Leonardo Baroncini: “Que se reconozca a Los Tontos después de tantos años es muy sanador emocionalmente”

En el año del 40° aniversario del álbum debut de Los Tontos —la banda más popular de la década de los 80’s— este jueves 16 de abril en el Auditorio Nelly Goitiño (Sala B), se estrena “Afilo Mi Gillette, Un Relato Imprudente Acerca de Los Tontos”, dirigido por Ignacio Jaunsolo y Juan Meza. Las entradas están a la venta a través de Tickantel.

Entre el archivo, testimonios y la documentación del reencuentro/despedida del grupo que se produjo en noviembre de 2024 la mano de El Gavilán, el documental revisita una historia atravesada por el humor, el éxito, la incomodidad, pero también refleja el presente de un vínculo que sobrevivió al tiempo, la distancia y la ausencia de su frontman Renzo Teflón.

“Afilo Mi Gillette, Un Relato Imprudente Acerca de Los Tontos” también tendrá sus proyecciones en el interior del país el viernes 17 en Colonia Shopping, Carmelo, Treinta y Tres, Young, Salto y Paysandú.

A propósito de este nuevo mojón en la historia de una banda que encontró en el absurdo y el sarcasmo una forma de escaparle al nihilismo que proponía la escena rockera de la época, conversamos con su baterista Leonardo Baroncini.

Por Liber Aicardi

Foto: Difusión

Comencemos retomando la entrevista que hicimos previo al show Los Tontos 2.0, en noviembre de 2024. ¿Cómo viviste ese recital?

El recital fue una cosa extraña, porque recuerdo que unos días antes mi mujer me dijo: “¿Estás nervioso?”. Y yo le digo: “No, estoy excitado, tengo una excitación bárbara”. Cuando empezó el concierto me vino una cosa en el estómago: “Uy, espero que salga bien después de 36 años sin tocar en Uruguay”. Pero apenas le di los primeros golpes a la batería ya estaba en mi elemento. Y además el público respondió tan bien, estaba la sala agotada y todo salió bien, entonces fue una experiencia maravillosa. No podíamos habernos despedido de este proyecto —que había quedado con el libro abierto en la última página— y cerrarlo de esa forma, con el amor del público, un concierto que salió tan bien y tocar esos temas que nos gusta tanto tocar; fue una despedida maravillosa que siempre quise hacer.

Así que dos por tres miro y no puedo creer que haya salido todo tan bien, que no haya habido ningún tipo de problema de nada, y me alegro mucho de haberlo hecho. Después querían que toquemos por acá, que toquemos por allá; Gavilán (Sebastián Gavilanes) querría seguir tocando con nosotros de vez en cuando, lo mismo Xavier (Pereira) y “Tato” (Millot), pero nosotros creemos que Los Tontos son una banda de los 80’s, que pertenece a los 80’s y debe quedarse en los 80’s. Entonces tenemos otros proyectos y no queremos seguir currando con lo mismo, más con la ausencia de Renzo. Así que cerramos un libro y de muy buena manera, mucho mejor de lo que nos esperábamos, y estamos infinitamente agradecidos a Gavilán por la iniciativa, por su tesón y su capacidad organizativa.

Además, no sé si llegaste a percibir que entre el público había gente de varias generaciones…

¡Había niños y abuelos también! Supongo que los padres le mostraron a los hijos, a los nietos, no sé. Si la banda le llegó a la gente, se ve que le llegó profundamente. Yo decía: “Ojalá llenemos la sala, no me gustaría tocar para media sala”. No pensamos que después de 36 años de ausencia hubiera gente que nos fuera a ver. Porque otras bandas se quedaron tocando, hicieron otras formaciones, después se reunieron de nuevo; Los Traidores se reúnen cada tanto, por ejemplo, entonces están presentes en las vidas de los uruguayos. Pero nosotros desaparecimos, entonces no sabíamos lo que podía pasar realmente. Fue maravilloso, un regalo y una caricia para el alma.

Antes de que El Gavilán comenzara con toda la movida, ustedes no se conocían con él, ¿cómo fue ese encuentro en persona?

