Massacre: “Le damos el valor que tiene a cada época, a cada momento nuestro y de la banda”

A cuatro décadas de haber comenzado a construir su propio universo dentro del rock argentino, Massacre sigue funcionando como una banda en permanente movimiento. Con “Nueve”, su más reciente trabajo publicado en 2024, todavía resonando y el escenario como principal motor, el grupo continúa encontrando nuevas formas de expandirse sin perder identidad.

Este 9 de mayo a las 20:30 h en Sala Rincón (Rincón 732), Massacre regresa a nuestro país para presentarse en una fecha que además contará con la participación de Los Corazones Negros y VHS. Las entradas se encuentran a la venta a través de RedTickets.

A propósito de esta nueva visita a Montevideo, conversamos con Walas, su carismático frontman, sobre el oficio de sostener una banda durante 40 años, el rol fundamental que tiene la figura del productor en los discos de Massacre y también de sus recientes incursiones en el teatro, el cine y la televisión, además de otros temas ligados a la historia y el presente de la banda.

Por Liber Aicardi

Foto: Juan Salvarredy

¿Cómo se sostiene una banda como Massacre a lo largo de 40 años?

Y… lo fuimos aprendiendo con el tiempo. Empezamos desde muy chiquitos como Massacre Palestina, y fuimos aprendiendo de a poco a hacer cada vez mejores discos, mejores producciones y a ser mejores músicos. Entonces, fuimos aprendiendo esa fórmula que se aprende sobre la marcha.

¿Y en qué momento se encontraron con que el proyecto pasaba a ser algo más serio, más formal que una banda de amigos?

Lo que pasa es que, ya desde el momento en que empezamos, Massacre se convirtió en un proyecto serio porque siempre, desde chicos, desde que empezamos, metimos un estándar de 500 personas. Entonces, eso ya te da el respaldo de que tenés la responsabilidad de cumplirle a un público fijo que te sigue desde siempre, desde que arrancamos. Después rompimos la barrera muy importante de las mil personas en un momento; ya con el disco “El Mamut” nos hicimos más populares y tocábamos en lugares más grandes. Pero nosotros, desde que empezamos, fuimos una banda que tenía atrás su respaldo de público y de gente que nos seguía y que nos sostenía el proyecto.

Recién mencionaste el quiebre que significó el disco “El Mamut” (2007) en la carrera de Massacre. ¿Cómo los tomó el éxito en aquel momento, particularmente de canciones como “Tanto Amor” o “La Reina de Marte”?

Nos tomó como la lógica de lo que tenía que pasar. El disco suena muy bien, está muy bien producido, se entiende todo, está producido por Juanchi Baleirón, de Los Pericos. Es como que, de lo que antes era más experimental y más oculto, dimos un paso al frente; entonces pasó a consideración de todos y, por suerte, nos tomó bien parados porque ya estábamos tocando bien, sonando bien, y entonces lo podíamos sostener. Pasamos a tocar en los grandes escenarios, en los grandes festivales, estábamos en todos lados, así que nos tomó, por suerte, bien parados.

Con “Ringo” (2011), el disco posterior, ¿sintieron esa responsabilidad —entre comillas— de tratar de responder a las expectativas que se pudieron haber generado luego del éxito de “El Mamut”, o lo tomaron como un disco más?

Siempre encaramos los discos como un disco más. Nosotros encaramos los discos sin demasiadas expectativas, o sea, sin más que la de sacar la obra a la cancha y mostrarla. Y por suerte nos sorprendió cuando, a fin de año, lo votaron como mejor disco del año nuevamente. Así que dijimos: “Se ve que somos buenos”, porque “El Mamut” fue de ruptura en nuestra carrera, y al disco siguiente que sacamos se ve que había expectativas, porque fue elegido también en las encuestas de fin de año tanto de músicos como de entendidos y de público. “Ringo” fue elegido mejor disco de rock de ese año. Así que también quedamos contentos y satisfechos.

Siempre encaramos los discos como un disco más, sin demasiadas expectativas más que la de sacar la obra a la cancha y mostrarla.

¿A partir de esos dos discos encontraron una nueva forma de trabajo en lo compositivo que les dio tan buen resultado?

Sí, sobre todo por la figura del productor, que entra en juego. Nosotros siempre fuimos muy cerrados, muy cuidadosos de la obra, muy celosos de la obra, y entonces, cuando decidimos dejar entrar a una figura tan importante como es el productor, a partir de ahí empezamos a trabajar siempre con productores. “Ringo” lo hizo Alejandro Vázquez, ya el siguiente, que se llama “Biblia Ovni», lo hizo la dupla Alfredo Toth y Pablo Guyot —los GIT, músicos de Charly García—. Ellos son una dupla de productores muy prestigiosos. Entonces es como que dejás entrar a un integrante más, con mucho peso, con voz y voto. Decide sobre montones de cosas: estructuras, arreglos, montones de cosas… Y con Juanchi la pasamos tan bien que después nos acostumbramos a la figura del productor. Ahora no podríamos grabar un disco produciéndolo nosotros, como hacíamos antes, cuando éramos chicos. Ni locos. Ahora seríamos dependientes de la figura del productor.

