Mandrake y los Druidas llegan a su décimo año de historia con “Un Plan Perfecto”, el cuarto disco de estudio de una banda que continúa expandiendo los límites de su propio universo sonoro. Trece canciones que cruzan rock & roll, climas psicodélicos y nuevas texturas, con la participación por primera vez de Walter “Nego” Haedo como músico invitado, quien le aporta un swing particular a las composiciones. Además, el nuevo álbum será presentado en vivo el próximo 9 de octubre en La Trastienda Montevideo y las entradas están a la venta a través de Passline.
A propósito del reciente lanzamiento, conversamos con Alberto “Mandrake” Wolf sobre el proceso detrás de “Un Plan Perfecto”, la química construida junto a los Druidas durante esta última década y las historias que atraviesan algunas de sus nuevas canciones. Una charla que también vuelve sobre los más de 40 años de trayectoria de uno de los referentes de la música uruguaya y sobre ese vínculo con la música que, como él mismo cuenta, todavía lo lleva a levantarse cada día con canciones en la cabeza.
Por Liber Aicardi
Foto: Santiago RovellaMientras conversábamos antes de comenzar la entrevista, me decías que “Un plan perfecto” es un disco que salió medio de casualidad, ¿cómo es eso?
Nosotros, con los Druidas, estábamos muy contentos con la “Suite de Raymundo”, que había salido en formato vinilo, que cuando escucho música la escucho en vinilo, es nuestro formato. Es verdad que si estoy afuera escucho Spotify, pero escuchar un disco, para mí, es un rito. Para mí es la mejor forma de escuchar música, por lo menos la música que yo escucho, el rock and roll, es la forma que mejor se escucha. Y también para la música que hacemos nosotros y cómo grabamos nosotros, que grabamos los cuatro tocando juntos. Los cuatro discos los hicimos así, tocando en vivo en el estudio.
Y yo tuve la suerte de que di con estos muchachos, porque no eran amigos míos, fue una banda que yo armé porque me gustaba cómo tocaban. O sea, yo no sabía nada de ellos como personas, ni dónde vivían, ni nada. ¿Qué pasa con estos muchachos? Yo les dije la verdad cuando empezamos los Druidas: les dije “yo banco un disco, vamos a grabar un disco, y de ahí vemos qué pasa”. Esa fue la promesa mía. Se podía haber grabado el disco y después nos separábamos, ¿viste? Pero no, ya son 10 años tocando juntos, así que algo pasó. Fue la química más allá de la musical, porque nadie te banca 10 años si no está tocando a gusto y, en el caso de Uruguay, no es que una banda tiene tanta plata como para decir “este tipo me paga todas las cuentas, así que me lo banco igual”. No, no es así.
Nosotros nos juntamos a ensayar todas las semanas. Y al ensayar todas las semanas, me acuerdo que después que hicimos “La Suite de Raymundo”, les mostré un tema y empezamos a tocarlo. Después salió otro, bobeando en el ensayo. De repente nos damos cuenta de que tenemos ocho canciones nuevas, totalmente nuevas, y una versión, una canción vieja mía que está en el disco “Primitivo”, que es “Ella va 1 y ½”.
Ahí nos dimos cuenta de que teníamos un repertorio nuevo y decidimos hacer un ciclo en el Teatro Ducón para mostrar las canciones nuevas, una cosa que era de otra época. Hicimos cuatro jueves —los cuatro jueves de setiembre del año pasado— y el show se llamaba “Canciones nuevas”. Y funcionó, se llenaron las cuatro fechas, y nosotros quedamos muy contentos porque estábamos mostrando algo nuevo y la gente que viene a escuchar está ávida de escuchar cosas nuevas nuestras. El gancho era ese: no eran “los grandes hits”. Eso es muy reconfortante para mí.
Por otro lado, yo ya tenía un tema que no había entrado en el ciclo este. Ahí teníamos 10 temas perfectos para grabar un disco. Hablé con Little Butterfly y quedamos en grabar en febrero de este año. Ahí nos abocamos a ensayar y lo grabamos los últimos tres días de febrero y el 1.º de marzo en Mastodonte. Y en ese interín salieron tres temas más. Así fue un poco el proceso del disco.
Es un disco extenso en cuanto a que tiene 13 canciones, algo poco común para los estándares de hoy…
En realidad está pensado para un A y un lado B, entonces ahí no se hace tan largo, porque son 44 minutos, un disco estándar de pasta. Nosotros siempre pensamos en el disco vinilo, siempre en ese formato.
Este disco en particular expande los sonidos a lo que estábamos acostumbrados de los Druidas. Si bien tiene temas rockeros, pesados, también tiene otros temas más climáticos, más colgados también. ¿Hubo una búsqueda o salieron de esa manera?
