tan oscuros.
Te saco un poquito de este último álbum… Este año se cumplen 25 años de tu primer disco solista, “Actos Inexplicables”, y también 20 años del disco “El Tiempo de las Cerezas”, que grabaste junto a Enrique Bunbury. ¿Qué significaron en tu carrera estos trabajos y cómo los ves a la distancia?
Mi primer álbum, a pesar de que ahora lo escucho con cierta incomodidad —porque no me gusta cómo canto, no me gustan cómo están interpretadas esas canciones—, sí que fue muy importante para mí. Recuerdo el momento en el que escribía esas canciones: era un momento en el que no sabía si a alguien le iban a interesar, si alguien me iba a publicar un disco. Sabía que eran, además, canciones largas, con unos estribillos apenas intuidos, con melodías que no iban a ser precisamente hits.
Solo sentía la urgencia de escribir esas canciones. Para mí, ese momento en el que sabes que necesitas escribir algo, que hay algo que te provoca expresar emociones y sentimientos —en mi caso hacerlo a través del lenguaje de la canción— es algo muy importante. Y hoy en día, que sé que tengo un público objetivo, que va a haber gente a la que le va a interesar, que voy a sacar un disco, trabajar por él, que voy a tener la suerte de visitar vuestro país, de estar hablando contigo ahora, intento cada vez que me enfrento a un nuevo disco recordar cómo era ese primer momento, cómo componía las canciones entonces, e intentar volver a ese estado en el que tenías esa especie de inocencia y hacías las cosas de ese modo.
Creo que tenemos que cultivar o intentar cuidar esa capacidad de asombro ante las cosas, que hacía que esas canciones surgieran de esa manera, desde las entrañas. Y para mí es una premisa en este oficio, y lo que creo que me ha hecho poder llegar hasta aquí, 25 años después.
Y con respecto al disco con Enrique, es verdad que se cumplen 20 años de aquel trabajo, de mi primera visita a Latinoamérica, a México, y para mí fue importantísimo. No solo por tener la oportunidad de asomarme al universo creativo de alguien como Enrique —que además es una persona muy generosa—, sino porque fue un trabajo en el que yo aprendí mucho de él, y espero también haberle podido devolver algo de aquello. También los consejos que me dio sobre Latinoamérica: él me decía “tienes que procurar ir cada vez que tengas oportunidad, porque creo que te va a fascinar. Yo he aprendido muchas cosas y creo que va a ser importante para ti”. Y lo ha sido. Ha sido algo que le agradezco muchísimo, y creo que, si no fuera por ese disco, probablemente no estaríamos aquí ahora hablando, cosa que estoy encantado.
Incluso las canciones que nacen de sentimientos más complejos, o más dolorosos, tienen que tener un rayo de luz, y tal vez en este álbum ese rayo de luz sea un poco más amplio. También necesitamos un poco de luz en estos tiempos tan oscuros.
Teniendo en cuenta que pasaron once años de aquella primera visita a Montevideo ¿tenés preparado algún repertorio en particular para el show que vas a hacer el 5 de mayo en Montevideo Music Box?
La verdad es que en estas próximas semanas será cuando perfilemos el repertorio que haremos allá. Pero lo importante, lo que me gusta en las giras, es que pones a dialogar de alguna manera el repertorio más reciente que tienes —el disco “Vidas Semipreciosas”, que va a tener un peso específico en el show— con canciones antiguas. Ya llevo, como hablábamos, 25 años, entonces hay canciones que tienen mucho tiempo, y es muy curioso cómo consigues, con la formación con la que voy ahora, con mis compañeros y compañeras de banda, actualizar las canciones, incluso resignificarlas. De alguna manera, crear algo diferente en los conciertos. Algo que no es el disco nuevo más canciones antiguas, sino que es otra cosa. Entonces sucede algo que es incierto, algo que incluso nos puede sorprender a nosotros mismos —y espero que así sea—, y que al público también lo sorprenda.

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