Vidas Detrás de la Música: Martín Buscaglia

En esta nueva entrevista de nuestra sección Vidas Detrás de la Música, conversamos con Martín Buscaglia, quien el 10 y 11 de setiembre celebrará los 30 años de su primer disco, Llevenlé, en la Sala Rondeau. Referente de la escena musical nacional, nos cuenta sobre su infancia, sus inicios, la grabación de su nuevo álbum y más, para conocer al artista más allá de su carrera profesional.

Por Chenal Innamorato

Foto: Laura Cánepa

Martín Buscaglia recuerda su infancia entre distintos barrios y ciudades. Vivió en Malvín, después en Buenos Aires, luego en Barrio Sur, hasta recalar en la Mondiola, vórtice entre Villa Dolores, Pocitos y Parque Batlle. «Un barrio muy musical, muchos colegas en la vuelta desde siempre. Ahí viví hasta que me independicé, a los 21. Luego anduve por otros lares (Parque Rodó, Solymar, Punta Carretas, Madrid…) y ahora ya hace tiempo que nuevamente vivo en la Mondiola».

Hizo la escuela en el Colegio y Liceo Latinoamericano, «una especie de reducto progresista en el páramo de la dictadura», y ya con el regreso de la democracia cursó en el Liceo 12 Congreso de Tres Cruces y en el Instituto Alfredo Vásquez Acevedo (IAVA).

De la etapa escolar, recuerda «pasar mucho rato en la calle, la voz de tus padres gritando tu nombre para que “vayas volviendo” al oscurecer». Entre sus recuerdos aparecen las aventuras y juegos de aquellos años: «Tirarnos en chata con rulemanes desde una calle en bajada a velocidades extremas. Batallas de coquitos de las palmeras con cerbatanas de PVC. Jugar a la bolita, y mucho fútbol en la calle o en el parque Fermín Ferreira, donde ahora está el Montevideo Shopping, era un descampado enorme». También recuerda a los amigos del barrio, «de los cuales, aunque de ninguno soy íntimo al día de hoy, cuando me los cruzo hay una cercanía y complicidad invencible, como pasa con tus compañeros de la escuela». De su casa conserva dos sonidos: «El sonido de las teclas de la máquina de escribir de mi viejo y el de mi vieja en el piano practicando escalas y obras clásicas».

En la adolescencia continuó con el callejeo y las trasnochadas, pero también se acercó cada vez más a la música y la literatura. «Tenía un amigo, luego murió en Río de Janeiro, Camilo Arruabarrena: un poeta loco con el que curtí mucho, me refiero a la época de los primeros lugares contraculturales en el Montevideo post dictadura, tipo Juntacadáveres, Tertulia o Amarillo». Desde muy chico comenzó a frecuentar toques y movidas, donde era uno de los más jóvenes. «Un poco Forrest Gump». También recuerda que lo echaban bastante de clase en el liceo, aunque se define como «rebelde con respeto, digamos, más patafísico que otra cosa». Alternaba el lado callejero, «de caminar toda la noche filosofando compartiendo vino cortado», con la lectura extrema, «de ir a hacer los mandados caminando por la calle leyendo un libro».

«La música es un oficio creado para relacionarte con el tiempo. Siempre me quedó grabado el cuento El perseguidor de Cortázar, que explica esto con más palabras».

Tenía «una barra grande de amigos más asalvajados, digamos, de experimentar y muy sensibilizados por la música, y otra barra con una voracidad más intelectual». Cuenta que en un momento llegó a una especie de revelación: «Me acuerdo con claridad de darme cuenta de que precisaba y gustaba de ambos mundos. Cuando pasaba mucho tiempo en el desbunde y la cosa un poco más rota a la deriva, extrañaba el otro tipo de vuelo»; y cuando se volcaba en «disquisiciones y elucubraciones y estudios», sentía la falta de «lo otro más carnal». Para él, habitar ambas dimensiones fue «una decisión consciente», una «pequeña pero crucial revelación adolescente».

