El cantautor Gonzalo Deniz y el escritor Marcelo Rodríguez Arcidiaco (autor del libro “Darnauchans. Entre el Cuervo y el Ángel”, 2012 – Perro Andaluz Ediciones) llevan adelante desde fines de 2024 “Darnauchans – Canciones con Historia”, un espectáculo donde las canciones del “Darno” encuentran un nuevo lugar en la interpretación del primero con el entorno de los relatos de sus historias a cargo del segundo.
Lejos de la lógica del tributo convencional, la propuesta se instala en un territorio más íntimo. No se trata solo de revisitar un repertorio fundamental de la canción uruguaya, sino de volver a ofrecerlo atravesado por su contexto y memoria. Hay algo de ceremonia en cada encuentro, de culto pagano, donde la investigación dialoga con la emoción y donde el público no asiste únicamente a un concierto, sino a una experiencia compartida en torno a la figura siempre presente de Eduardo Darnauchans.
La próxima presentación será el 7 de marzo, a las 21:00 h, en Sociedad Urbana Villa Dolores, con una puesta en escena especialmente diseñada para la ocasión. A propósito de ello, conversamos con Gonzalo y Marcelo.
Por Liber Aicardi
Foto: Laura Ferrer¿Cómo surgió el espectáculo?
Gonzalo — Yo creo que hay varios comienzos. Por un lado, con Marce hace tiempo venimos haciendo una dinámica de encuentros y de conversar sobre música, particularmente sobre mi discografía. Ya nos conocíamos de antes, de los conciertos y de vernos en instancias de conciertos propios o ajenos. Yo también conozco el libro que publicó Marcelo y yo creo que tiene que ver con el aniversario de Darnauchans, cuando se reedita “Entre el cuerpo y el ángel”, donde él estaba haciendo una serie de presentaciones del libro y, en un momento, hubo una instancia de presentación musical cuando se hizo en la Intendencia de Montevideo. Yo iba a participar y no pude porque me enfermé. Y te dije que tenía varios comienzos… Hace años me invitaron a participar en un tributo a Darnauchans y me dijeron: “Nos pareció que esta canción era perfecta para que la hicieras vos”, y era “Desconsolados 2”. Al tiempo, años después, del proyecto No Viento de la Luna me contactan y me proponen un par de canciones, entre ellas “Desconsolados 2” también. Entonces yo dije: “Hay algo acá que ven distintas personas, que yo puedo interpretar esa canción”. Y a partir del espectáculo No Viento de la Luna está ese trabajo ya sobre una obra de Darnauchans. Luego está esta presentación del libro, en la que yo iba a cantar y me enfermé y no pude ir, pero estaba enfermo y me estaba quedando en una casa en Punta Colorada que se llamaba “Sansueña”. Increíble.
Marcelo — Y siguiendo la línea de lo que dice Gonza, la idea también era, de alguna manera, poder seguir defendiendo el libro. A mí me parecía, primero, que había una fórmula personalísima de interpretar a Darnauchans de parte de Gonzalo, que en ningún momento se perdía la identidad de él como artista y tampoco se perdía de vista que estaba interpretando canciones de Darnauchans. Entonces yo sentía, en lo que iba escuchando, que había un equilibrio justo. A mí se me ocurrió esa idea de plantearle armar este espectáculo que fuera por ahí: elegir algunas canciones del “Darno” y contar las historias que había detrás de esas canciones. El repertorio estaba un poco condicionado por eso, porque no todas las canciones tienen historias detrás o historias dignas de ser contadas. Y después, por otro lado, nosotros lo que nos propusimos es que, de alguna manera, en el espectáculo estuviera contemplada más o menos toda la discografía de Darnauchans. Yo creo que la investigación tiene ese valor: encontrar algunos detallecitos que hacen que, cuando vos estás escuchando la canción, no lo sabés y digas “Pero mirá, tiene este valor agregado, tiene este ‘IVA’, tiene este otro, pasó esto, pasó esto otro”. Y me parece que eso hace que el espectáculo se convierta en una cosa interesante, que la gente se va como bastante plena cuando lo ve.
