Lula Bertoldi, de Eruca Sativa: “Los artistas tienen que hacer lo que les nace, no ir en pos de la complacencia”

El presente de la banda argentina Eruca Sativa está signado por una vuelta a lo esencial: tocar, componer y dejar que las canciones encuentren su forma de manera natural. “A Tres Días de la Tierra”, su álbum de 2025, marca también el rumbo sonoro del nuevo material que se avecina y verá la luz el próximo año.

Lula Bertoldi (vocalista y guitarrista), Brenda Martin (bajista) y Gabriel Pedernera (baterista) construyeron un lenguaje musical propio, donde la potencia del rock noventero se conjuga con la libertad de explorar nuevos caminos. Una identidad que el trío ha desarrollado y consolidado a lo largo de casi 20 años de existencia.

El próximo 5 de noviembre, Eruca Sativa regresa a Montevideo para presentarse en Sala del Museo, con los locales Radio Tres abriendo la noche y las entradas están a la venta a través de RedTickets.

A propósito de esta nueva visita, conversamos con Lula sobre la libertad creativa, las búsquedas personales que nutren a Eruca y los desafíos de seguir creando sin perder de vista aquello que los moviliza, tanto en la música como en su forma de mirar la realidad que nos rodea.

Por Liber Aicardi

Foto: Paul Hernández

¿En qué momento de la gira del disco “A Tres Días de la Tierra” se encuentran actualmente?

Estamos en el tramo final ya. Es más, vamos a ver si no se da un estreno en Montevideo porque ya estamos ahí, al toque de estrenar algo, y puede ser que en Montevideo nos saquemos un poco el miedito de tocarlo en vivo. Estamos con un disco ahí, medio en el horno y con toda esa emoción de presentar cosas nuevas, que obviamente no las vamos a presentar ya. Van a empezar a salir en poco tiempo y el año que viene ya tendremos algún disco dando vueltas.

Ya hace un año y medio que salió “A Tres Días de la Tierra”, ¿cómo lo ves con la perspectiva del paso del tiempo y luego de haberlo tocado todo este tiempo?

Es un disco que creo que nos representa muy bien ahora. Por eso también lo que viene está medio atado a este disco. El trío sonando, muy rockero, cero experimental, súper crudo, súper visceral, súper vivo. Estamos como en esa etapa, una vez que cruzamos los tres la barrera de los 40, nos agarran cosas que a los 40 ya decís: “Che, ya di toda la vuelta, hice un montón de cosas y estamos para cosas que son vamo’ a los bifes”, sin ningún tipo de preámbulo: “Vamos a la sala, compongamos, grabemos y listo”. Estamos los tres, por suerte, muy en sincro siempre, eso es algo muy valioso de estos casi 20 años de banda.

Y ahora que nos pintó el “trío furioso” de vuelta, casi como el principio, casi 20 años después, estamos los tres en la misma página, no dejando escapar ese fueguito, porque por ahí uno se pone a veces en el estudio, sobre todo, “a ver, hagamos esta toma de vuelta”, y no estamos en ese momento de estar un poco quisquillosos, no con el audio, sino con la búsqueda de este ruidito, este solito y ese tipo de detalles. No. Estamos mucho más crudos en este momento. No sé si será una etapa que durará mucho tiempo o poco, o un par de discos. Por lo pronto, “A Tres Días de la Tierra” y “Dopelganga”, que fue el disco anterior, de versiones, y esto que estamos haciendo ahora están todos en esa línea del trío visceral, y a mí me convoca esa figura. Me siento muy identificada con eso, me siento muy cómoda en ese lugar, en los vivos también. Yo creo que en los vivos de Eruca se nota que estamos súper cómodos en este plan. Es absolutamente no querer ser nadie más que nosotros, porque a veces te dicen que ahora está el trap, que lo urbano, que lo digital, que lo que sé yo… No es porque queremos ser contra. Nos sale hacer esto y lo respetamos a full. Será lo menos de moda del momento, pero la verdad es que nos hace bien. Por lo menos a mí, que yo siento 19 años después de empezar con Eruca, querer seguir haciendo estas cosas. Tiene que ver con eso, con respetar lo que tenés ganas de hacer, porque si no, son muchos años.

¿Estas decisiones estéticas musicales fluyen naturalmente o lo conversan?

