Alfonsina: “Pausa y Fogueo se trata de ser familia”

Desde su irrupción en la escena local con «El bien traerá el bien y el mal traerá canciones» en 2014, Alfonsina se consolidó como una de las compositoras más personales de su generación. A lo largo de cuatro discos, su obra ha transitado con naturalidad entre la canción de autor, el folk-pop, el rock y la exploración sonora, siempre guiada por una mirada personal sobre los vínculos, el paso del tiempo y las emociones cotidianas.

Con “Pausa y Fogueo», su nuevo álbum, la artista regresa a las texturas acústicas en un trabajo atravesado por la colaboración y el encuentro. Con participaciones de Paulinho Moska, Laura Canoura, Gastón Pauls, Lucía Ferreira, Nicolás Ibarburu y Santiago Moraes, el álbum revisita parte de su repertorio y propone nuevas composiciones.

A propósito del lanzamiento y de su presentación en vivo el 14 de agosto en La Trastienda Montevideo, conversamos con Alfonsina sobre el momento personal y artístico que dio origen a este al disco, la decisión de dejar de lado el material que tenía pensado grabar, la necesidad de correrse del centro para dar lugar a las voces de otros y la construcción de comunidad a través de la música.

Por Liber Aicardi

Foto: Alina Viera

¿Qué te motivó a hacer un disco con las características de “Pausa y fogueo”, especialmente luego de “La terrible fe” —un trabajo donde predomina la electrónica— y tras el sonido netamente rockero de Filo?

Todas las cosas que estás mencionando me llevaron a hacer este disco. La interacción de muchas fuerzas me llevó a hacer este disco. Yo hago música no de una manera aislada, siempre estoy en comunicación con mi entorno. Entonces, “La terrible fe” se dio porque el mundo colapsó y hubo que relacionarse digitalmente y generar comunidad desde ahí. “Pactos” se dio porque «El bien traerá el bien y el mal traerá canciones» me dejó con la sensación de que no había podido controlar todas las texturas del álbum, entonces se dio así, elegí otra dinámica de trabajo. «El bien traerá el bien…» se dio también de otra manera. Cada álbum responde a una interacción entre el adentro y el afuera. Esta vez, la interacción entre el adentro y el afuera fue la sensación de que hay un mundo que se nos cae a pedazos, de que hay mucha necesidad de refugio y todo el proceso personal que hice mientras yo estaba queriendo hacer otro álbum, que quedó ahí en el tintero. Tengo otro álbum para trabajar en él, para terminar; un álbum que me gusta mucho, pero que no responde en este momento al estado de la comunidad, entonces este álbum tiene que ver con responder al estado de la comunidad.

También tiene que ver con que yo en Filo toco rock, me meto en las turbulencias de la vida, encantada, y me estaba quedando como a un lado esta parte más dulce, que tenía ganas de ponerla en algún lado y que sentí que se necesitaba, corriendo mi voluntad del medio. Mis ganas estaban en hacer otro tipo de álbum, pero me di cuenta de que eso lo estaba diciendo mi mente y que mi corazón estaba diciendo otra cosa, como que es momento de cuidar, es momento de refugiar, de contener; es momento para la compasión, es momento para reflexionar acerca del silencio, acerca de encontrarse con un universo con el que también me conecto. La meditación me conecta con todas las emociones. Hay gente que piensa que meditar es calmar y no es calmar, pero sí es escuchar las necesidades, escuchar lo que está apareciendo y actuar en consonancia con, tal vez, la voz del corazón.

¿En esto que mencionás de la comunión y de la música como refugio, es lo que te lleva a tener invitadas e invitados en un disco que también revisita tu pasado musical no tan lejano?

Sí, totalmente. Primero que nada, estás mencionando algo muy importante, que es la voz de los invitados. Si vos te das cuenta, yo lo que estoy trayendo es que puede ser mi voz y puede ser la voz de otro. No se trata del nombre, no se trata de la persona, se trata de lo que nos une, lo que nos hace que seamos, de alguna manera, lo mismo, ponerlo en un disco. El disco dice el nombre Alfonsina, pero puede cantar Alfonsina, puede cantar otro. Puede cantar Gastón Pauls y después puede cantar otro. Y después puede no ser Alfonsina. Esa liquidez de la identidad se me hace muy importante en este caso; y la comunión con mi obra también tiene que ver con la identidad, con revisitar aquello que en aquel momento se dio así. Bueno, yo puedo cambiar, yo puedo cambiarle la energía a lo que sea que haya vivido. Le doy la oportunidad de cambiarlo. Yo no quiero cristalizarme, no quiero quedarme ahí atrapada en un pasado. Si lo quiero revisitar, lo revisito. Si lo quiero cambiar, lo cambio. La música es un espacio seguro para hacer eso y es algo muy necesario en la experiencia humana, en la experiencia vital. Una vive muchas transformaciones agradables, desagradables, etcétera, y asume su rol creativo en la vida.

