FILO: “Somos una banda de vértigo: acelerar y después acelerar un poco más”

Desde su formación en 2024, FILO irrumpió en la escena musical uruguaya con una propuesta personal, potente y fresca. Conformada por músicos y músicas de reconocida trayectoria, la banda encontró desde sus comienzos una forma propia de conjugar distintas influencias, búsquedas sonoras y maneras de entender el trabajo colectivo. Su debut homónimo, publicado ese mismo año, marcó el punto de partida de un proyecto que llegó para quedarse. El próximo viernes 6 de noviembre verá la luz SEIS, un segundo trabajo que amplía ese universo a través de nuevas composiciones y colaboraciones con artistas como Anita Álvarez de Toledo y Gabriel Peluffo, quienes sumaron sus voces en los adelantos “Frecuencia Fantasma” y “Desenfoque”, respectivamente.

Ese mismo día, a las 21:00 h, FILO estrenará el álbum con un show en vivo en La Trastienda Montevideo, coincidiendo con su lanzamiento en plataformas digitales. Una decisión tan poco habitual como disruptiva, que se suma a una manera de hacer las cosas que el sexteto viene desplegando desde sus inicios. Las entradas se encuentran a la venta a través de Passline.

A propósito de esta nueva etapa, conversamos con Pancho Coelho (guitarra y voz) y Cototo Cuello (bajo y coros) sobre el proceso creativo detrás de SEIS, la convivencia de distintas sensibilidades musicales y una dinámica colectiva que encuentra en el escenario su espacio más natural.

Por Liber Aicardi


Foto: Yo Magnolia

¿Estas canciones de “Seis” pertenecen a aquel grupo de ocho temas que ya tenían, además de los del primer álbum?

Pancho — Algunas sí, otras no. Otras son muy, muy nuevas, pero de ese grupo de las más viejas, algunas de ellas las tocábamos en vivo. Incluso llegamos a grabar algunas en el proceso del primer disco, pero decidimos no mezclarlas porque eran las que estaban más verdes en ese momento. Lo que pasa es que también es como trabajar con demos, viste, es como si hubiese sido un demo. Entonces, en lo personal, yo, por ejemplo, con “Hamammelis”, que es una de esas canciones, no había quedado nada conforme con lo que había tocado en la primera versión. Supongo que eso pasó medio en general, por eso quedaron afuera.

No era un tema con las canciones, sino con hacerle justicia a lo que vos tenés para darle al tema también. Hay una cosa que pasa por ahí. Yo siento que FILO tiene —esto lo he conversado varias veces con el resto, en las notas y demás— unos estándares muy altos. Yo siento que todo el mundo toca muy bien, todo el mundo pone cosas muy valiosas. Entonces, eso me exige pila, pero en una buena, y eso es divertidísimo. Es divertidísimo ponerte creativo para tener un lindo arreglo que le rinda a la canción, pero no por una cosa narcisista. A veces me quema no saber cómo desarrollar algo, no poder elaborar algo, darle vueltas y no encontrarlo.

Cototo — También pasa mucho en FILO que, a veces, se presentan los temas y, de repente, en un ensayo salía algo raro y era: “Está buenísimo. Vamos a grabarlo para que no se nos olvide”. Después hay un laburo entre vos (dirigiéndose a Pancho), “Alfo” (Alfonsina Ávarez, guitarra y voz), Marcelo (Marcelo Fernández, guitarra y voz), y Lali (Lali Gaspari, sintetizadores) que es mucho más difícil: definir cosas entre tres guitarras y los sintetizadores. Después las cosas van decantando. Siento que los procesos, en cuanto al armado en general, de conectar con la música de la canción son rápidos. Después, el proceso es básicamente decantar. Pero no es algo que me haya pasado, por ejemplo, en otros proyectos, eso de conectar tan rápido con generar algo. Alguien trae algo y el resto conecta enseguida. Creo que también tiene que ver con la madurez de cada uno desde todo nivel: de vida, de música. Aprender a escuchar al otro, todo eso es fundamental en la música. Y, al ser una banda de seis personas, con tantas cabezas diferentes y también con tantas particularidades, está bueno. Es lo que hace también a FILO.

¿Cambiaron en algo el proceso y la dinámica, sobre todo compositiva, con respecto al primer disco?

