Carmen De los Santos: “El estudio de grabación lo veía como algo muy lejano para mí”

Luego de años de composición y de una relación profunda con la música desde la formación académica y la escucha, Carmen De los Santos presenta “Amater”, su primer disco. Un trabajo que reúne piezas instrumentales y canciones surgidas en distintas etapas de su recorrido creativo y que encuentra en el piano el punto de partida para un universo sonoro donde conviven lo clásico y lo popular.

Entre ecos del post-punk, el romanticismo musical y paisajes sonoros que remiten al litoral del país, el álbum despliega una búsqueda personal que también dialoga con sintetizadores, coros y una producción compartida con Fabrizio Rossi.

A propósito del lanzamiento, conversamos con Carmen sobre el origen de “Amater”, la experiencia del estudio de grabación y de la música como aprendizaje permanente.

Por Liber Aicardi

Foto: Paul Hernández

¿Cómo llegás a este primer disco “Amater”, después de tantos años de música y de composición?

En realidad, el disco recoge composiciones de distintas épocas. Por ejemplo, las dos piezas instrumentales —el disco tiene doce canciones y dos piezas instrumentales—, “Mejores momentos” y “La paciencia”, quizás son un poco más antiguas que las canciones. De hecho, yo empecé posteriormente a hacer canciones, en principio solo componía música. Me parecía muy difícil hacer una canción —aún me parece—, pero de todas maneras ahora entendí algunos asuntos respecto a eso. Yo siempre tuve una vinculación muy fuerte con las letras, escribí siempre desde chica, siempre fui muy exigente con el tema de la canción.

Pero no había entendido cómo unir el texto y la música, como que me costaba hacer una música que fuera subsidiaria al texto, es decir, que quedara en función del texto. Nunca me salió eso de musicalizar un texto. A su vez, esa emergencia común de todo a la vez me parecía una cosa que solo me empezó a pasar cuando me aboqué a ello. O sea, que empecé a investigar cómo florecía un texto en una música y me empezó a gustar. Lo que sí entendí es que tenía una trayectoria muy de conservatorio, entonces me costaba pensar una canción como “parte A, estribillo…”. Me costaba muchísimo eso y creo que era por eso que me parecía raro hacer canciones. Como que también me aburre, me cuesta ceñirme a la forma, por así decirlo. Además, en principio, cuando pensé hacer canciones ni se me ocurría pensar en un disco.

¿Qué te llevó a dejar un registro en este momento y no antes?

Yo estaba siempre muy vinculada al mundo de la música y de los músicos, pero no tenía ninguna aspiración ni era una pretensión. El estudio de grabación lo veía como algo muy lejano para mí, aunque los conocía porque, de hecho, fui muchas veces a grabaciones de amistades y me parecía fantástico. Por otro lado, varias amistades y gente con conocimiento me decían: “tenés que grabar”. No solo para registrar, sino porque el ejercicio de registrar te da un ejercicio de escucha que no tenés hasta que no lo hacés. Así que, a empellones, digamos, fui llegando al conocimiento con Fabrizio Rossi, con quien definitivamente conectamos y anudamos una relación, una amistad afectiva y musical, de mucho respeto por la música. Yo encontré una persona con la que efectivamente puedo hacer algo que a mí me convence, en el sentido de que es auténtico con lo que siento, que es la música. No tengo que ponerme en un lugar o trasladarme a un escenario que siento ajeno, o pasarlo a un formato tal, o curtir tal estilo, o inscribirme en un campo como de “esto es pop” o “es indie”. No. Sin discusiones sobre eso. Y me pareció hermoso y además muy verdadero.

¿Cómo te sentiste con la experiencia de grabar y de escucharte? Porque también hay un tema hasta con la voz de uno mismo ¿no?