¿Cómo, y de dónde, te surge la necesidad de revisitar esos temas puntuales y traerlos a este formato? Capaz que “Casas unidas”, de por sí, es una elección más esperable, pero los temas de la etapa de “La terrible fe” tienen una vuelta más, por ejemplo…

Si vos te fijás, tienen una construcción de “nosotros” fuerte esas canciones. “Casas unidas”, “Perder algo de tiempo” y “Cambio la mirada”, muy de ir hacia el otro. No estoy hablando de mi historia romántica, no estoy hablando de eso. Estoy hablando, tal vez, de la construcción de comunidad, del aporte a la construcción de sociedad, que la siento un poco herida.

Mis ganas estaban en hacer otro tipo de álbum, pero me di cuenta de que eso lo estaba diciendo mi mente y que mi corazón estaba diciendo otra cosa: que es momento de cuidar, de refugiar. Es momento para la compasión, para reflexionar acerca del silencio.

¿Siempre tuviste claro que iba a ser un álbum con colaboraciones?

No, no tuve claro nada… Se fue aclarando a medida que fue apareciendo. Esa es la maravilla para mí de entregarse a un proyecto: no sabés para dónde vas. Es como que yo me quise entregar a un proyecto sin saber para dónde iba. Así como yo me quise entregar a hacer un disco y resultó que no era el disco que yo estaba queriendo hacer, sino que era otro. Y así fueron apareciendo. Van surgiendo en el corazón y en la mente las ideas, y va apareciendo esa línea y una la sigue.
Las personas invitadas son las que me escribieron en el momento semilla, las personas que me hablaron, que me llamaron o que me dijeron “tengo ganas de hacer algo contigo”, o que me dijeron “hoy estoy triste” o “mañana paso por Montevideo”. Entonces, esas personas son las que fueron quedando, es un proceso re orgánico.

De todas las colaboraciones, seguramente el invitado que llama más la atención es Gastón Pauls, porque es el que no tenemos en el rol de cantante…

Totalmente. Qué lindo eso, ¿no? Y es otra reflexión sobre la identidad. Todos me dicen: “Pero, ¿Gastón Pauls es cantante?”. No, ni yo soy cantante, pero canta. Gastón Pauls, en este momento, para mí es un aporte a la sociedad muy grande por el trabajo que hace con su experiencia en adicciones. Es un tema que es muy fuerte en el día de hoy. Es algo que me parece súper importante conversar y Gastón ha tenido la valentía de exponerse de cierta manera y acompañar a muchas personas, de poner palabras donde hay silencio, de poner honestidad donde no la hay, y entonces poder trabajar en una materia pesada. Con Gastón somos amigos, nos queremos mucho, nos respetamos mucho. Creo que nos hemos acompañado también en momentos importantes y por eso cae en este álbum.

Cuando me decías que el disco podía ser de Alfonsina o podía ser de cualquier otro que estuviera presente en la canción, me llevó directo al tema “Cambio la mirada”, que es un tema donde se impone la presencia de la voz de Santiago Moraes. ¿En función de qué tomaste ese tipo de decisiones?

Estoy encantada. Yo me tomé un tiempo desde “La terrible fe” hasta “Pausa y fogueo”. En ese tiempo yo descansé de mi nombre. Tengo la oportunidad de ser parte de Filo, entonces ahí, aunque compongo y canto, es como decimos, un monstruo de seis cabezas. Yo no soy el medio y a mí eso me ha dado un alivio. Tras muchos años de trabajar como Alfonsina, me ha dado un alivio incomparable y en este álbum sigue apareciendo ese alivio: no quiero estar en el centro. Si acaso, también ahí transpira mi experiencia como madre, que por supuesto me corrió totalmente del centro y me siento mucho mejor como familia que como el centro de todo. Lo cedés forzosamente, aunque no quieras. Estoy encantada con eso y “Pausa y fogueo” se trata de ser familia. Quien sea que viene a tocar conmigo es porque me hace sentir el calor del hogar, de una manera en que puedo hablar en confianza, en que puedo ser como soy, en que tomo el compromiso de tratarte bien, de aprender de ti. Todo eso es “Pausa y fogueo”.

Pausa y Fogueo se trata de ser familia. Quien sea que viene a tocar conmigo es porque me hace sentir el calor del hogar, de una manera en que puedo hablar en confianza, en que puedo ser como soy, en que tomo el compromiso de tratarte bien, de aprender de ti.

Musicalmente, hasta este disco no habías abordado algunos ritmos y, en este caso, está “Ruido”, un tema en el que tenés un acercamiento más al candombe. ¿Cómo surgió?