Con Gavilán nos conocimos por teléfono y después nos encontramos acá. Es una de esas cosas curiosas; yo lo dije en el concierto: con Gavilán nos hicimos amigos instantáneamente, tenemos tantas cosas en común y además es como si el universo nos hubiese regalado este hermano menor que no sabíamos que teníamos. Entonces es maravilloso; tenemos mucho amor con Xavier y el “Tato” también. El Gavilán, aparte de ser un musicazo espectacular y una persona divina, es un tipo que tiene una capacidad de organizar… Fijate que hacer un homenaje y convocar a todos esos artistas, también coordinar los ensayos con todos, conseguir las salas de ensayo, hacer un organigrama de quién ensaya qué… te digo, una tarea ciclópea, una cosa impresionante, pantagruélica. Por supuesto, tiene toda nuestra admiración y agradecimiento.

Con Calvin creemos que Los Tontos son una banda de los 80’s, que pertenece a los 80’s y debe quedarse en los 80’s. Tenemos otros proyectos y no queremos seguir currando con lo mismo, más aún con la ausencia de Renzo.

Todo este proceso de cierre también incluyó un libro (N. de R.: “Los Tontos”, Rosana Malaneschii – Estuario) y ahora se continúa con la película “Afilo Mi Gillete”, dirigida por Juan Meza e Ignacio Jaunsolo. ¿Cómo surgió específicamente la película?

Surgió porque Juan Meza, que es un cineasta uruguayo pero que vivió muchos años en México, amigo de Gavilán, empezó a documentar todo el proceso que hizo Gavilán con el homenaje y luego con el concierto con nosotros, Calvin y yo. Entonces salió esa iniciativa y había muchísimo material. Luego intervino “Nacho” (N. de R.: Ignacio Jaunsolo, co-director del film) con Ska Films y dijeron: “Vamos a hacer esto”.

Y entonces creció un poco el proyecto, que es una especie de documental-película. Un trabajo precioso que han hecho, que yo te digo: le estamos muy agradecidos porque viste que pasan los años y la historia se va difuminando. Entonces es importante, al menos para nosotros emocionalmente, que haya un registro.

¿Cuál es el espíritu de la película?

El espíritu es documentar ese proceso que hizo Gavilán y cómo lo vivimos nosotros. No es un documental propagandístico. Hay tres o cuatro personas que fueron importantes o que vivieron aquella época de Los Tontos y, ya te digo, no es un documental en el que Los Tontos son maravillosos, nada de eso. Es una cosa más: es informativo, por supuesto, pero pinta la realidad como fue, sin ese letrero de neón de propaganda, como hay otros documentales que son así, y a mí eso me gusta mucho. Se aborda, por ejemplo, lo que pasó en Montevideo Rock 2, que me parece importantísimo, porque si fuera un documental de propaganda tal vez eso lo saltearían; y a mí me parece que es muy fiel a la realidad. Me gusta mucho más lo que dicen las personas que hablan y que recuerdan aquella época. Después hay cosas íntimas de cuando llegamos al aeropuerto y cosas por el estilo.

¿Cómo tomás cuando pasa el tiempo y de repente reciben el reconocimiento al valor de la obra de Los Tontos, venga de parte del público o de los propios colegas?

Por supuesto que es muy gratificante, a veces un poco sorprendente, pero principalmente muy sanador emocionalmente, porque nosotros tuvimos detractores; fuimos una banda muy polémica y muy polarizante. Decíamos las mismas cosas que decían otras bandas de rock, pero lo hacíamos con un vehículo distinto, con una estética distinta, y a veces había como una disonancia: “Dicen esto, pero de una forma jocosa y no se visten de negro, son sarcásticos”. El enojo lo teníamos, pero lo expresábamos de otra manera. No lo expresábamos a través de panfletos, no lo expresábamos a través de una estética uniforme, no. Lo expresábamos con un humor negro, con cierta dosis de amargura y con mucho sarcasmo. Y sin decir las cosas directamente. Nunca fuimos panfleteros. No nos gustó decir: “Está todo mal, ¡qué espantoso!”. Nos gustó decir más bien: “Qué lindo que anda todo, ¿no?”. Era más bien así, por el lado del absurdo, porque los tres teníamos esta afinidad e influencia del dadaísmo, de romper un poco con lo establecido, salirnos un poco de la norma. Nosotros decíamos con Renzo: “Nosotros queremos ser iguales a los diferentes”. Entonces usábamos el humor y el sarcasmo.

¿Pagaron muy caro el precio de ser los primeros de la generación posdictadura en ser exitosos?