Para mí la voz es “el” tema (se ríe). Yo le decía a Fabrizio, que graba a muchas personas: “¿Hay alguien que disfruta cuando se escucha?”. Esa era mi pregunta, así que imaginate cómo lo sufrí. Es que no es mi oficio cantar, entonces es algo a lo que realmente tuve que sobreponerme, digamos. Además, viste que cuanto más escuchás música —yo soy melómana desde chiquita, siempre escucho mucha música— eso te hace un poco más exigente a la hora de escuchar eso que sale, ¿no? El tema con la voz es muy complejo. Yo creo que las personas que son cantantes, que tienen un oficio de cantante, seguramente también tienen una escucha y un trabajo sobre su voz y quizá una aceptación. Quizá a las personas que hacen medios y radio les debe pasar lo mismo. Hoy justo me estaba acordando de Alfredo Zitarrosa, de cuánto él —dicen— no le gustaba su voz. Todo el mundo dice: “Ah, pero qué locura”, pero hay que ver qué se pone en la voz, qué se pone en ese ejercicio de escucharse a sí mismo, que es casi como un desprendimiento. Es muy loco eso de escucharse, más allá de que ahora estamos acostumbrados a la cámara y a las imágenes, pero igual es un ejercicio. Es muy interesante eso de escucharse, pero escucharse con la idea, además, de que ese registro se vaya conectando con la música y tenga una cierta responsabilidad sobre esa voz: qué dice, cómo lo dice… Bueno, eso es todo un viaje.

Trascendidos esos primeros momentos de calor, digamos —que no me pasó con lo instrumental—, porque aunque sí es tu cuerpo el que interpreta, hay ahí un mediador, que es el instrumento. Y la voz parece algo más inmediato, más expuesto. Pero después me enamoré del estudio. La lógica del estudio me encanta. Me parece todo aprendizaje, todo ganancia. Sí, entiendo que te tenés que llevar muy bien con la persona con la que grabás y trabajás, y ese es el caso con Fabrizio, que es muy disfrutable en cada sesión de trabajo.

Yo estaba siempre muy vinculada al mundo de la música, pero no tenía ninguna aspiración ni era una pretensión grabar música. El estudio de grabación lo veía como algo muy lejano para mí, aunque lo conocía porque fui muchas veces a grabaciones de amistades y me parecía fantástico.

Y en cuanto a la instrumentación del disco ¿siempre la tuviste clara?

La instrumentación es otra cosa que aprendí y que me encantó: versionar y, más que nada, poder pensar qué necesita cada canción, qué aire, qué instrumentos. Todo un ejercicio de traducción: yo me imaginaba muchas cosas que a veces no sé cómo se llaman los instrumentos y Fabrizio me decía: “¿Y te parece que acá le ponemos un pandeiro?”. “¡Fenómeno! ¿A ver cómo es?”, le decía. Yo no tenía toda esa data que ahora siento que sé mucho más que cuando empecé a grabar, y eso me encanta. También afecta la composición. Ya las canciones de ahora son diferentes porque, por ejemplo, no me meto en cosas peliagudas en las que me metí con estas canciones: de repente unos coros, unas escalas que iban muy arriba y otras cosas así. Lo que estuvo divino es que respetamos mucho eso— porque también fue un ejercicio de cómo hacer eso, porque te anota muchas cosas para el ejercicio de composición después. Uno, cuando compone y no lo interpreta, no piensa en las dificultades; ahora estoy más introducida en la dificultad de la interpretación.

Básicamente en cuanto a lo musical es un disco de pianos y sintes, entiendo que las composiciones nacen desde el piano…
Alguna canción tiene bajos y algunas guitarras, pero en este disco nacen en el piano, que es mi instrumento. Yo hace unos años empecé a tocar el bajo; a mí me parece muy interesante el bajo. Entonces empecé a estudiar con Iván Krisman y lo que me interesó siempre del bajo —como yo lo veo— es que es como la antítesis del piano en el sentido de cómo funciona en la instrumentación en una banda. Lo veo mucho más austero, algo que tiene que ver con el ritmo y con el pulso; el piano me permite hacer otras cosas.. Entonces me parecía súper interesante y tenía muchas ganas de ver cómo se componía desde el bajo porque presumo que es muy distinto. De hecho, las canciones que me han salido desde el bajo son muy diferentes.

Se respira un aire post-punk en el disco, ¿tenías esa intención?

Sí, y me alegro que lo digas. Cada uno se conecta con lo que puede (risas). Yo escucho de todo, salvo un par de cosas que no escucho y me cansan. Después escucho mucha música. Admito casi que todo, no soy de las que dicen “solo escucho esto”. Ahora, me di cuenta de que cuando hacés música eso es distinto: esas cosas que te interesa desarrollar aparecen. Y yo creo que sí, que a mí me ha marcado mucho en la composición, por un tema de posición, por un tema de decir y también de estar en eso. El punk, el post-punk, me gustan muchísimo. No te podría definir cuáles influencias o qué timbres, pero sí, me gusta.
Por otro lado, en el último tramo del disco aparece “Pájara herida”, una canción con un ritmo popular como la cumbia, hasta una cumbia electrónica podría decirse…