No, no se charla mucho, se toca mucho, que es distinto. Nos ha pasado en estos años que nos damos cuenta que por ahí hablando te quedás mucho en la palabra y después, como te dije antes, vamos a lo concreto, a los bifes, cuando “queman las papas” y nos sale. Lo que nos sale ahí es lo que respetamos, y este nuevo disco va a ser “toquémoslo a ver qué nos sale”, y nos sale esto. Por suerte, hay momentos donde hemos estado más experimentales, como en el “Seremos Primavera” (2019), que sí nos daban ganas de hacer algo más de laboratorio, escaparnos del trío, ver cómo podemos cambiarnos la ropa, digamos. Y ahora no, estamos “bueno, vamos a hacer el trío, un, dos, tres, y ya”. No estamos pensándolo demasiado y eso está bueno. Está bueno porque estamos en sincro.

No es es que queremos estar en contra de las nuevas tendencias. Nos sale hacer esto y lo respetamos a full. Será lo menos de moda del momento, pero tiene que ver con respetar lo que tenemos ganas de hacer y eso nos hace bien.

Cuando conversamos el año pasado, me decías que en ese disco la idea era salir a revolucionar y a mover cosas. ¿Cómo percibís como artista si el mensaje le llega al público o si hay una respuesta acorde a la que esperabas?

Lo que pasa es que yo no estoy esperando nada, lo hacemos porque nos gusta hacerlo a nosotros, tenemos ganas de hacer esto y ojalá a la gente le guste, y si no le gusta, también. Tiene que ver con una búsqueda personal. Pasó algo que me identificó mucho cuando Fito Páez en el Movistar Arena decidió tocar todo su último disco completo, que se llama “Novela”. Un disco que él contó que se trataba de algo que tiene que ver con una historia, que es un disco distinto. Más allá de los gustos personales, me pareció algo muy importante que dijo él y lo entendí en un muy buen sentido, pero no está a disposición del público como si él respondiera a una encuesta de qué es lo que más le gusta a la gente y toca lo que más le gusta a la gente. Él toca lo que tiene ganas de tocar, porque él es un artista. Lejos de compararnos con Fito, que es un ícono, siento que sus palabras fueron muy concretas y muy reales. Los artistas tienen que hacer lo que les nace, lo que tienen ganas de decir, lo que tienen ganas de hacer. No estar en pos de una búsqueda que tiene que ver con la complacencia. Ahí es donde creo que hay una equivocación: complacer al público, complacer lo que se está esperando del artista. Y de todo esto rescato, en muy buen sentido, porque tampoco es “ah, me voy a hacer loco”. Sino decir: “Che, yo tengo ganas de hacer un disco que es así, tengo ganas de decir estas cosas”. Todavía contamos con la libertad para hacerlo. ¿Por qué no lo haríamos? ¿A qué deberíamos responder si no es a una necesidad personal artística? Los artistas son quienes deberían tomar la historia, el presente e interpretarlo a su manera o reinterpretar cosas que tienen que ver con la existencia cotidiana. Si no es como seguir una moda por la moda misma y decir: “Bueno, ahora como todos hacen trap, yo voy a hacer trap, que es lo que la gente quiere escuchar”. ¿Qué tiene eso de artístico, de expresión artística si no es lo que naturalmente te nace? Obviamente, si es lo que te nace, bien por eso. Ahora, si vos estás persiguiendo algo que tiene que ver con la complacencia de la gente, hay un error ahí para mí, sin hablar particularmente de nadie.

Y lo que pasó con Fito, que la gente hacía ruido, miraba el celular y todo eso, me pareció primero una gran falta de respeto a un gran artista de nuestro país. Primero, estás pagando una entrada. No es que estaban en un festival y de golpe apareció Fito Páez. Fueron a ver a Fito Páez al Movistar, pagaron una entrada para verlo, él ya había dicho que iba a tocar su disco, lo había anunciado. Sin embargo, la gente se comportó así con él. Me re sorprendió eso, porque la verdad es que la discografía de Fito, para colmo, es súper vasta, tiene una cantidad de discos, una cantidad de temazos que puede tocar lo que se le canta y va a estar todo bien. Y rescato la actitud de él: plantarse así ante una situación que vos podrías decir: “Yo a mi público le tengo que chupar las medias”. Y no, al contrario: “No, pará, pará, pará, acá el artista soy yo y voy a hacer lo que yo quiera”. Más allá del caso particular de Fito, me parece que tiene un poco que ver con esto de que nosotros el disco lo hicimos pensando nosotros, por más egoísta que suene, tiene que ser así porque quienes van a estar defendiendo ese disco años y años somos nosotros, los que nos subimos en escenario y cantamos esas letras, tocamos esa música, damos notas y hablamos de las letras y de la música. Entonces, tiene que ser algo que realmente lo sientas con el alma y que lo defiendas con uñas y dientes. Si no, no tiene sentido.

Yendo más a tu faceta individual, estás involucrada en algunos proyectos como el ciclo Bestias y, por otro lado, te estás presentando en formato solo set. ¿De dónde te surge la necesidad de encarar estos proyectos?

El ciclo Bestias es un ciclo que nace de una necesidad muy puntual. Acá en Argentina, la verdad que somos fervientes defensoras de las mujeres en los escenarios. No solo desde lo que decimos y hacemos, sino también desde lo legal, porque hemos defendido una ley que, por suerte, rige en nuestro país, que tiene que ver con el cupo en los escenarios públicos y privados, en festivales donde se exige el 30% de presencia femenina o disidencias. Eso, la verdad, que habla muy bien de querer hacer las cosas equitativamente y descartar toda esta basura que nos quieren vender de la meritocracia, sobre todo en gobiernos como el que actualmente está en el poder, donde hay todo un relato de la meritocracia y de quién debe ocupar esos lugares, que es absolutamente falso y absolutamente una pantalla para ocultar que hay un montón de “dedocracia” por detrás —que siempre hubo—, pero en general, se habla mucho de la meritocracia en este país, en este momento, sobre todo.

Bestias es un proyecto en el que estamos con dos amigas y es un ciclo donde participan mujeres y disidencias, se arma un ensamble cada dos meses. Este año responde a temáticas, por ejemplo: la última fue Bestias Tamboreras, donde son todas mujeres a las que convocamos, armamos la banda, armamos el ensamble, se hacen dos ensayos y se toca siempre en un centro cultural. Y la verdad que nos da muchísima satisfacción. Ya es el segundo año del ciclo y siempre es rotativo quién ocupa cada lugar, siempre son distintas bateristas, siempre son distintas bajistas, así, todo el tiempo, lo cual logísticamente es un gran desafío de producción, de todo lo que es la convocatoria, del armado, pero es súper satisfactorio. La verdad que es hermoso porque la gente puede conocer un montón de músicas de Argentina. Cada dos meses conoce músicas nuevas, porque el gran discurso es: “Pero no hay mujeres que toquen la batería, no hay mujeres bajistas…”. Bueno, vengan al ciclo y cada edición ves una bajista nueva, una baterista nueva y son todas muy bestias, en el sentido que se tocan todo. Por eso el ciclo se llama así: Bestias. La verdad nos llena de orgullo y cada edición va creciendo un poquito más, lo disfrutamos un montón.

Y el set medio acústico, medio sola, se llama “Cancionero” y nació este año. Siempre me invitaban a tocar shows sola y yo, la verdad, que no tenía ningún show armado, y este show se fue gestando de a poco. Los cancioneros son esos libritos que uno va guardando con las letras que nos gustan y los acordes que nos gustan y que vas coleccionando por toda tu vida, entonces estas son unas canciones que me acompañaron casi toda mi vida. Por eso toco temas que tocaba cuando era muy chica, toco temas de María Elena Walsh, toco temas que ha interpretado “la Negra” (Mercedes) Sosa, toco canciones que me gustan mucho de los 90s, que me acompañaron con mis bandas de covers. Después toco temas míos también que compuse para Eruca, pero la verdad es que se arma todo esto en base a un relato que voy haciendo de las canciones que voy tocando y por qué las elegí. Y la gente se re engancha, la verdad que es un show re especial, muy distinto a ir a ver Eruca, muy diferente. Se arma otro clima que nada que ver. Yo lo disfruto un montón, es un momento de catarsis total para mí, cada show cambia un poco la interpretación de cada canción. Como estoy sola y no dependo de otros músicos, las canciones van mutando en vivo.
Un día lo hago de una forma, otro día lo hago de otra forma. Tiene que ver con cómo estoy ese día, con cómo está la gente, todo lo que tiene que ver con un show que es súper dinámico con lo que está sucediendo.

En Argentina, la verdad, que somos fervientes defensoras de las mujeres en los escenarios. No solo desde lo que decimos y hacemos, sino también desde lo legal. Eso habla muy bien de querer hacer las cosas equitativamente y descartar toda esta basura que nos quieren vender de la meritocracia.

¿Sentís que estos espacios te nutren para después volcarlo en Eruca?

Sí, totalmente. Todo lo que hacemos —porque incluso mis compañeros de banda, que también trabajan mucho por fuera de Eruca— nutre mucho el proyecto y nosotros lo sabemos. Por eso lo fomentamos, por eso queremos que cada uno tenga su espacio de búsqueda personal, porque si no es como que todo nace y muere en un mismo proyecto. Es muy difícil que surjan cosas nuevas si siempre estás con lo mismo dando vuelta. Cuando vos te nutrís de cosas que pasan por fuera, eso hace que todos podamos aportar cosas nuevas y diferentes a un trío que hace 20 años que está.

Es habitual verte en las fiestas ¡FA! y en la última, en el Movistar Arena, cantaste “La Bestia Pop” y “Un Poco de Amor Francés”, de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. ¿Qué te parece que se perdió, más allá de lo obvio de su presencia física, con la muerte del Indio?

Creo que se perdió una presencia física en el plano este concreto y de lo que “El Míster” —como le decíamos— podía seguir generando, porque él seguía escribiendo y seguía generando mucha música por año, era un tipo muy prolífico. Pero más allá de eso, creo que se agrandó. Su legado se agrandó, se hizo enorme. Haber podido estar un mes escuchando, que lo único que pasaban por todos lados era Los Redondos, para mí fue súper satisfactorio. Desde mi ego de fan de Los Redondos, fue hermoso eso, fue como una justicia poética a una banda que realmente es del inconsciente colectivo de los argentinos. Es algo que relata nuestra historia y la historia mundial también, porque en letras como “Fuegos de Octubre” habla de un montón de eventos que trascienden nuestro país. El tipo ha escrito unas cosas que al día de hoy yo digo: “¡Qué guacho, mirá lo que escribió!”. Realmente un poeta, un tipo muy leído, muy instruido, muy irónico, muy ácido. Entonces, yo creo que la muerte del Indio lo que hizo fue hacerlo más grande todavía de lo que ya era. Sí, obvio que es una presencia que se va a extrañar. Y yo creo que su muerte revalida la transversalidad de su persona, la transversalidad de ese personaje, porque realmente había gente en zonas más pudientes del país llorándolo, y gente de barrios más precarios llorándolo. Por eso digo que es una figura absolutamente transversal, tan representativa de los argentinos, donde ponés “Jijiji” en cualquier bar y la gente lo canta. Es tan de acá, porque realmente no es que es una figura de exportación, es tan argentino… Entonces, creo que lo vamos a recordar por muchísimas décadas y se va a hacer cada vez más grande su legado.

¿Por dónde viene el próximo show de Eruca este 5 de noviembre en Sala del Museo? Ya vi que un fan les pidió por X que tocaran “El Balcón” y ustedes dijeron que sí…

(Sonríe) Sí, piden cosas. La gente pide cosas —que me parece muy bien— y las respetamos, tomamos nota y las terminamos haciendo. A diferencia de cuando fuimos a presentar el disco, va a ser mucho más variado en cuanto a repertorio. Puede ser que tiremos alguna joyita de estreno, puede ser… vamos a ver si nos animamos. Sería muy bueno porque un par de semanas después tenemos el show de cierre de año de Eruca donde vamos a presentar unos temas nuevos, vamos a ver… Siempre una fiesta ir para allá, nos encanta ir a Montevideo.

El Indio Solari relata nuestra historia y la historia mundial también, porque en letras como «Fuegos de Octubre» habla de un montón de eventos que trascienden la Argentina. El tipo ha escrito unas cosas que, al día de hoy, yo digo: ‘¡Qué guacho, mirá lo que escribió!

¿Cómo arranca el 2027 para Eruca Sativa?

Con la salida de un material nuevo, que no sé bien cuándo va a ser, no puedo estimarte una fecha, pero sí te digo que ya el disco está ahí en vías de grabarse, estamos con toda esa emoción, con ganas de mostrarles el material porque estamos re entusiasmados.

Ya me comentaste que sigue la línea musical de “A Tres Días de la Tierra”. Pero en cuanto a la lírica, ustedes tienen mucho de ser cronistas de nuestro tiempo, ¿de qué habla Eruca hoy?

Yo creo que es una charla que tendremos el año que viene, Liber (risas), cuando escuches el disco y digas: “¡Ah, mirá para dónde agarraron!”.

Además 2027 es año electoral para ustedes…

¡Uh! Sabés cómo estamos, ¿no? Estaremos “con tutti” diciendo cositas…

Y al margen de eso, son los 20 años de la banda, supongo que hay doble festejo: por el disco nuevo y por los 20 años…

Sí, vamos a tirar la casa por la ventana.

Foto: Difusión