En este último disco, “Nueve” (2024), incursionaron en invitar a otros músicos para algunas canciones. Están Vicentico, Santiago Motorizado, Gustavo Santaolalla, Bandalos Chinos… ¿Esa decisión de hacerlo de esta forma tiene algún motivo en particular?

Yo creo que responde al signo de los tiempos. Hoy en día estamos todos haciendo feats, todos haciendo temas con invitados, todos interactuando artistas con artistas, entonces como que nos subimos un poco a esa dinámica. Y la verdad que sí, lo quisimos hacer. Después nos reíamos porque se parecía a un disco que sacó Miranda! llamado Hotel Miranda!, con todos invitados (risas).

¿Esto generó muchas charlas al respecto o lo tomaron naturalmente?

En realidad decíamos: “Vamos a necesitar una parte que sea así, estaría bueno invitar a tal”. Santaolalla, por supuesto, siendo productor, metió mano y nos preguntó: “Che, ¿puedo acá meter viola?” o “¿puedo meter esto otro?”. “Sí, por supuesto, maestro”. Quedó, aparte de productor, como invitado. Pero después los otros invitados respondían a necesidades que el tema nos pedía. Decíamos: “Acá qué bien que quedaría la segunda estrofa con una voz femenina o con una voz tan diáfana como la de Goyo, de Bandalos Chinos”. Y entonces así fuimos metiendo invitados. También toca Gillespi, y entonces así fuimos sumando también la trompeta. Y también toca Sebastián Schachtel, de Las Pelotas.

Cuando uno repasa la trayectoria de ustedes, por ahí encuentra que la cantidad de discos editados no es tanta de acuerdo a la cantidad de años de la banda. ¿Eso se debe a que son una banda de procesos compositivos largos o es porque se consideran más una banda de tocar en vivo?

Sí, la verdad es que tenemos nueve discos y son pocos para 40 años. Nosotros somos de grabar cada cinco años. Entremedio hacemos cosas: sacamos EPs, compilados, maxis, ese tipo de cosas. Pero no somos de grabar rigurosamente un disco por año. Nos tomamos nuestro tiempo, le damos el valor que tiene a cada momento, a cada época, a cada momento nuestro y a cada momento de la banda. Entonces, la verdad es que podríamos tener más discos, pero tenemos apenas nueve discos de estudio.

¿Qué los motiva a seguir adelante luego de estar 40 años tocando y girando?

Más que nada, yo creo que tocar en vivo. La banda tiene tres instancias: el ensayo, el estudio de grabación y el escenario. Y, si querés, una cuarta instancia, que son las entrevistas, las tocadas en televisión, las tocadas en streaming, los acústicos… Pero mayoritariamente son estas tres instancias que te digo, y a nosotros tocar nos encanta y es lo que más nos gusta. Cuando vienen recitales se nota en la banda que hay un ánimo de felicidad, de jolgorio. Nos encanta subirnos al micro de gira, ir a la ciudad que sea. Es una instancia que nos gusta muchísimo.

Ahora no podríamos grabar un disco produciéndolo nosotros como hacíamos antes, cuando éramos chicos. Ni locos. Ahora somos dependientes de la figura del productor.

A nivel personal estos últimos años incursionaste en otros terrenos artísticos. Participaste en MasterChef, hiciste teatro y también cine. ¿Qué aportes encontraste en esas áreas que no te había dado la música hasta ahora?

Me pasó que respondí a convocatorias que me hicieron. Entonces las puse en la balanza; tuve otras y algunas he dicho que no, pero respondí a convocatorias que me hicieron. Me dijeron: “¿Querés participar de la obra El Principito?”, que es una obra en un teatro importantísimo en la calle Corrientes, con un elenco importantísimo. Primero te agarran miedos, inseguridades, pero después dije que sí. Después me convoca el director Facundo Nuble para hacer una película llamada “Masacre en el Delta”. También, al principio, me daba inseguridad, pero me tiro a la pileta y lo hago.