Pancho — Yo creo que lo que hay es que, capaz, se amplifican esas cosas. Creo que seguimos en un proceso, pero no es el mismo. Seguimos en una evolución. Siento que nos falta, a veces, tener más tiempo de ensayos porque, si tuviéramos más tiempo ahí adentro del ensayo, si tuviéramos la sala de grabación más rápido, de repente sacamos 25 canciones.

Cototo — Si tuviéramos un lugar para poder explayarnos, porque hay siempre mucho material y hay que sacar canciones. Pero a veces nos podemos a zapar y salen cosas increíbles que decimos: “¡Muchas veces esas cosas también se suman a las canciones!”.

Hay un conocimiento sobre qué podemos esperar del otro, y está buenísimo eso. También es todo muy colaborativo y sabemos que, cuando tirás algo, es porque sabés qué va a pasar. Hay realmente mucha confianza en eso.

Pancho Coelho

¿Salen muchas ideas de las zapadas?

Pancho — Ahora sí, eso es un poco distinto que en el primero. Para el primero, “Marce” cayó ya con un montón de cosas medio abiertas, para que hubiese espacio para definir, para meter mano y eso. Pero mucho de lo que hay ahora es una idea que surgió, capaz que zapando o, como decía “Alfo” la otra vez, un tema viejísimo del que se dio cuenta que ahí podía germinar, como una cosa así.

Cototo — Como “Éxodo”, por ejemplo, que fue de los que más costaron en su madurez, porque es normal: hay canciones que a veces se desarrollan rápido y otras, por diferentes cosas, demoran más, y está bueno también.

Pancho — “Éxodo” tiene una épica que yo al principio no le vi a la canción. Tiene un final que es muy emotivo y que, al principio, yo no le vi. ¡Increíble! Eso fue parte del proceso. Y también a la grabación del disco llegamos con mucha cosa abierta, y ahí también “Ale” (Alejandro Schmidt), el productor, ayudó a desarrollar ideas y a reagrupar algunas cosas, a resolver, a abrir la cabeza también. “Ale” tuvo mucha responsabilidad en cómo resolvíamos esas cuestiones de algunos temas que quedaban medio abiertos.

Cototo — De hecho, está bueno el proceso porque, a diferencia del disco anterior, que, por ejemplo, lo ensayamos un montón de veces y grabamos todos juntos, las voces se grabaron todas juntas, pero el trabajo se hizo antes. También es muy interesante ir haciendo algunas cosas en el estudio. Todo termina siendo válido y genera otras cosas también.

Para el primer disco, por más que tenían ensayo encima, aún no habían salido a tocar. Para este disco, obviamente, estuvieron un año y medio tocando en el medio. ¿Tocar en vivo reacomodó las piezas de los roles de cada uno, sobre todo pensando en las guitarras y en cómo funciona en vivo cada canción?

Pancho — Yo creo que hay un conocimiento que termina incidiendo, que es un poco inconsciente. Hoy me venía acordando justo de “Cuchilla” y “Cachiporra”… Tenemos unos alter egos con “Alfo”, algo que surgió muy espontáneo en una conversación así de ensayo. Ella es “Cuchilla” y yo soy “Cachiporra” (risas). Es una forma de definir los roles de las guitarras: ella es muy filosa y yo soy más “de golpe”, ella los corta primero y yo les pego después (risas). Es visualizar los roles: “Yo los trituro, te los paso a vos”, algo así.

Por ahí hay un conocimiento de qué podemos esperar del otro, y está buenísimo eso. También es todo muy colaborativo y sabemos que, cuando tirás algo, es porque sabés qué va a pasar. Hay realmente mucha confianza en eso. Puede picar un par de veces en el área, pero siempre alguien la va a terminar embocando. Es muy divertido y genera otros niveles de creación más complejos. A veces no hacés mucha conciencia de eso porque es una cuestión que sucede con el devenir.

Cototo — Y nos nutrimos pila el uno del otro…

Pancho — También porque no venimos de distintos lugares. Si bien hay un montón de cosas en común que nos gustan, también hay un montón de música que “Coto” escucha y toca, que capaz sí conocemos y nos gusta, y hay un montón de cosas que no. Hay lugares de encuentro.

Cototo — Hay un lugar de mucho encuentro, pienso, que se engloba dentro de los 90. Porque hay pilas de bandas en común que escuchábamos, bandas de grunge, por ejemplo, y un montón de bandas que en un momento recontra escuché. Después me fui a otros palos, toqué funk, toqué jazz, otras cosas, pero todo esto me retrotrajo. FILO me devolvió a esa etapa de banda, de conectarte realmente con una época, por lo menos de mi vida, a nivel de sonido, a nivel de timbres, de ideas, de dinámica de una canción, y creo que nos pasa a todos eso.

FILO me devolvió a esa etapa de banda, de conectarte realmente con una época, por lo menos de mi vida, a nivel de sonido, a nivel de timbres, de ideas, de dinámica de una canción y creo que nos pasa a todos eso.

Cototo Cuello

La variedad de mundos que conviven en el universo de FILO va más allá del rock alternativo que atraviesa la propuesta musical. También hay otras cosas más viajadas o temas como “Frecuencia Fantasma”, que tiene una base disco, ¿cómo trabajan para hacer convivir esa amplitud?

Pancho — Pasa esto que decíamos hace un rato: que no sabés por dónde va a venir el asunto. Porque, de repente, prende una base disco, de repente prende una cosa medio punky o algo medio post punk. Hay un montón de música que capaz yo escucho, pero que nunca he tocado. A mí me encantan The Specials, pero nunca toqué ska, pero de repente tengo la posibilidad de decir: “Esto me suena medio a eso. Muy bien, vamos para este lado. Vamos a dar un paseo por esta música”.

Cototo — La música nos permite explorar, porque viste que este segundo disco tiene eso: escuchás una canción y la otra, y la otra, y tiene muchas más ramificaciones que el primer disco, y eso también es como permitirse que la música se desarrolle. Y tiene que ver mucho con probar, porque en ese probar también vas descubriendo lo que te gusta.

Pancho — También eso es producto de la madurez. Yo, capaz, en otra época de mi vida no me lo permitía y decía: “No, no, esto capaz que queda medio terraja”.

Cototo — Eso tiene que ver con lo que es FILO. No te digo que vas a ir a hacer un género que nada que ver, pero el segundo disco tiene un montón de cosas y todas confluyen bien.

En este disco, Pancho canta la canción “Filo”. ¿Cómo surgió que pasara al frente como voz líder?

Pancho — Lo que me pasó con esa canción en particular es que me permitió hacer otras, porque en realidad hay más que están en proceso para el futuro. En este caso en particular, yo me acuerdo de haber notado que esa canción era para FILO. Me pasó eso. Me acuerdo de ir a casa y decir: “Quiero grabarla porque quiero mandársela a “Marce”, porque me parece que esta es una canción para FILO”. En ese entonces yo estaba grabando mi disco solista, estaba haciendo otras cosas, pero yo sentía que eso no formaba parte de esos otros mundos, formaba parte del mundo de FILO.

Cototo — Ese fue uno de los temas que recuerdo que Pancho lo trajo y lo empezamos a tocar. Ya salió sonando. Tuvo un desarrollo, pero fue rápido, la banda se lo apropió rápidamente.

Pancho — En este disco —y a mí me gusta eso— hay variedad en las voces, porque, si bien ya había una variedad, está mi voz ahora, pero también está la voz de Anita Álvarez de Toledo, está la voz de Gabriel Peluffo. Hay una variedad de voces alucinante. Y creo que, además, ahora hay más claridad en los timbres, se nota más la voz del que canta. “Alfo” también exploró en las cantadas porque ella se convierte bastante en mutante en sus formas de cantar. Tiene varias personalidades, hay varias “Alfos” cantando en este disco, y eso para mí está genial.

¿Cómo aparecieron las colaboracionesde Anita y Gabriel?

Pancho — Teníamos ganas de que hubiese eso, otros interpretando con nosotros.

Cototo — A Peluffo todos lo vimos de chicos arriba de un escenario y nos marcó a todos desde chicos…

Pancho — Yo creo que, en su caso, “Marce” lo visualizó y, después que puso la voz, yo escuché el tema y dije: “¡Pah! Era para él”. Estaba hecho a medida, una locura. Me acuerdo de haber dicho: “Guau, qué visión”. Y con Anita también, tiene una voz increíble. Ella había hecho algo con “Alfo” ya, pero están buenas las participaciones por afinidad. A mí lo que me mató es que le aportan pila al tema y no solamente porque nos queda cerca.