Quizás también es por la música que estoy escuchando últimamente, capaz que también eso me debe fluir. Yo soy muy fanático de un grupo alemán llamado Can, que también tiene unas texturas largas. Y después también volví a redescubrir una banda que me parece de las mejores bandas, que es Television, que también tiene esas cosas, que también tienen mucha textura, mucho viaje. Capaz que se debe un poco a eso, pero también porque con los Druidas empezamos a conocernos más.
Nosotros ya tocamos de una forma, estamos muy acostumbrados a tocar juntos y capaz que ya la música se expande de otra forma. Yo siento que cada vez nos fuimos soltando más musicalmente. Nosotros entramos más en confianza, entonces ya la música viaja de una forma distinta que cuando empezamos.
No fue algo buscado. Salen así las composiciones y, además, al tener una banda que son, en ese sentido también, un poco como Los Terapeutas, son músicos que pueden tocar cualquier cosa y sabés que funciona. Yo siempre les muestro; primero, si les gusta la canción. Hay canciones que han dicho que no, que no son buenas para el grupo. Pero cuando veo que están todos colocados, ya está. Y cuando veo que funciona, o cuando yo ya veo que ya agarraron el tema, nadie lo quiere largar (risas). Porque también es eso: capaz que inconscientemente yo ya manejo la idea del grupo. No digo que compongo en función del grupo, pero ya sé lo que va a rendir o no.
Siento que con Los Druidas cada vez nos fuimos soltando más musicalmente. Nosotros entramos más en confianza, entonces, ya la música viaja de una forma distinta que cuando empezamos.
También se da por primera vez la inclusión de un músico invitado en varios temas, que es Walter “Nego” Haedo, que le aporta cierto swing y toques afro a los temas. ¿A qué se debió su incursión en el disco?
Walter es, antes que nada, una eminencia del candombe. Más allá de lo técnico, de lo espiritual que él transmite, por supuesto. Lo conozco hace muchísimos años al “Nego”. Ya grabó en mi primer disco, que hice a medias con El Cuarteto de Nos; toca en un tema.
Pero cuando vi que tenía unos temas, como vos decís, más climáticos, dije: “¡Pah!, esto precisa una percusión”. Y como nosotros hacemos La Cueva de Los Druidas, en Sociedad Urbana Villa Dolores, a veces invitamos a algunos músicos que nos gustan, y en una de las fechas invitamos al “Nego”. Y probamos y calzó perfecto.
Ahí ya dijimos que cuando grabemos el disco él tenía que estar. Hubo una comunión, es el quinto Druida, digamos. Porque, la verdad, siempre grabamos todos los discos nosotros, nunca había ningún invitado. Porque hay unos temas que tienen congas, pero tocó Federico (Federico Anastasiadis, baterista), o hay otros que tocamos en algún momento distintas cosas cada uno, pero en este disco necesitábamos alguien que se meta y que toque con nosotros. Y le dio un sabor distinto al disco.
Sabíamos perfectamente a quién invitábamos, ¿no? Pero lo testeamos primero, porque podés ser buen músico, pero tiene que haber química. Y cuando tocamos en “La Cueva”, casi que no queríamos que terminara nunca.
Por el disco pasan historias de varios personajes, y hay una en particular que es la historia del Calpean Star. ¿Ya conocías la historia del buque?
Un día, ¿viste que de repente Spotify te empieza a enganchar canciones? Ahí volví a escuchar un tema de hace 20.000 años de Gordon Lightfoot, al que no le había dado mucha bola, que era sobre un hundimiento de un barco (N. de R.: “The Wreck of the Edmund Fitzgerald”). Ahí pensé que no conozco muchas canciones uruguayas sobre hundimientos de barcos, porque hay una cantidad de barcos hundidos acá.
Y de repente me acordé que cuando tenía 14, 15 años iba a pescar al lado del Calpean Star, ahí, a la salida del puerto. Había un vecino que tenía una barca de pesca, una chalana para pescar, artesanal. A él le gustaba la pesca deportiva y de repente alguna vez me llevaba. Le rompí tanto los huevos que me llevó, y me hice amigo de él.
Estábamos ahí, viste, saliendo del puerto de Montevideo, con todo el oleaje, y de repente estás pescando y ahí al lado tuyo estaba la presencia de esos fierros, y ahí los pescadores empezaban a contar: “Acá pasó tal cosa, acá cada tanto sube el agua y a veces vemos un piano”. Yo era un niño y a mí me quedó eso.
Y entonces me puse a googlear y me volví a sorprender. Ahí dije: “Voy a escribir esto. Este personaje no se me va”. Además, ya teníamos los temas del disco. Este fue hecho en enero. Los últimos tres temas casi ni fueron ensayados.