Una vez que se reunieron para armarlo, ¿cómo definieron el contenido propiamente dicho en cuanto al repertorio y las historias?
Marcelo — Creo que el primer paso que hicimos fue sugerirle a Gonzalo una serie de canciones que yo entendía que podían tener historias para contar. Pero a su vez, después Gonzalo sumó alguna más que a él le interesaba tocar, como “Canción de Quien Se Sabe Nadie”, y justamente eso genera una anécdota un poco graciosa, porque la canción justamente no tiene historia. No le habíamos encontrado historia…
Gonzalo — Termina teniendo historia a partir del espectáculo, precisamente, en el sentido de que la introducción de la canción era que no tenía historia, que nadie sabía de dónde venía, cómo había llegado a ser grabada en “El Ángel Azul”, más allá de lo que sabía Alejandro Ferradás. Y a partir de alguien que va a ver el espectáculo y nos contacta, nos enteramos de que la letra no era de Washington Benavides, como nosotros creíamos, sino que era de Eduardo Lagos.
Marcelo — Una cosa que también es interesante es que, si bien muchas de las historias que nosotros contamos de las canciones están en el libro, esto ha sido dinámico y yo he seguido investigando, he seguido conversando, de repente, con Víctor Cunha, con Carlos de Silveira, con otros, y de alguna manera hemos podido ampliar, ratificar o rectificar alguna cosita. Entonces eso hace que, de alguna manera, la historia también esté moviéndose.
¿Qué expectativas tenían en la primera presentación?
Gonzalo — Era un concierto particular porque fue hecho en Somos Taller, un lugar de capacidad limitada y sin amplificación. Teníamos esta idea bien de generar un encuentro que se basaba en la palabra, en las historias, en las canciones de Darnauchans, sabiendo que probablemente también el público que se iba a acercar a ese concierto era público del “Darno”. Si bien podía haber gente que había leído el libro, que le interesaba el trabajo de Marcelo, o gente que conocía mis canciones, al menos la sensación que yo siempre tuve era que éramos tres partes que se juntan en torno a una figura que está omnipresente pero no está: el público de Darnauchans, yo como intérprete y Marcelo como investigador acerca de la obra y de la vida de Darno, en un rol nuevo que era estar articulando las historias de estas canciones en un formato de espectáculo.
Yo no sé qué esperábamos, en realidad. Yo lo viví como algo completamente diferente a lo que suelo hacer en el escenario y con mucha responsabilidad. Traté de encontrar ese lugar que yo creía necesario del intérprete dentro de ese espectáculo, que no es lo mismo que yo, en un concierto mío, haga un tema de Darnauchans, a que hagamos el espectáculo y yo sea el intérprete. Pero me parece que siempre la respuesta fue muy positiva. También era gente que había puesto confianza en algo que no existía. No era un espectáculo que ya habíamos hecho, que sabíamos cómo era, y nosotros lo íbamos a vivenciar en ese momento por primera vez. O sea, lo habíamos ensayado, lo probamos, calculamos el tiempo, vimos el ritmo, el orden, todo, pero era algo que iba a ocurrir. Si bien existen estos formatos de voz y recitado, de lectura y canciones, es una dinámica que incluso, a lo largo de los conciertos que hemos hecho, ha sido diferente. A veces la gente tiende a no aplaudir en ningún momento; a veces tiende a aplaudir solo después de la música, pero no después de la parte leída. En momentos se entendió que había que aplaudir después de cada intervención. En otros momentos había gente que sentía la necesidad de interactuar o de acotar algo; en otros era más un público de teatro, que está ahí en silencio de principio a fin.
Entonces yo creo que, más que algo particular de la primera vez, si bien luego ya teníamos una experiencia sobre la cual basarnos, en cada encuentro siempre hay una incertidumbre. El espectáculo sale cada vez mejor, está más sólido, más acabado desde nuestro lado, pero un poco está eso: yo siento siempre que es un público que va a escuchar sobre Darnauchans y va más allá de las personas que están ahí arriba del escenario.
Marcelo — Es como un puñal de dos hojas, porque la oportunidad o el llamador también es el riesgo. Yo creo que la gente va a encontrarse con el “Darno” en un momento en el cual no tienen muchas oportunidades de encontrarse con esas canciones. Entonces está esa expectativa de la gente, que es alta. Yo creo que tuvimos dos elementos que nos dieron un pantallazo de que veníamos bien. Habíamos hecho algunos ensayos en casa y, cuando pasábamos las canciones, calculábamos más o menos los tiempos, cuánto duraba el espectáculo y demás. Pero plantamos el espectáculo un día antes en el lugar donde lo íbamos a hacer, en Somos Taller, con el “flaco” Gustavo Fernández como único público. Entonces nosotros en el lugar donde íbamos a estar y el flaco en el lugar del público. Y en la medida en que nosotros íbamos haciendo el espectáculo, le íbamos viendo la cara al “flaco”, y la cara del flaco era una cara de aprobación y de disfrute. Después, por supuesto, nos quedamos conversando y esa cara la confirmó con sus palabras.
Y lo otro que pasó es que dos semanas antes del espectáculo ya no había entradas y estresaron al máximo la capacidad del lugar; o sea, ellos hacían recitales para 30 personas y ese día había unas 36 personas entre el público. Otro elemento que tampoco es menor es que en ese primer recital, entre el público estaban Alejandro Ferradas, Víctor Cunha y Milita Alfaro, gente muy conocedora y muy vinculada al “Darno” y a su entorno. Entonces, de alguna manera, era gente que podía darnos su bendición o lapidarnos, ¿no? Y esa también fue una buena prueba que pasamos.
Lo volvimos a hacer ahí una vez más y después lo hicimos en Tacuarembó, en un ambiente que era un lugar abierto, con mesas, mientras la gente comía —era a beneficio de una murga de Tacuarembó—. Ahí lo hicimos amplificado porque el lugar evidentemente lo exigía, con gente de la familia del Darno viéndolo ahí también. Creo que también fue otra prueba que pasamos y era como que, con cada cosa, nos íbamos sintiendo más fuertes, en que ciertos obstáculos los íbamos pasando. De hecho, este próximo espectáculo tampoco es la excepción: prácticamente duplica la capacidad del (teatro) Ducon y están prácticamente agotadas las entradas. Entonces la expectativa en torno al “Darno” y al espectáculo sigue estando.
Sumergirme en la obra de Darnauchans es una tarea que me tomé muy en serio: la de encontrar el lugar justo, de no hacer covers y de no traer completamente a mi terreno sus canciones.
Gonzalo Deniz
¿Se ha dado en las sucesivas presentaciones una interacción con el público al punto que les arriman nuevas historias o anécdotas que después las pueden sumar al espectáculo?
Gonzalo — En Somos Taller, principalmente, había un espacio pensado especialmente para la charla posterior al concierto. Marcelo siempre dice que cada persona siempre tiene una historia del “Darno”, o que siempre hay alguien que lo escuchaba o se cruzó en su vida con él y tenía alguna historia que aportar. Entonces pasaba algo muy interesante, y es que las charlas que se generaban seguían girando en torno a su figura, incluso iban más allá del espectáculo. Podía alguien darte su impresión o hacer algún comentario sobre determinada historia que había contado Marcelo o sobre determinado arreglo que yo había hecho de una canción. Pero después mudaban a estas nuevas historias que traía el público del concierto y que, si bien de repente no todas fueron a parar a nuestros siguientes conciertos, seguían enriqueciendo el encuentro en torno a la figura de Darnauchans, que es la idea de este espectáculo.
Y con el correr del tiempo, ¿qué han descubierto ustedes del propio espectáculo?