Ser uno de los integrantes de “MasterChef”, que es el programa más visto de la Argentina, con 20 puntos de rating, y al que al principio dije que no —la primera vez dije que no y me insistieron—… o sea, que yo haya participado en “MasterChef” responde a que me insistieron para que lo haga desde el canal Telefe y me tiré a la pileta. Ya habían participado colegas míos en otras ediciones: siempre entre esa fauna de celebrities hay un rockero, un músico. Entonces acepté respondiendo un poco a mi espíritu absurdo, surrealista: “Bueno, puedo hacerlo. No sé cocinar, pero puedo hacer lo otro que piden, que es ser un personaje, llenar un poquito de contenido”. Y la verdad que me fue muy bien porque, sin saber cocinar nada, duré 17 episodios, así que estuve bien.

Yendo concretamente a “El Principito”, ¿cómo fue ese encuentro con otro público totalmente distinto al que te va a ver? Por lo menos en su mayoría, porque supongo que algunos fans de Massacre habrán ido a verte…

Se generó una cosa de adaptarme a que no soy el frontman, que no soy el único al que van a ver, que soy parte. Me tuve que adaptar a que tengo mis momentos, que salgo y aparezco. Y después me tuve que adaptar a un montón de cosas que desconocía: de métrica, de interacción con la música y con el diálogo, de interacción con el otro actor, con los otros actores. Porque yo hace décadas que lo que hago es salir, decir “1, 2, 3, ¡va!”, poner primera y hacer lo que hago. Esa cosa tan única y espontánea, única en el momento, como dijo Patti Smith: “El rock es una obra de arte instantánea”.

En cambio, en este caso yo estaba atado a tener que cantar, a tener que responder al actor que me está interpelando, después seguir cantando, ir para adelante, ir para atrás, subirme a un trono, bajarme del trono, porque yo hacía del rey. Entonces tuve que aprender una cosa que se llama teatro y comedia musical. Y la verdad que al principio lo hacía con bastantes nervios, pero después me acostumbré y lo disfrutaba muchísimo. Tuvo un éxito terrible la obra. Hicimos dos funciones durante los fines de semana, durante las vacaciones de invierno venía mucha gente. Muchos fans de Massacre han venido por curiosidad a verme actuar, a verme haciendo de rey. La verdad que estuvo hermoso, una experiencia que a mí me enriqueció muchísimo.

Cuando vienen recitales se nota en la banda que hay un ánimo de felicidad, de jolgorio. Nos encanta subirnos al micro de gira, ir a la ciudad que sea; es una instancia que nos gusta muchísimo.

Ahora que me decías lo del rock y la música como acto único, del momento y espontáneo. Sin intención de polemizar, sino de conocer tu opinión, ¿qué te genera un espectáculo como “Ecos” de Soda Stereo, donde todo está perfectamente en sincro y no es totalmente en vivo?

El antecedente de esto es el show que se hizo de ABBA, tan bien hecho y tan exitoso en el mundo. Creo que el espectáculo “Ecos” de Soda Stereo repercute, tiene éxito y funciona en los jóvenes que están acostumbrados a ver a Gustavo Cerati siempre en una pantalla. Los que somos más grandes ya añoramos haberlo visto en vivo, pero la mayoría de los jóvenes de 30 para abajo siempre lo vio o en un videoclip o en una pantalla. Entonces funciona por ese lado. Y después está el tema de las luces, la potencia del sonido, la puesta de cada tema, los temas en 3D… es impresionante, la verdad. Pero ya te digo: funciona para los que siempre vieron a Gustavo por pantalla.

¿En qué está Massacre hoy? ¿Están pensando en un nuevo disco?

Estamos tocando el disco “Nueve”, que es un disco que está totalmente en vigencia, como recién salido. De hecho, hay temas de “Nueve” que todavía no hemos tocado en vivo, así que estamos tocando eso. Tocamos el fin de semana pasado en Córdoba y en Santa Fe, un show propio en Córdoba que estuvo espectacular y, al día siguiente, un festival re bueno en Santa Fe. Ahora, el fin de semana que viene, tocamos en un lugar re prestigioso de acá que se llama C Art Media, que es donde están tocando todas las bandas extranjeras que vienen. Por ejemplo, tocó hace muy poquito Public Image Ltd.. Así que vamos a tocar nosotros y, al día siguiente, el sábado, tocamos en Montevideo nada menos. Y después seguimos de gira por diferentes ciudades de Buenos Aires.

¿Qué show tienen preparado para el sábado en Sala Rincón acá en Montevideo?

Para Montevideo tenemos preparado tocar solo algunos temas del disco nuevo, no muchos, y después todos temas viejos, clásicos, algún cover… Pero un show impresionante, como siempre los de Massacre, que tienen clima, manejamos clima, clima, clima, clima y, de repente, ponemos acelerador y explota.

Walas al frente de Massacre en Plaza Mateo. Setiembre, 2024.
Foto: Paul Hernández
Posted in: