Santiago Tavella: “El mayor acto de amor que puedo darle a la gente es no darle importancia”

Por estas fechas, se cumple exactamente un año que Santiago Tavella dio un paso al costado de El Cuarteto de Nos, banda que integró desde sus inicios hace más de cuatro décadas. Desde entonces, el músico, artista visual y escritor se ha enfocado en Otro Tavella & Los Embajadores del Buen Gusto, haciendo de este su principal proyecto musical en el presente.

Hacia finales de 2024, vio la luz en formato vinilo y a través de plataformas digitales «TuYo», un trabajo recopilatorio que reúne once de sus canciones más significativas. La edición del disco marcó el inicio de una nueva etapa para la banda liderada por Tavella, funcionando además como una suerte de relanzamiento del grupo que a lo largo de diez años de trayectoria había permanecido en un segundo plano.

El próximo jueves 20 de marzo, a las 21:00 h en Inmigrantes (J.Paullier esq. Guaná) Otro Tavella & Los Embajadores del Buen Gusto se presentará en vivo, con un show que recorrerá el reciente lanzamiento y adelantará canciones de un nuevo álbum que verá la luz en el correr de este año. Las entradas para la fecha se pueden adquirir a través de RedTickets.

A propósito de todo esto conversamos con Santiago sobre el actual momento de su carrera, del proceso de “TuYo” y de su visión acerca de la transgresión en la música y otras disciplinas.

Por Liber Aicardi


Foto: Difusión

¿Cómo surge la edición de “TuYo”, este disco que es un repaso por las canciones de Otro Tavella y a su vez es tu primer lanzamiento vinilo?

Yo venía sacando cosas digitalmente y el primer disco que saqué fue “Fuera de la realidad” (2017), que salió en CD. Después seguí sacando discos y les ponía un código de bajada porque me di cuenta, una vez que una señora me dijo “ay, pero yo no tengo donde escuchar el CD”, yo le dije “no me gastes toda esta plata al pedo de CDs si no tenés dónde escuchar” (risas). Yo estaba en esa, seguía subiendo canciones a Spotify, y estuvimos charlando un día con Alfonso Carbone, un histórico de la música uruguaya por haber producido y generado muchísimos artistas, y me dijo que le interesaba lo que yo estaba haciendo y que le parecía que estaba bueno hacer un vinilo con su sello Bohemio, y que la parte digital la manejara con Montevideo Music Group como venía haciendo hasta ahora. Y me gustó, me gustó como objeto y me gustó que alguien le interesara, entonces dije “bueno, probemos… probemos dejar de ser independientes”, lo que implica simplemente tener que hacer todo y que otra gente trabaje conmigo. Sé que lo están haciendo con mucho cariño, realmente, y fue una experiencia muy interesante, además, por el proceso de hacer el vinilo. Yo tenía los másters de las canciones, las últimas canciones que había sacado la de “Colombina, la de veras” y la de «Pobre papá y mamá»; las había producido con Diego Azar y ahí había encontrado una cuestión de sonido que estaba mucho más buena. Entonces, le dije a él para hacer el masterizado del vinilo y fue una cosa hecha con mucho cariño, con mucho cuidado. Aparte, él es muy amigo de Luis Restuccia, que yo también lo conozco de toda la vida, nos grabó «Soy una Arveja» (1987). Luis sabía qué cosas hay que hacer para el vinilo y quedó un sonido realmente muy lindo, muy orgánico. Los discos estaban muy bien tocados, pero como que de masterizado y cosas por el estilo, le faltaba un toquecito. Es una cosa que yo venía viendo con Diego Azar desde hace tiempo, que él la maneja bárbaro, y es cómo agarrar una cosa y encontrar qué frecuencias están sobrando, qué cosa está demasiado comprimida, más que simplemente hacer un vinilo.

¿Cuál fue el criterio que tomaste para elegir las canciones a incluir?

Junto con Carbone, cada uno armó una lista y ahí fuimos viendo las que podían entrar, qué canciones eran las que, de alguna manera, eran las que más tocábamos en vivo, y fuimos llegando ahí a las once canciones. También hay otro limitante del vinilo, que es que si vos te pasás de los 20 minutos por lado, ya tenés que empezar a achicar el surco y a perder volumen, y a perder dinámica, y cosas así.
Entonces, fui probando y cada lado dura 19 minutos con algo, es un disco que se puede escuchar bien, si tenés una buena bandeja, vas a escucharlo lindo.
Yo me acuerdo que cuando salió el CD decíamos “¡podemos hacer 70 minutos!” y en su momento era interesante, era como que podías hacer un disco doble en un solo disco, ponele. Yo, ahora, lo que voy a grabar para terminar de hacer el disco que va a salir este año, seguramente no pase de los 40 minutos, porque lo voy a hacer pensando en que, si este vinilo funciona bien, que eso también salga en vinilo, vamos a ver qué pasa… Y este es mi proyecto ahora, también, entonces este disco es a modo de presentación, es como se dio; no lo pensé así, pero es como que venía trabajando de una manera muy independiente y hubo gente que agarró y dijo “queremos trabajar contigo”. Entonces, en ese sentido, yo lo lo valoro y lo agradezco mucho que hayan puesto el ojo en lo que estoy haciendo. Me gustó el gesto, llamémosle.

Cuando decíamos de hacer un disco con el Cuarteto, yo les pasaba las canciones que tenía, pero es como que estábamos agarrando para caminos muy distintos. Yo entiendo que no entraran, porque no sé si las canciones de Roberto de ahora entran en un disco mío.

Si bien no lo pensaste así, este disco tiene eso de relanzamiento del proyecto Otro Tavella, con lo que eso implica…

Con el Cuarteto hicimos eso en su momento, cuando empezamos a trabajar con Campodónico hicimos un disco que, ahí sí había una idea de grabar de vuelta pero fue como una cuestión de decir “este es nuestro repertorio”, una cosa así. Y fue una linda experiencia hacer ese trabajo y esto tiene algo que ver con eso, por más que son las grabaciones originales, pero es cierto que por ejemplo con el Cuarteto pasaba una cosa que los discos que se grababan acá en los 80s, en los 90s -yo creo que los discos esos habían cosas que estaban muy bien- pero, una cosa que nos decían los argentinos (N de R: en tono canchero) “seee, las canciones están buenas, tienen buenas letras, pero tienen que sonar más grande ¿viste? porque esto tiene que tener más producción”. Como que tenían un montón de cosas y nosotros, en cierta forma, buscando eso creo que con Campo encontramos esa cuestión y funcionó. El primer disco ese (N de R: “El Cuarteto de Nos”, 2004) no llegó a funcionar del todo, pero cuando hicimos “Raro” (2006), ahí sí fue que funcionó la cosa.
Y ahora, en este momento, la asociación con Diego Azar, para mí es muy fructífera, porque es una oreja muy fina y él es un tipo crítico. Es de la idea de que hay que grabar solo las canciones que son dignas de ser grabadas. Entonces yo le voy mostrando a la banda que yo tengo ahora: “el oso” Ucha en bajo y Santiago Lorenzo, que es socio de Diego Azar en un montón de cosas, y que es un tecladista fantástico, está Miguel Romano en batería, que es un tipo que no precisa metrónomo, toca bien, en tiempo y con swing, tiene un metrónomo adentro, no es cuadrado, es fino rítmicamente y grabamos un par de canciones, también tocó Álvaro Salas percusiones, que es un capo, es un amigo que aprecio mucho. Hicimos las grabaciones que se vienen para este año y que les tengo mucha fe porque tienen una cosa muy nueva, muy distinta. Porque uno tiene que ir cambiando, tiene que ir evolucionando, tiene que ir creciendo, no tenés más remedio. No podés quedarte…

Durante varios años compartiste los dos proyectos, el Cuarteto y Otro Tavella. A la hora de la composición ¿tenías en cuenta el destino de las canciones o estaba claro qué material iba para cada uno de ellos?