Marcelo — Lo primero es que el espectáculo, en un punto, es una oportunidad: una oportunidad de hacer algo. En mi caso, la oportunidad de subirme al escenario con Gonzalo es gracias al “Darno”; no hay manera de que yo pueda subirme a un escenario si no es con esto. Aparte, con Gonzalo, a quien yo admiro profundamente en su trabajo. Pero además de eso nos hemos preocupado de que haya conjunción de artes. Entonces el espectáculo también tiene audiovisual: nosotros abrimos con una grabación inédita de un ensayo del “Darno” en Tacuarembó y le brindamos eso a la gente. Ahora, para este espectáculo, vamos a tener una escenografía elaborada por Federico Méndez y por Gustavo Serra, dos artistas plásticos de nivel altísimo que se comprometieron a ser parte, a armarnos la escenografía. Entonces esa conjunción de otras artes y todo lo demás que se da en torno a esto, en torno a la figura del Darno —y en un segundo nivel en torno a nosotros—, que vamos sumando, porque tanto Gustavo como Fede son muy fans de la obra de Gonzalo, esa oportunidad me parece valiosísima: tener esta cosa de que vas sumando otras disciplinas.
Gonzalo — Para mí fue una experiencia muy nueva esta de sostener un concierto entero como intérprete de la obra de Darnauchans. Yo lo escucho desde adolescente; nunca tuve la posibilidad de verlo en vivo, pero lo escuchaba desde mi adolescencia. Y cuando yo empecé a tocar solo estaba escuchando mucho “El Ángel Azul”. Yo empecé a tocar en mayo de 2007 y Darnauchans se murió en marzo de 2007, entonces, previo a comenzar a tocar yo solo, él estaba presente con su música en mi vida. Y también por el hecho de haber muerto por esa época, y por saber que su público es un público muy atravesado por su obra en lo más íntimo, yo tenía esta idea de que tal vez podían ser muy celosos de su obra en la guitarra y la voz de otra persona. Entonces, para mí, cuando Marcelo me planteó la posibilidad de hacer esto, por un lado me entusiasmó un montón y por otro lo veía como una montaña que estaba allá lejos y que en algún momento iba a tener que escalar. La mantuve en el horizonte bastante tiempo hasta que él me dijo: “Bueno, tenemos fecha tal día de octubre”. Ahí fue como que la montaña vino a mí.
Y el sumergirme en su obra —más allá de escucharlo, de conocerla, de haber leído su biografía y estar familiarizado con su personaje, con su figura— es una tarea que me tomé muy en serio: la de encontrar el lugar justo, de no hacer covers y de no traer completamente a mi terreno sus canciones. Incluso por esta idea de este público que yo tenía en mi cabeza, que iba a ir a ver estas presentaciones, mantenerlas en ese terreno, que siguieran siendo las canciones del “Darno”. Y también con la posibilidad de mostrar una cara de una canción que tal vez la persona que va y la conoce no había visto anteriormente, asumir ese desafío de no solo reproducirlas. Me resultó más desafiante aún verlo entre líneas, estar metido entre sus versos, tener que cantarlos, decirlos y aprenderlos, y después hacerlo frente a este público que no es el público tuyo.
Entonces, es una tarea muy agotadora para mí, que me requiere una concentración que no suelo tener en vivo, estar constantemente tratando de estar a la altura de lo que es ese momento, porque siento que se genera mucha conexión con las canciones de Darnauchans y con su público. Son conciertos que disfruto un montón, que me traspasan, me atraviesan profundamente y que me dejan como si un actor que acaba de ser Ricardo III sale del escenario totalmente transformado y agotado, con una energía que te atraviesa el cuerpo.
Recientemente, Gonzalo, se publicó una versión tuya de “Don’t Think Twice, It’s All Right” de Bob Dylan para el tributo “Uruguay Canta a Dylan”, y es curioso cómo se cierra un círculo, teniendo en cuenta que Dylan fue una gran influencia para Darnauchans. ¿Cómo fue esa experiencia particular para vos?
Gonzalo — El origen de la versión de Dylan es cuando se estrena la película sobre Dylan, que se hizo en 2024 (N. de R.: “A Complete Unknown”, James Mangold). Me invitaron a tocar en el estreno y tuve que aprender e interpretar en inglés unas seis canciones de Dylan. Ahí conocí a Alfonso Carbone, que me invitó a hacer la canción. La versión que aparece en el disco es una versión que yo hice en español, o sea, tomando como referencia la letra original pero reescribiéndola, de alguna forma. Sin embargo, la que hacemos en el espectáculo del que estamos hablando es una versión en inglés de “Girl from the North Country”, que la hizo el “Darno”; la hizo Dino en español, también. Yo siento que interpretar a Dylan se me da con más familiaridad que interpretar a Darnauchans. Siento que Dylan fue como mi escuela y Darnauchans era la facultad, de la que hice solo algunas materias.