Para la letra del tema “En el fondo forestal del día” tomaste un texto del escritor venezolano Vicente Gerbasi. Lo mismo, ¿cómo llegaste al texto?
En una época, antes de grabar mi primer disco, yo no componía letras, sino que musicalizábamos poemas. Agarraba un poema de Nicolás Guillén, por ejemplo, y lo musicalizaba. Estaba todo el tiempo comprando libros de poesía y un amigo me regaló un libro de poesía latinoamericana y estaba el poema ese, “En el fondo forestal del día”, de Vicente Gerbasi, que ahora me enteré que era venezolano.
A mí me encantaba ese texto, esa letra, sentía la música de él ahí. Y en aquella época le hice una música que era totalmente distinta a esta. Pasaron mil años y un día estaba tocando la guitarra y me acordé de ese poema, no sé por qué, y lo busqué en Google y apareció. Lo vi de vuelta y le hice una música, que era mucho más climática que la versión que hicimos nosotros, pero después la adaptamos a la banda. Pero también fue así: me volvieron cosas de otros tiempos.
Lo que saco en conclusión de todos estos años es que todos los días me levanto con la música en la cabeza. Y eso fue mi elección de vida desde hace más de 40 años y lo estoy logrando. Mal que bien, hoy tengo 64 años y desde adolescente siempre quise estar en la música y lo hice.
Hablando de volver a cosas de otros tiempos, también rescataste “Ella va 1 y ½” de tu disco “Primitivo”, de 1993. ¿Qué te dio por revisitarlo?
Estaba con mi señora en casa y estaba tocando con ella. Ella me había regalado un charango y me puse a divagar con el charango, y de repente empecé a tocar los acordes de esa canción, más sencillo, con cuatro acordes, más rockero. Al lunes siguiente lo llevé al ensayo y empecé a tocar eso, zapado, y quedó buenísimo.
En “Viejos” debe ser la primera vez que abordás el tema de la vejez, del deterioro físico y mental, todo eso que se nos viene a todos, tarde o temprano. ¿Cómo decidiste tocar esa temática, de la que poco se habla en la música uruguaya, al menos?
A mí me pasó con mis padres. De repente, en un momento, mi madre cada vez estaba más perdida, como en otro planeta, tenía demencia senil. Mi padre estaba bien, muy bien de la cabeza, pero tenía otros problemas. Estando ellos vivos, yo escribí esa canción, que habla de ese momento antes de la muerte, cuando ya sos viejo. Mis viejos, gracias a Dios, tuvieron una vida muy buena. Mi viejo murió con 93 años y ella con 87, o sea, son longevos. Es un momento de nosotros, los humanos, que pasa y me parecía que no tiene mucha publicidad.
Yo sé que es como una especie de bajón, pero yo necesitaba escribir eso, porque eso se nos viene a todos, ¿viste? No hay nadie que sea Superman. Vos ves que ya no se pueden mover, no se pueden ya valer por sí mismos, o no tienen ya ni las nociones básicas.
Era un momento emocional que yo estaba pasando con mis padres, que veía que se estaban muriendo, que estaban ahí como en un letargo y, a la vez, tan inevitable. Es muy cruel esta sociedad con las personas cuando llegamos a viejos.
Cambiando de tema, ya son 10 años de Mandrake y Los Druidas, y el año pasado se cumplieron 40 de tu primer disco. ¿Sos de hacer balances en esas fechas “redondas”?
Lo que yo saco en conclusión es que todos los días me levanto con la música en la cabeza. Y eso fue mi elección de vida desde hace más de 40 años y lo estoy logrando. Mal que bien, hoy tengo 64 años y desde los 18 años, o antes, que siempre quise estar en la música y lo hice.
Tuve momentos buenos, momentos malos, momentos más o menos, pero siempre estoy ahí en la música. Desde los 28 años que vivo solo de la música. Dando clases, muchas clases, todo lo que quieras, pero siempre vinculado a la música.
¿Cómo están preparando la presentación en vivo del disco en La Trastienda?
La Trastienda es un lugar muy cómodo para presentar discos. En algún momento que no estuvo, habíamos pensado en otro lugar, hacer un teatro, pero teníamos que hacer dos fechas, porque el teatro es más chico. Y en La Trastienda, además, el sonidista que generalmente trabaja con nosotros es el sonidista residente de ahí, es bastante locatario, tiene bien el pique.
Por supuesto, vamos a presentar el disco, no en el orden, sino que van a estar todas las canciones, pero mezcladas. Hicimos el primer ensayo mezclando todas las canciones y corrió muy lindo, porque también quería ver eso. No quería hacer un bloque de esto, un bloque de lo otro, sino que se hagan amigas las canciones. Vamos a hacer una puesta en escena, estamos trabajando también en las luces, tenemos muchas ganas para este show.
Foto: Santiago Rovella