Según Buscaglia, esa forma de vivir era relativamente habitual en aquella época, cuando no todo estaba tan compartimentado y etiquetado como hoy: «Todo lo que hacés, estudiás, sos, tiene que tener un nombre exacto, como una coartada… era un tiempo más amigable para la originalidad, creo».

Sobre el presente, reflexiona: «Ahora tenés reels que te explican desde cómo pelar la fruta, a cómo doblar la ropa, a cómo llegar a los lugares interesantes de una ciudad, ¡hasta qué discos tenés que escuchar! Siento que en esos tiempos la sensación de vivir estaba más relacionada con la exploración intuitiva, atravesando una selva viendo cómo desmalezar caminos, sin saber si una baya era venenosa o no. Ahora más que exploradores somos náufragos en un océano infinito. Las nuevas generaciones son más sanas, pero el entorno es más insano».

Martín nos cuenta que no se acercó a la música, sino que siempre estuvo ahí al lado. «Pero me decanté por estudiar más seriamente en la adolescencia, creo que al tomar conciencia de la cosa gregaria que tiene el hacer música y su instantaneidad. De todos modos, los libros me influenciaron muchísimo, recuerdo la impresión de leer de adolescente la Antología de la poesía surrealista de Pellegrini, Vacío perfecto de Stanislaw Lem, Vacas, cerdos, guerras y brujas de Marvin Harris, o las novelas y cuentos de Mario Levrero». También recuerda las revistas que leía durante aquellos años: «La Bizz brasilera, y había un kiosco en la esquina del IAVA donde traían la Cerdos y Peces argentina. De Uruguay, las varias revistas “subterráneas”, tipo La oreja cortada, las conseguías en Villa Biarritz, que en ese entonces parecía un balneario de Rocha».

Al consultarle por los momentos más emotivos y memorables de su vida, responde. «Bueno, los personales me los guardo para mí». En cuanto a los musicales, asegura que son muchos. «Algunos a la vista de todos, como las 13 funciones de despedida de Cantacuentos que hicimos en el Teatro Solís, pero hay otros momentos bisagra que se dan tocando, grabando y componiendo, la aventura en miniatura». Entre ellos menciona los ensayos para el disco que está próximo a grabar: «Emotivos, memorables e íntimos». Para Buscaglia: «Todos estos momentos no se organizan en un ranking o escalafón, sino que forman como un hojaldre. Funcionan más bien como una multiplicidad de planos que conviven».

«Los ocho discos que hice me representan entre comillas, y creo que ninguno es redundante, cada uno tiene su énfasis diferente, y al mismo tiempo provienen de un mismo lugar».

Sobre la actual escena musical uruguaya expresa: «La música uruguaya es la que más me interesa escuchar, y puede emocionarme mucho (aunque que algo te interese no significa que te tenga que gustar. Yo qué sé, me interesa Netanyahu también, por ejemplo.)». Considera que actualmente existe «una escena viva, esto es: un ecosistema. Ahí entra de todo, cosas buenísimas y todo lo contrario. Pero me emociona siempre y estoy relativamente al tanto». Al contrario de con la literatura o el cine: «Donde el afán de estar al día amainó hace un tiempo ya y el regodeo pasa por volver a leer o visionar cosas».

Cuando le preguntamos cuál de sus álbumes siente que representa mejor la esencia de su música, elige Experiencias musicales, realizado a dúo con Antolín y editado por Los Años Luz, en Argentina. «Solo podría haberlo hecho habiendo hecho los que hice antes y los que hice después. Dicho sea de paso, no tengo idea de cómo lo hice, ni sabría cómo volver a hacerlo. Eso me pasa también con otros discos. Tengo mucha facilidad para aprender y mucha facilidad para olvidar». Más allá de su elección, señala que «Los ocho discos que hice me representan entre comillas, y creo que ninguno es redundante, cada uno tiene su énfasis diferente, y al mismo tiempo provienen de un mismo lugar».