Yo siento que hay muchas cosas populares. Hay algo que tiene cierto aire —aunque no es un tango—, pero digamos que tiene una reminiscencia, unas gotas. Yo escucho tango desde que soy niña, entonces es imposible que no esté, aunque luche para que no estuviera. Luché para que no tuviera presente nada particular porque también el tema de los estilos es muy riguroso para los músicos que hacen determinado estilo. Incluso en la canción “Llueve en la ciudad” tiene como esas cosas medio españolas, porque yo escuché muchas músicas españolas. Me crié escuchando desde ópera hasta zarzuela —me acuerdo que era lo que podíamos ver, lo que llegaba a Paysandú en las compañías— y siempre le decía a Fabrizio que no suene a nada parecido al flamenco, porque sé el respeto por los campos de esa disciplina. Pero “Pájara herida” es una canción bastante triste porque habla justamente de la sequía. La hice cuando estábamos sin agua en Montevideo y la verdad es que el tema del agua me preocupa bastante. Esa canción hablaba de eso, del campo que se está muriendo. Yo quería darle un aire de milonga porque a mí la milonga me apasiona y me parece muy difícil de tocar en el piano. Me gusta muchísimo ese aire milonga. Después me fui a México, volví de allá, estuve en el barrio de Iztapalapa, fui a ver a Los Ángeles Azules y le dije a Fabrizio: “Vamos a introducir algo de esto”. Y estuvo de más, fue muy divertido. Por supuesto que también sé que no es una cumbia, más allá del bajo y la guitarra. Yo no tengo ningún problema con respecto a lo popular porque creo que mi música es popular. Si bien hice muchos años de conservatorio, soy una persona que siempre escuchó música folclórica y popular. Tuve la suerte, de chica, de poder acceder a discos de Charly, por ejemplo, que también es un tipo de otra galaxia por lo que toca y por cómo compone. La introducción de esas músicas siempre estuvo.

Me interesa muchísimo seguir aprendiendo, seguir grabando y tocar con otras personas. Algo que tampoco es sencillo de resolver para mí, en el sentido de que está bueno que estemos todos afirmados en un proyecto, que Carmen De Los Santos sea un proyecto más que la persona que se beneficia con eso.

¿Cómo te sentiste en ese rol de co-productora junto a Fabrizio Rossi?

Se dio un trabajo muy natural. No sabía que podía decidir qué iba y qué no. Somos como una criatura de dos cabezas con “Fabri” en torno a eso, y él tiene un conocimiento maravilloso que yo no tenía y que absorbí. Claro que lo de él es una acumulación de años en lo suyo, pero también es un tipo muy respetuoso. Yo confío mucho en que la persona que compone también está sujeta a revisión, pero nada de lo que llevé eran cosas aproximadas. Tengo muchas canciones y las que hicimos son las que yo ya pensaba que tenían algo ahí. Por lo menos estaban finalizadas, que eso es importante.

¿Cómo hacés para mantenerte al margen de la industria, de las plataformas, sin las presiones de un universo donde es todo “ya”?

Por la madurez y ese tipo de cosas, no estoy sujeta a esas presiones. No porque ya pasé por eso, sino porque no estoy metida en la industria. No tengo la preocupación de que el producto se mueva a nivel comercial. Quizá no debiera decirlo, pero lo digo porque es la pura verdad. Para mí el mejor comentario es, por ejemplo, que hoy de mañana me escribió una de mis estudiantes y anoche me escribió una amiga; para mí eso es divino. No sé si tengo mayores intenciones, como hay gente que le interesa tocar en vivo. A mí, a esta altura, lo que me interesa es seguir haciendo esto porque me gusta muchísimo y porque me reconectó vitalmente con algo que fue mi primer aprendizaje, como lo fue la música. Yo, antes de ir a la escuela, ya sabía leer y escribir música. Aunque no lo haga bien, y no quiero sonar pretenciosa con eso. Me interesa muchísimo seguir aprendiendo, seguir grabando y tocar con otras personas, algo que tampoco es sencillo de resolver para mí, en el sentido de que está bueno que estemos todos afirmados en un proyecto, que Carmen De Los Santos sea un proyecto más que la persona que se beneficia con eso. Y eso, con todas las premuras de la vida cotidiana, es algo muy difícil de lograr, pero me gusta la idea de trabajar para eso.

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