En realidad, la última canción mía para el Cuarteto es de 2014, que es “Wisky en Uruguay”, y después no quedaron más canciones mías. Cuando decíamos de hacer un disco, yo les pasaba las canciones que tenía, pero es como que estábamos agarrando para caminos muy distintos. Yo entiendo que no entraran, porque no sé si las canciones de Roberto (Musso) de ahora entran en un disco mío, si quisiéramos. Tenía una cosa como medio forzada, de un lado o del otro. Estamos yendo por caminos diferentes y se nota.

Está claro que en tus letras permanece aquél humor incorrecto que había en los primeros 15 o 20 años del Cuarteto. ¿Cómo te parás ante las polémicas que hay actualmente sobre el humor, en el sentido de que hay gente que cuestiona que no se puede hacer humor con nada, gente que se adapta, etc.? ¿Tenés alguna posición al respecto?

Sí, hacer lo que quiera es mi posición. Yo lo veo con mucha gente, sobre todo con respecto al tema del humor, que dice “no, no, porque ahora hay que cuidarse, porque no sé qué que no sé cuánto, que la gente…” Y yo creo que el mayor acto de amor que puedo hacer, que puedo darle a la gente, es no darles importancia. Sí, parece una contradicción. Pero es así, porque si yo estoy pensando en la gente, no estoy siendo auténtico, porque la canción es una cosa que me sale a mí y no entiendo cómo me sale. Si vos me preguntás, capaz que te puedo contar una anécdota, esta canción tenía que ver con tal cosa o tal otra, pero cómo es el verdadero proceso creativo, es algo que yo lo tengo dentro del mundo de lo no explicable, por decirlo de alguna manera. No podés racionalizarlo, es como algo que es así y está.

Y después de la composición ¿no volvés a repasar a modo de autocensura, por llamarlo de alguna manera?

Sí, evalúo si está bueno o no. Pero, no si se puede ofender tal o cual, ese parámetro realmente no es algo que me preocupe. Yo creo que en uno, como artista, tiene que tiene que primar lo que es uno. Yo pienso, por ejemplo, en los artistas de otras épocas que trabajaban por encargo, hacían cosas que estaban buenísimas, y el otro día le hice una entrevista a Eduardo Cardoso -que es un pintor un poco más joven que yo, y que este año fue a la Bienal de Venecia-, y una de las cosas que habíamos hablado que yo le doy mucha importancia y que él también, es que uno cuando es creativo no sabe bien de dónde te vienen las cosas. Yo soy un apasionado de la pintura, de la música, del arte en general. Lo consumo mucho y eso es lo que me alimenta y eso es lo que me hace hacer cosas, y esas cosas en la previa no la podes controlar de ninguna manera. Él estuvo trabajando, haciendo unas pinturas que tenían que ver con los pintores venecianos del renacimiento del 1500. Entonces, estuvimos hablando justamente de que estos eran tipos que trabajaban por encargo y les decían, “mirá, vos tenés que hacer un cuadro y yo quiero estar en el medio y quiero esto, aquello…”. Tenían un montón de reglas y los tipos se las ingeniaban para trascender a eso. Cumplían con el encargo pero iban más allá y yo creo que eso es lo que uno tiene que hacer: más allá de que cumplís con el encargo, tenés que ir más allá, tenés que poner una cosa que no sabés de dónde viene. Otra de las cosas que decíamos es que ahora hay mucha gente que hace pintura, o canciones, o cosas por el estilo, que son muy como ilustración de los temas de los que se está hablando y de lo que hay que hablar y lo que está bien y cosas así ¿por qué no hacen trampa?. Hablar de eso, pero pasarle por arriba y hacer algo que esté mejor que simplemente cumplir con el encargo. Porque los grandes artistas, sí, muchos trabajaban por encargo, hacían un encargo pero hacían una trampita y hacían unas obras que te ponían los pelos de punta.