Y… sí. De repente tres loquitos aparecen y llegan al destino antes que nadie, eso descolocó un poco a la familia del rock uruguayo. Hubo envidia, hubo celos; incluso nos descolocó a nosotros, los que menos esperábamos fuimos nosotros, lo pagamos muy caro.

Además, creo que es una característica de Uruguay. Hay muchas bandas exitosas ahora que tienen detractores inmediatamente porque son exitosas. No entiendo eso, yo. Además, recordemos que salimos de una dictadura en un tiempo de mucho enfado, mucha confusión, mucha violencia, y estaba eso de que “si no sos como nosotros, entonces estás en contra nuestro”. No importa que digas lo mismo con otra estética. Y eso nos ocurrió. Entonces, todo esto que está pasando es emocionalmente muy sanador para nosotros. Algunos dicen que se ha hecho justicia. No lo vemos de esa manera, pero el reconocimiento y aceptar de muy buena manera que tuvimos cierto peso en la expresión del rock, nos devuelve un poquito el lugar que perdimos, creemos, injustamente. Y entonces, eso para nosotros es monumental.

El enojo lo teníamos, pero lo expresábamos de otra manera. No lo expresábamos a través de panfletos, no lo expresábamos a través de una estética uniforme, no. Lo expresábamos con un humor negro, con cierta dosis de amargura y con mucho sarcasmo.

Más cuando estuvieron décadas inactivos como banda…

Es una cosa que es como una bola de nieve, está pasando de todo con nosotros. Y me recuerda un poco a nuestros inicios. Nosotros empezamos a tocar en el garaje de Calvin, para nosotros. Un día nos invitaron a tocar en una fiesta de 15. Después fuimos a tocar a Graffiti y había doce personas, ocho eran amigos. Y de repente, por iniciativa de Gustavo Parodi —a Carbone le faltaba un tema para el disco Graffiti—, nos dio diez horas para grabar. Y dijo: “Si me gusta el tema lo pongo en el disco y, si no, quedamos amigos como siempre”. Le gustó el tema, lo puso en el disco y, para nosotros, tener un tema en un disco ya era bárbaro, ya llegamos, ya nos alcanzaba. Después pasó lo que pasó: grabamos el disco, después fue disco de oro, después el programa de televisión, hicimos 208 conciertos. Pasaba de todo, todos los días había algo nuevo. Y ahora parece un poco eso también: ahora el documental, después están pensando en hacer otras cosas también con el concierto, tal vez una película sobre el concierto que hicimos. Y es sorprendente, divertido, un poco descolocante, porque yo pasé treinta y pico de años de anonimato, venía a ver a mi familia; ahora, tengo una cantidad de entrevistas.

Es cierta responsabilidad también, y queremos que la gente sepa que no queremos currar con Los Tontos; por eso no vamos a tocar más con Los Tontos.

Este año se cumplen 40 años del primer disco de Los Tontos, ¿cómo lo ves a la distancia?

Fue una cosa increíble. Yo recuerdo que cuando tocamos, hicimos la presentación de Graffiti con todas las bandas en el Teatro de Verano, y la respuesta del público nos dejó de boca abierta. Luego salió el disco y yo recuerdo ir en un ómnibus —en esa época todavía podía andar en el ómnibus, porque hay un momento en que no podía andar ni por la calle—, y pasó el ómnibus enfrente al Palacio de la Música y estaban todas las vidrieras del Palacio violetas con la tapa de nuestro disco; eso fue una cosa que me dejó helado. Cuando Carbone nos llamó para decir que teníamos un disco de oro, también fue una cosa que no podíamos creer lo que estaba pasando. En aquella época, vender 500 copias de un disco de una banda de rock en un año era una hazaña. Los Estómagos habían vendido 700 copias en un año, y 700 era más que una hazaña. Vender un disco de oro en un mes y medio —eran 3.000 copias— era una cosa que no podíamos creer: la convocatoria, cuánta gente le estábamos llegando.

