Uruguay Canta a Dylan es el compilado que rinde tributo a la obra del músico y poeta estadounidense Bob Dylan, a cargo de artistas de nuestro país, y verá la luz en formato digital este viernes 20. También tendrá su edición en vinilo, pero llegará a disquerías en un par de meses. Se trata, además, de un ejercicio de interpretación y relectura desde una tradición local, con voces que van de la canción popular y el rock a búsquedas más experimentales, en versiones interpretadas en español por Dino, Santiago Tavella, Franny Glass, La Tabaré, Martín Buscaglia, Laura Canoura, Pájaro Canzani y Eduardo Darnauchans, por mencionar solo algunas.
Alfonso Carbone —radicado en Chile desde fines de los ’90s— es el productor artístico y curador del proyecto, concretado a través del sello Bohemio Records. Según nos contó, el germen del álbum se remonta a varias décadas atrás, cuando comenzó a trabajarlo en conjunto con el desaparecido Eduardo Darnauchans, hecho que resignifica y agrega valor al mismo.
De la influencia personal de Dylan en su vida, de cómo se fueron sumando las colaboraciones y del recuerdo de aquel histórico concierto en el Cilindro Municipal en 1991, conversamos con Alfonso, quien además nos adelantó que Uruguay Canta a Dylan tendrá su continuidad.
Por Liber Aicardi
Foto: Difusión¿Cómo surge el proyecto Uruguay Canta a Dylan?
Yo esto lo empecé antes de irme a vivir a Chile —imaginate el tiempo que hace— con “el Darno” y, lamentablemente, quedó truncado… Trabajamos bastante, igual, te voy a decir. Quedó ahí frustrado y, cuando fue Laura (Canoura) a Chile a grabar un disco, le dije: “¿por qué no hacemos un cover de ‘Make You Feel My Love’?”. Quedó muy bien y fue muy exitoso. Además, pensé: “¿por qué no darle otra vuelta al proyecto?”. Por más que lo del “Darno” obviamente me bajoneó, pensé primero hacerlo latinoamericano y empecé a conversar con gente, y tenía gente ya comprometida, digamos. Después dije: “¿por qué no lo hago en Uruguay primero, que me resulta mucho más directo, conozco a la mayoría de los artistas, tengo la mejor onda con la mayoría?”. Y los últimos dos años lo hicimos. Todavía no está terminado; lo tuvimos que separar en dos porque se fueron arrimando varios artistas. Se va enterando uno y el otro y quieren estar, y por supuesto que el que quiera estar y tenga que ver, para mí es maravilloso que esté, es un aporte.
Entonces terminamos ya el primero, que es el que va a salir este viernes 20 en digital, y en dos meses, calculo, en físico. Pero el físico va a tener una parte; lo que sube ahora son como 14 canciones. En el vinilo entraron 11, porque lo que quiero yo es que suene como Dios manda. No vas a apretar el surco para que suene mal, y para eso lo ideal es no pasar de los 20 minutos por lado. Y las canciones de Dylan cortas, cortas, no son. Yo creo que van a terminar siendo 25, 26, por ahí.
¿Por qué Bob Dylan?
Porque es parte de mi vida… La verdad, fue el tipo que me abrió la cabeza en muchos aspectos. Siempre cuento lo mismo: me calentaba mucho tener que ir a inglés de chiquito, pero la verdad que me sirvió para muchas cosas, entre ellas entender a Dylan. A Dylan nadie le entendía las letras en ese momento y había pocos pibes que supieran inglés. No lo entendías todo, pero entendías muchas cosas, y la verdad vos decías: “¿qué está diciendo este tipo?”. No es el “amame y yo te amo”, no. El primer disco que escuché completo fue “Highway 61 Revisited” (1965). Fijate que ahí agarro la etapa más psicodélica, más surrealista, poéticamente mucho más compleja, y aparte a mí me obligó a leer desde Shakespeare hasta Dante, porque si no, no entendés. Hay muchas referencias que no entendés si no vas a la fuente, a la Biblia, por ejemplo. De verdad que fue lo que me cambió; hay algo más que “vamos a bailar”. Hay otra cosa. Yo creo que, para muchos, fue también el principio de lo que le llamábamos en aquel momento la contracultura, porque ya dejó de ser esa onda música para adolescentes. El rock es otra cosa. De hecho, le cambió la cabeza a todos, desde los Beatles en adelante. ¿Qué artista hoy no está influido por él? Los de hoy no, por supuesto; Bad Bunny seguro que no. Pero, en realidad, los artistas grandes todos, tarde o temprano, terminan agradeciéndole muchas cosas. Otra cosa muy importante para mí es cómo un tipo con la carrera que tiene puede hacer un disco como “Rough and Rowdy Ways”, que tiene cuatro o cinco años no más. Para mí es uno de los cinco mejores discos de él. Es impresionante.
Yo creo que es también una forma de agradecerle, porque a mí me amplió los horizontes, y mucho. Y vos decís: “¿por qué no le voy a agradecer al tipo? ¿qué forma puedo agradecerle al tipo?”. Esta es una. Te darás cuenta de que, como proyecto comercial, se pierde plata, pero lo hago con gusto y me da gusto que esté quedando bien, para mí.
Más allá de que —como recién comentaste— los artistas se fueron acercando, ¿cómo decidieron a quién invitar en una primera instancia?
Empecé a comentar, entonces hablé con alguno, por ejemplo con Franny Glass, que me interesaba mucho porque es muy “dylaniano”. Y después se va corriendo la bola: te llama este, te llama el otro… El tema de Carlos Casacuberta (“Shooting Star / Estrella Fugaz”) estaba grabado ya. Yo no tenía idea de que existía, porque es un disco que salió hace 20 años y que no pasó nada. Él me llamó, escucho la versión y digo: “pero, loco, está muy buena la versión, ¿por qué no?”. Aparte era una de las canciones que yo quería hacer, y de a poco se han ido sumando otros. Del mismo modo —y aunque no me lo preguntes—, hay otros que no llamé, porque realmente no son del espíritu. Tienen que tener algo, por lo menos, de contacto. Vos dirás: “el Pájaro Canzani…”. Pero él escribió una canción que se llama “Zimmerman”. Entonces le llamé y le dije: “no seas malo, tenés que estar”.
Dylan, a mí, me obligó a leer desde Shakespeare hasta Dante, porque, si no, no lo entendés. Hay muchas referencias que no entendés si no vas a la fuente: la Biblia, por ejemplo. De verdad que fue lo que me cambió; había algo más que ‘vamos a bailar’.
Además, fue el primer simple que se conoció, algo por lo menos llamativo…
Sí, claro, nadie lo esperaba eso. Lo trabajamos bien, además, él en París y yo desde Montevideo y desde Santiago. Quedó buena la producción; fuimos cambiando un montón de cosas hasta que quedó con un toque más personal, porque la primera, la cruda, era muy parecida a la original. Sigue siendo parecida a la original, pero tiene toques que fuimos cambiando. Empezamos a agregar instrumentos, le empezamos a agregar cosas para darle un toque más personal, más de él.
¿La elección de las canciones corrió íntegramente por parte de los artistas?
En algunos casos sí. No íntegramente, en la medida que yo fui sugiriendo algunas, pero no de ninguna manera les dije: “vos tenés que hacer esta”, no. En la medida que me decían, yo sugería cuatro, cinco… Es imposible en el universo Dylan que busques más o menos lo que se acomode al espíritu del artista. Porque quiero que, si lo hacen, quede bien. En este tipo de compilados siempre a alguien le va a gustar una más, a alguno le va a gustar otra, otra no le va a gustar. No importa, pero que queden bien, las versiones que queden bien. Me pongo siempre en el lugar de: “y si la escuchara Dylan, que tiene 850.000 covers, ¿qué diría?”. Esta le va a parecer bien, a esta le puede sorprender, a esta no tanto porque por ahí se parece, pero hay varias que creo que le sorprenderían.
¿Te encontraste versiones que te sorprendieran?
La de Buscaglia (“Shooting Star / Estrella Fugaz”), sí. Mirá que hablé con Martín… lo conozco desde que tiene 14 años, le grabé el primer disco. Le digo: “Martín, no te hagas el loco, que te conozco, no te vuelvas loco” (risas). “Vos dejame, dejame”, dice, “lo único que voy a hacer es Uruguay”, y eso es lo que quiero. Pero me sorprendió, me sorprendió. La de Tabaré Rivero (“Dignity / Dignidad”) también. Por más que, a nivel musical, parece una canción gringa, la letra está muy bien; es muy uruguaya también la letra. La de Santiago Tavella (“Simple Twist Of Fate / Un Simple Giro Del Destino”) me gusta también porque tiene el guitarrón, tiene unos toques medio milongueros que están buenos. Soy obviamente poco objetivo, pero igual yo soy bastante crítico, porque creo que, además, cuanto más fan uno es, más duro debe ser a la hora de criticar. No es que todo está bien. Y conmigo mismo soy el más duro. Pero la verdad que estoy, hasta ahora, satisfecho. Muy.
Más allá de casos puntuales, como hablábamos hoy de Darnauchans, que probablemente es el más evidente, ¿reconocés el legado de Dylan en la música en Uruguay en general?
Hay algo, sí, sin duda. De hecho, yo dije Uruguay y después me dije: “pará, ¿Uruguay por qué? ¿porque soy uruguayo?”. No, porque de los países que yo conozco de América Latina, Uruguay fue el primero donde yo escuché gente haciendo cosas de Dylan. Dino, para empezar. Estamos hablando de los años 60, hay un espíritu. Lo del “Darno” es impresionante: desde Tacuarembó, cómo este tipo tiene tanta cultura dylaniana. Porque es un poeta, ante todo, el “Darno”. Y está todo ese núcleo de poetas de Tacuarembó, por más que son muy uruguayos, pero a Dylan lo respetan y lo reconocen en su justa medida.
Al hablar de Bob Dylan, es inevitable recordar aquella primera visita a Uruguay en 1991, ¿qué es lo primero que se te viene a la mente de ese show?
Primero, la satisfacción de que pude meter al “Darno”, y que más o menos se escuchó el “Darno”. Después, lo demás: decir “tuvimos a Dylan en Montevideo”, el resto… El que te diga que conoce las canciones que tocó Dylan ahí de primera te está mintiendo, está mintiendo; porque yo me considero un tipo que más o menos conozco las canciones y hay varias que no reconocí. Terminó la canción, todavía seguí pensando “qué carajo cantó” y tenía el setlist. No quise mirar el setlist; lo miré después para hacer la nota, pero te juro que hay tres, cuatro canciones que me las comí y varias más que entendí cuáles eran a la mitad. Porque, aparte, llegó en su etapa más punky, llegó en la etapa esa, la primera etapa del “Never Ending Tour”, cuando estuvo en el show de Letterman. Pero, aparte de eso, él cambia siempre: no repite las canciones dos veces de la misma manera. Cuando no le cambia el ritmo, le cambia un poco la melodía; la letra se la cambia muchas veces. Pero esto fue demasiado; en algunos casos no era él.
El que te diga que conoce las canciones que tocó Dylan en el Cilindro de primera te está mintiendo. Yo me considero un tipo que más o menos conoce las canciones, y hubo varias que no reconocí. Terminó la canción, y todavía seguía pensando: ‘¿qué carajo cantó?’. Y tenía el setlist…
Como la cara más visible de Bohemio Records, ¿este es el primer gran desafío que tiene el sello?
Bohemio pienso que va a seguir, pero yo no voy a seguir con Bohemio. Lo de Bohemio fue como un paraguas en donde sacar esto, y con el apoyo de Montevideo Music Group en algunas cosas. Pero no quiero seguir, no voy a seguir más, estoy sobrepasado. Tengo un proyecto más que queda, que es una suerte de homenaje al rock de hace 40 años: recuperar cosas inéditas, versiones distintas, algunos temas que pasaron sin pena ni gloria, remezclar otros… Guerrilla Urbana, por ejemplo, que vas a ver que ahora “suena”, y aprovechar que estamos en los 40 años del Montevideo Rock. Son 40 años de algo que me parece que fue una puerta que se abrió para muchas cosas.
Probablemente, en este último tiempo donde estás viniendo más seguido a Uruguay, estés más empapado de lo que está pasando a nivel musical, ¿con qué escena uruguaya te encontraste?
Yo me fui con un contrato por dos años. Entonces armé (el sello) Bizarro, porque dije: “dos años, no aguanto más y me vuelvo”. El problema es que nos fue demasiado bien, y después que pasaron 12 años, ¿qué hago con mi familia? Mis hijos ya estaban cerca de entrar a la universidad, a uno ya le iba bien en su carrera de músico, tenían novia, amigos… ¿cómo los saco? Y seguí de largo. Pero nunca dejé de estar en contacto con Uruguay a través de Bizarro. De hecho, grabamos en Chile un montón de discos: no solo Laura Canoura, No Te Va Gustar, La Tabaré, Sordromo, varios… Es que tampoco te podés alejar tanto, por más que el trabajo allá era muy absorbente, porque estamos hablando de un país de 20 millones de personas. Otro mercado, otros desafíos y otras exigencias también. Estando acá, no es que no fuera exigente, pero yo acá podía manejar las cinco multinacionales juntas. Andá a manejar las cinco en Chile, es imposible.
Lo que sí me parece es que, obviamente, se profesionalizó mucho, mejoró mucho todo. Cuando yo empecé a grabar acá, grabamos cuatro canales, “doblar” las pistas para poder llegar a ocho… complicadísimo. Pero hoy en día, Uruguay no tiene nada que envidiarle a nadie.
¿Y en cuanto a lo puramente artístico, teniendo en cuenta tu conocimiento de la industria a nivel regional?
Y… no es un mercado interesante. No estoy hablando artísticamente; hablando comercialmente, no es un mercado interesante. Por eso cuesta mucho más sacar al artista de acá, y bastante mérito tienen los que salieron, que muchos fueron ayudados por gente en Argentina. Pero, a nivel talento, sigue habiendo talento, eso está claro. A ver, no hay grandes cantidades, o por lo menos también hay que ser honesto: yo no conozco tanto, pero conozco algunos artistas muy jóvenes, nuevos, que me sorprendieron. Varios. No quiero dar nombres para no ser injusto con otros, pero encontré varias propuestas bien interesantes de gente muy joven.
Lo que ha cambiado —para volver al tema nuestro— es el rock. El rock en el mundo no existe. Existe toda la parte nostálgica y la parte de que “hay que ir a ver a los Stones” porque “fueron” los Stones, que ya no lo son. “Vamos a ver a Paul McCartney porque los Beatles…”. Este igual es un país mucho más rockero, pero, en general, en el mundo vos mirás las listas y, cuando ya te empiezan a mezclar con Lady Gaga y todas esas cosas, es porque hay algo que ya cambió mucho. No estoy hablando mal ni nada; es otra cosa, es un reflejo de lo que pasa.
Arte: Nicolás Peruzzo