Este año se cumplen 30 años de la edición de Llevenlé, su primer disco. «La música es un oficio creado para relacionarte con el tiempo. Siempre me quedó grabado el cuento El perseguidor de Cortázar, que explica esto con más palabras». Reconoce que buena parte de los elementos que todavía forman parte de su música ya estaban presentes en Llevenlé: «casi todos, te diría, solo que en encarnaciones primigenias, silvestres». En aquella época tenía unos 21 años y comenzaba a tocar profesionalmente. «Las primeras bandas que integré fueron Bajos Instintos, de Popo Romano y el trío de Tunda Prada. Le llevé un cassette con 3 o 4 temas a Alfonso Carbone, que dirigía el sello Orfeo». Entre esos temas había un demo realizado junto a Juan Campodónico: «Un tema que no quedó en el disco al final pero que probablemente toque en los festejos del 30 aniversario del disco. Se llama “Montevideo la loca”».

Por entonces, además, trabajaba dando clases de música en jardines de infantes, en talleres de expresión corporal y en cumpleaños. «Las pocas horas en que se grabó el disco fueron todas intercaladas con esas actividades». El disco fue grabado sin metrónomo y mezclado en una noche. «Pensá que era una era precomputadoras, los demos que hubo eran mentales, o grabaciones en cassettes de los ensayos». Entre sus recuerdos de esa época aparece la imagen de Ruben Rada: «En esa época tenía la edad que yo tengo ahora y recién había vuelto a instalarse en Uruguay, subiendo por la escalera de IFU, el black messiah, se abrían los mares de la música, impactante».

«Estoy grabando un disco nuevo. Este año ya festejé los 20 de mi tercer disco, y ahora los 30 del primero».

Para celebrar los 30 años de Llevenlé, Buscaglia se presentará el 10 y 11 de setiembre en la Sala Rondeau. Asegura que: «Este disco, quizás por haber capturado una energía exploradora juvenil, sigue conectando mucho con los melómanos jóvenes». Y recuerda una entrevista reciente a Samantha Navarro, quien también editó su primer disco en 1996: «Son discos hermanos, ambos colaboramos en el disco del otro y comparten un color, irradian algo similar». Navarro describió a Llevenlé como un disco con «una intensidad que ahora no existe». Buscaglia agrega: «Suscribo bastante esas palabras, el disco como un insecto atrapado en un ámbar en ese sentido».

Para estos shows convocó a una banda integrada por músicos jóvenes. «Una banda de músicos muy cracks y muy jóvenes. Literalmente el promedio de edad de la banda es de 22 años y medio… que es exactamente la edad que yo tenía cuando grabé Llevenlé». La banda estará integrada por Facu Guiondjian en bajo, Lolo Azcárate en batería, Santi Alves y Tommy Nieves en guitarras, Mauro Rodríguez en percusión y Juana Buscaglia en voces.

Se estará interpretando el disco completo. Buscaglia cuenta que: «Me alegró notar que no tuve que cambiar ningún tono de las canciones, de hecho, misteriosamente, me quedan mejor ahora».
Las fotos promocionales del show fueron realizadas por Laura Cánepa, quien también estuvo a cargo de las fotos del disco original. «O sea, va a ser un moño temporal de confluencia: pasado, presente y futuro. Además algunos de quienes participaron del disco original pasarán por el escenario también».

Actualmente el músico se encuentra trabajando en un nuevo disco. «Este año ya festejé los 20 de mi tercer disco, y ahora los 30 del primero, quizás eso influya en el impulso de estar haciendo también un disco nuevo, para no atravesar el espejo retrovisor». En octubre se va a Londres a mezclarlo, «en un estudio increíble súper old school». El disco nuevo tiene influencia de Llevenlé «en el sentido de que es analógico, a la antigua usanza total: grabado en Sondor con todos los músicos tocando en vivo, en pocas horas». En esta oportunidad tampoco realizó demos ni maquetas: «Como antes, grabé los ensayos y en base a eso laburamos». Sobre el resultado, expresa: «Estoy muy emocionado con este disco nuevo la verdad, como pocas veces, y eso que nunca fui comedido en cuestiones de emotividad».

Foto: Laura Cánepa