Yo creo que el mayor acto de amor que puedo hacer, que puedo darle a la gente, es no darle importancia. Sí, parece una contradicción. Pero es así, porque si yo estoy pensando en la gente, no estoy siendo auténtico.

Ya hace un año que dejaste El Cuarteto de Nos, ¿pudiste tomar distancia de ese momento y ser consciente de que ahora este pasa a ser tu proyecto musical principal?

Sí, eso ya lo tenía muy claro. A mí lo que me pasaba es que yo lo que necesitaba era tiempo. Ese era el punto. Era decir “bueno, yo tengo este proyecto, tengo muy claro lo que yo quiero, quiero dedicarme a esto y para que esto funcione mejor tengo que ponerle más tiempo”. Y el año pasado, te diría que fue un muy buen balance en el sentido de los toques que hice en Uruguay en mi estudio, los famosos Encuentros Secretos, estuvieron todos muy bien. Y es un invento relativamente difícil de vender porque es medio caro, pero le doy muchas cosas a la gente. Ahora surgió esta cuestión de empezar a tocar en lugares un poco más públicos como
en Inmigrantes el jueves 20. Está apareciendo gente, también, que está trabajando conmigo a nivel de managereo y cosas así en Argentina, en Chile y acá en Uruguay, también. Entonces, van a empezar a pasar otras cosas, calculo. Pero el año pasado trabajando independientemente, toqué dos veces en Salto, que hacía mucho tiempo que con el Cuarteto no íbamos a tocar al interior a hacer shows solos, y anduvieron muy bien los shows a nivel de gente. Estuve dos veces en Chile, una primera vez en una sala, la Sala Master, que es una sala de la radio de la Universidad de Chile como para 200 personas, que se llenó, estuvo bárbaro, y a raíz de eso me invitaron a un festival de poesía y música. Ahí hice otras cosas que no son las que están en el disco este, unas cosas como un poquito más experimentales, y aproveché para hacer otro concierto en un lugar más chiquito, en plan encuentro secreto, una cosa como para 40 personas y lo lindo de esos viajes es que que no eran tanto esa locura de tocar en varias ciudades y no ver nada, de estar así nomás. Pude ir antes, hacer contacto con gente… En la primera ida a Chile, una de las cosas que hice fue ir a tomar un café con Carbone, del cual salió este disco y, después, en la segunda me encontré con Pedro Tyler que es un artista plástico amigo que vive allá, y quedamos colgados para hacer un proyecto con él y una artista amiga de él, hacer algo en Montevideo que implique un trabajo conjunto entre los tres, y son cosas interesantes.
Ahora, las giras que estoy haciendo, yo creo que potencian eso porque puedo juntarme con más gente, tengo más tiempo para decir “voy entre tal fecha y tal fecha». Ahora planifico más las cosas pensando en ir abriendo una red que vaya abriendo caminos por el hecho de que yo no sólo hago música, hago cosas visuales, de trabajar en conjunto con gente. Me interesa mucho este proyecto, que es un proyecto, supuestamente solista, pero involucra a mucha gente. Porque, de repente, el disparador es una canción mía, pero después hay mucha gente que va aportando cosas.

¿Qué podés adelantar del próximo show en Inmigrantes?

Es, un poco, presentar este disco que lo venimos tocando, hace ya mucho tiempo, porque son canciones que fueron decantando dentro del repertorio y, también, hay estrenos. El año pasado tocamos algunas canciones, pero eran shows chiquitos, para 40 personas, y este es un lugar más grande. Yo creo que esto va a ser una buena prueba para las canciones que grabamos el año pasado.

¿Qué otros planes tenés para el resto del año?

Hay cinco canciones que ya tengo grabadas, que van a empezar a salir este año. Ahora vamos a entrar a grabar otras cinco canciones más, como para completar el disco de este año. Estamos en etapa de selección, hay dos que están más o menos seguras y hay otras que le estamos buscando la vuelta. La idea es ir sacando mes, o mes por medio, una canción y después sacar el disco entero.

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