Y yo creo que había una necesidad, aparte del underground, aparte de todo lo oscuro y aparte de todo lo negro que había en el movimiento del rock nacional; creo que también había una necesidad de liberación de eso. Y no digo liberación con un humor chabacano, con música solo para bailar, completamente vacía. Creo que, me parece a mí, la gente tenía la necesidad de absorber ese mensaje, pero de otra forma. Supongo que la aceptación que tuvimos tuvo que ver con el mensaje que dábamos a través del humor. Por ahí se dice: “Los Tontos no fueron entendidos”, y nosotros nos preguntamos: “¿Por quién no fuimos entendidos?”, porque no por el público. El público iba a todos lados donde tocábamos, compraba todos nuestros discos; creo que nos entendieron muy bien. Creo que no fuimos aceptados por un grupo de lo que era la familia del rock, más que nada, porque no se identificaban con nosotros, porque nos vestíamos con colores llamativos, muy basados en el dadaísmo.

Es inevitable, al hablar de Los Tontos, mencionar la figura de Renzo. ¿Cómo lo recordás a nivel musical y personal?

Renzo, para mí, fue el más punk de los punks, porque incluso lo dijo en entrevistas: “Yo no quiero estar en el candelero, no quiero nada de eso”. Y su música —no tanto la ejecución, pero el contenido—, a mí me parece brillante. Sus letras son increíbles para mí, tienen un peso tremendo, unas imágenes muy locas y reflejan mucho sus demonios, su pelea interior. Y, por suerte, unos diez días antes de su muerte —yo estaba en Indianápolis— me llama un amigo común, que estaba muy enfermo.

Yo no sabía si llamarlo o no, porque una persona está en el hospital y uno no le quiere dar estrés. Inmediatamente le conté a Calvin y mi mujer me dijo: “Mirá, no importa cómo te atienda, llamalo, porque si no lo llamás te vas a quedar toda la vida pensando”. Entonces lo llamé y, por suerte, hablamos, nos cagamos de risa y nos prometimos vernos. Pero claro, diez días después falleció. Y Calvin, además, con su típico humor, le llamó y le decía: “¿Qué hacés, Renzo? Me enteré que estás en un hotel de cinco jeringas”. Se cagaba de risa Renzo…

A nivel personal y de amistad con Renzo, pudimos cerrar ese círculo. Lo que quedó pendiente fue la parte artística; ahí nunca logramos ponernos de acuerdo, esa es la verdad. Pero lo más importante es que quedamos bien en lo humano.

Por ahí se dice ‘Los Tontos no fueron entendidos’, y nosotros nos preguntamos ‘¿por quién nos fuimos entendidos?’. Porque el público iba a todos lados donde tocábamos, compraba todos nuestros discos. Creo que nos entendieron muy bien.

¿Cuáles son tus expectativas sobre lo que puede suceder ahora con la película?

Solo espero que a la gente le guste. A mí me gusta, a Calvin también; es un muy buen trabajo y la expectativa es esa: que a la gente le guste, que lo disfrute y que lo reciba bien. Siempre habrá algunos que no; hay a quien le gusta Spielberg y otros que no, qué sé yo. Pero eso es una cosa que pasa en todos los ámbitos. Y yo voy a ir a tres de las presentaciones; hay una que tiene una sesión de preguntas y respuestas. Eso también nos gusta, nos gusta hablar con la gente. Después, como te decía, parece que va a haber otras cosas. Lo que sí tenemos muy claro con Calvin es que no queremos tocar más y que no queremos diluir lo que pasó ese 9 de noviembre, en esa despedida en la que nos fuimos muy arriba en ese sentido, al menos emocionalmente, y no queremos diluir eso para nada.

Otra cosa que emocionalmente significó mucho para mí fue cuando salimos después de tocar y había un montón de gente en el pallier de la Zitarrosa: firmar autógrafos, hablar con la gente, sacarnos fotos… siempre tuvimos una buena onda con el público, entonces fue como volver atrás un poco. Emocionalmente fue muy lindo. Nos despedimos; es algo que yo siempre quise, pero cuando Renzo podía, nosotros no, o cuando nosotros podíamos, Renzo no quería. Pero nos fuimos muy mal, no nos despedimos del público porque estábamos mal entre nosotros. La gente cree que nos separamos por lo de Montevideo Rock 2; es ridículo: hicimos 208 conciertos. 207 a 1 vamos ganando. Y en menos de tres años. Así que en los escenarios no vamos a estar más. Si aparecen más cosas, bienvenidas sean.

Leonardo Baroncini (Trevor Podargo) en vivo en el show Los Tontos 2.0. Sala Zitarrosa, noviembre 2024.
Foto: Paul Hernández
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