Disfrutamos mucho del en vivo y FILO es una banda potentísima en vivo. Nos gusta lo que nos pasa cuando tocamos en vivo, lo que pasa a nivel de energía en el sentido de cómo me afecta el contacto con la música y con los demás.

Pancho Coelho

En este punto en el que se encuentra la banda, que si bien son una banda joven, muchos ya tienen décadas de tocar y componer para diversos proyectos. Supongo que todo ese bagaje que traía cada uno también llegaba con sus vicios del lugar propio donde venía. ¿Ya pudieron desprenderse de esas cosas como músicos?

Cototo — Eso es un proceso con el que cada uno peleó interiormente, creo. Hay como una batalla interior y después está lo que vos le compartís al resto. Pero sí, toda la impronta viene junta y después vos ahí lo que hacés es: “¿Qué hago con este pensamiento? ¿Qué hago con este otro?”. Y es un aprendizaje en sí mismo para cada uno porque cada banda es un universo. También, en algún punto, cuando uno forma parte de algo nuevo, también está buscando querer explayarse en algo que todavía no se sentía muy satisfecho, pienso.

Pancho — Eso sí es cierto. A veces hay una pelea interior porque vos te das cuenta de que hay algo de lo que estás depositando que capaz tenés que procesarlo vos antes: “Primero, hacete cargo de esto y después andá y compartilo” (risas). Capaz que es como medio acomplejante y del otro lado está todo bien, porque capaz es hasta lo que el otro espera de vos. Es como “Cuchilla” y “Cachiporra”, en un punto, reírnos de eso también.

¿A qué se debe la decisión de tocar el mismo día que se publica el disco?

Cototo — Son varias cosas que confluyen ahí porque, si uno a veces pone fechas para hacer las cosas, a veces se demoran un poquito más. Entonces, básicamente, también fue porque no queríamos que nos quedara todo tan agrupado, porque salía “Frecuencia Fantasma”, a los 15 días salía “Desenfoque” y después el disco ya estaba arriba de la fecha. Entonces dijimos: “Saquemos el disco el mismo día”, porque no tenía mucho sentido sacarlo tres días antes. Y fue como un pienso de la estrategia. Y también puede estar bueno, porque lo más normal es que uno saque el disco antes para que la gente ya lo escuche y después vaya a verlo en vivo. También es permitirse salir un poco de las cosas que están estipuladas y esto es probar.

Pancho — Yo creo que en ese tema hay dos cosas. En principio, FILO es una banda medio de vértigo: acelerar y después acelerar un poco más (risas). Eso tiene un ritmo muy vertiginoso, por eso las decisiones capaz que no son tan de sentarnos a pensar si filosóficamente esto es lo correcto o comercialmente esto es lo correcto. No, hagamos, hagamos, hagamos, metámosle para adelante… Y también hay otra cosa, creo, y es que nuestro fuerte, por más que los discos los disfrutamos —yo disfruto mucho de grabar y este disco está muy lindo—, creo que disfrutamos mucho del en vivo. FILO es una banda potentísima en vivo y nos gusta lo que nos pasa cuando tocamos en vivo, lo que pasa a nivel de energía, sin ponerme hippie, pero energía en el sentido de lo que me afecta, cómo me afecta el contacto con la música y con los demás. Está bueno que haya un disco que la gente lo pueda escuchar cuando tenga ganas, pero nosotros somos una banda para ver en vivo, para que la experiencia sea así. Entonces, está muy bien que haya superposición de eventos. Hay un vértigo que nos llevó a hacer las cosas de esa manera, a crear y a tirarnos al agua de esta manera.

¿Este show en La Trastienda lo toman como la presentación oficial del disco o la presentación es otro evento que van a dejar para más adelante?

Pancho — Nosotros le llamamos “estreno”, aunque la palabra presentación termina estando alrededor. Yo no creo que haya luego una presentación como tal. Porque el disco va a tener su vida y estas canciones van a tener otra vida: la vida de ir tocándolas y dándonos cuenta de que suenan mejor de tal o cual manera. Está bueno que eso pase.


Foto: Yo Magnolia
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