Marcelo — Incluso está esa cosa curiosa, que en realidad no es curiosa, pero en definitiva el “Darno” y Gonzalo comparten influencia. Es tan importante en la obra del Darno la figura de Dylan y de Leonard Cohen, que hasta en alguna de las versiones que hace Gonzalo de las canciones, sobre todo algunas que son arpegiadas, te llevan para el lado de Cohen; indefectiblemente vos sentís que estás escuchando ese colchón de sonido increíble que generaban los arpegios de Cohen.
Gonzalo — Es interesante eso, porque yo tengo muy escuchados a Leonard Cohen y a Dylan, y aprendí un montón de su forma de componer y de tocar. Y acercarme a Darnauchans desde ese lugar es como una reversión, pero al mismo tiempo que comparte raíces.
El espectáculo también tiene algo de militancia cultural que está bueno. Te sentís bien sosteniendo la memoria y la obra de un tipo que lo sentís fundamental… una especie de ceremonia que logramos hacer cada tanto, donde a nosotros nos toca ser feligreses y oficiantes a la vez.
Marcelo Rodríguez Arcidiaco
Más allá de este próximo show en S.U. Villa Dolores, ¿cómo sienten que puede evolucionar el proyecto?
Gonzalo — Bueno, hay una intención de registrarlo, sí hemos hablado sobre eso. Hay una posibilidad concreta; hemos hablado de en qué condiciones sería mejor: si hacerlo realmente en uno de esos conciertos o ir a un estudio y grabarlo. Sí, nos parece que está bueno que exista un registro y que la gente pueda escucharlo. Al mismo tiempo, me parece que es algo fantástico eso del encuentro y de que ocurra ahí, pero eso es algo de la historia de la música (risas).
Marcelo — Porque en realidad no es un recital. Tiene algo de teatral, tiene algo de encuentro, tiene eso de fogón. Por eso, el espectáculo lo fuimos estudiando mucho cómo lo hacíamos. Empezamos haciéndolo sin amplificación; en algún momento lo hicimos con amplificación solo para Gonzalo, para que no tuviera que hacer tanto esfuerzo vocal. Después, en definitiva, nos decantamos por amplificarnos los dos en el Ducon, porque ya era otro marco de público. Teníamos dudas de si a la gente del final le iba a llegar bien, porque la proyección no es la misma adelante que en el fondo. Todo eso lo hemos ido estudiando, pero lo que siempre tuvimos claro es que es un espectáculo más vinculado a salas que a boliches, que requiere cierta concentración y cierto compromiso de involucrarse por parte del público.
Gonzalo — Yo creo que es algo celebratorio, que tiene algo de transformación en el sentido de que pueden aparecer canciones nuevas, salir otras, aparecer nuevas historias, pero tampoco es algo que vaya por el lado de “Bossa N’ Stones”, “Bossa N’ Beatles”, en el sentido de “ahora vamos con Cabrera” (risas). Me parece que dentro del universo Darnauchans tiene posibilidades de transformación y de mutación. Para mí es algo lindo sostenerlo y que cada tanto haya un encuentro de estos, y que los propios encuentros puedan propiciar instancias nuevas de lo que cuenta Marcelo o de lo que yo toco. Es un encuentro de personas en torno a la figura de Darnauchans y que se pueda realizar cuando todas las partes lo quieran.
Marcelo — Tiene algo también de militancia cultural, que está bueno. Te sentís bien sosteniendo la memoria y la obra de un tipo que, de alguna manera, lo sentís como fundamental. Creo que es eso: una especie de ceremonia que logramos hacer cada tanto, donde a nosotros nos toca ser feligreses y oficiantes a la vez.
Foto: Laura Ferrer