También hay un “hacerse cargo” del territorio en el que estás. Yo, como a veces digo, tengo un amor no correspondido con Uruguay, porque yo amo la música uruguaya. Amo Mateo, amo Zitarrosa, amo Laura Canoura, amo Jaime, amo Estela Magnone. Me pasa una cosa muy rara, que es que cuando los tambores en la calle se me van acercando, se me van acercando y llegan a cierto punto, usualmente se me caen las lágrimas. No lo puedo controlar. Es alucinante, es re lindo, es re puro.

Sin embargo, cuando yo proyecto mi música he tenido hasta ahora, tal vez, aires muy foráneos porque me encanta también, porque soy una hija de la oportunidad de YouTube. La cantidad de música que yo he podido escuchar no está atada a mi territorio físico. Hoy, y también con la maternidad y de estar en redes y mirar cómo estamos, en el estado en el que estamos, del distanciamiento del vecino, busco tender un puente. Yo siempre quise estar cerca. Yo nunca quise alejarme, yo quiero encontrarme con el público, yo quiero conectar. Entonces, quizás lo hago con una música que me conecta mucho conmigo, pero de pronto acá hay gente que no se conecta y yo me muero de ganas.

Teniendo en cuenta otros fenómenos de volver a las raíces musicales a nivel latinoamericano, como pueden ser los discos de Bad Bunny, Milo J o el propio Jorge Drexler, ¿sentís que puede haber una necesidad del público de conectar con ese arraigo?

Totalmente. Valorar las costumbres. Como que hay un correrse del centro porque no vas a salir a inventar el mundo. Tenés que mirar el mundo en el que estás y ver todo lo que hay construido. Van a haber cosas que no te gustan y van a haber cosas que van a gustarte mucho, pero bien vale mirarlo porque pasamos de esta cosa tan globalizante a una más local.

Me parece que las y los artistas nos dejamos atravesar por esas olas que están, pero también funcionamos como transmisores hacia la propia gente, ¿no? Está ese rol: algo que sale de la gente, pasa por los artistas, pero termina volviendo a la gente. De eso se trata, por eso no se trata de “yo y mi obra”, sino que “mi obra está absolutamente teñida de nosotros”.

¿Cuál es tu sensación como compositora cuando te encontrás con Paulinho Moska o Laura Canoura interpretando y apropiándose, en el mejor de los sentidos, de tus canciones?

Es re lindo, y pasa que yo no los vivo tanto como “mis” temas. Las canciones vienen de un lugar un poco personal y un poco impersonal. De hecho, “Casas unidas” es una canción que en su momento surgió y surgió entera, rápido. Y cuando yo escuchaba el álbum “Pactos”, o cuando hacía que alguien escuchara “Pactos”, era: “Ahí viene ese tema donde no pasa nada, que es un embole” (risas). Viste lo que es la mente y el corazón, ¿no? El corazón me habló muy claro, me dijo algo simple y potente y yo, en mi mente, lo evalué de maneras no correctas. Entonces ya no confío en mi mente, me importa otra cosa.

Con esa canción realmente me pasó eso, incluso de darme un poco de vergüencita. Me siento muy expuesta, como me pasaba con otras canciones en Pausa y fogueo. A mi coproductor lo enloquecí en un momento porque le dije: “Ay, lo que estoy haciendo, esto me da mucha vergüenza”. Y esas canciones que, de pronto, me dan más vergüenza son las que luego hacen que personas me escriban para decirme que con esa canción no pudieron evitar pegarse un llanto. Es porque, de pronto, muestran mucha vulnerabilidad, mucha dulzura y eso, que es muy del sentimiento del corazón, a mí me da reparos. Pero hoy día ya no estoy dispuesta a que los reparos de mi mente condicionen la voz mejor.

Yo me tomé un tiempo desde La Terrible Fe hasta Pausa y Fogueo. En ese tiempo yo descansé de mi nombre. Tengo la oportunidad de ser parte de Filo, entonces ahí, aunque compongo y canto, yo no soy el centro y a mí eso me ha dado un alivio… Y en este álbum sigue apareciendo ese alivio: no quiero estar en el centro.

Además de la presentación del disco el 14 de agosto en La Trastienda, ¿qué otros planes tenés para el resto del año?

Soy una mujer muy mala haciendo planes. Dejo que las cosas se vayan desenvolviendo, entonces con Pausa y fogueo va a suceder lo que la gente quiera que suceda. ¿Están con ganas de verlo en vivo? Lo vamos a ver en la convocatoria. ¿Les hace sentir ciertas cosas?

Eso lo vi cuando salió el álbum: generó sentimientos que a mí me llenaron mucho. Los comentarios que me devolvieron me llenaron el corazón, me hicieron sentir muy agradecida. Entonces di este paso de tomar la sala La Trastienda porque —¿viste cómo una cosa se engancha con la otra?— La Trastienda sale con una cartelera que no tenía mujeres en la grilla. Entonces, a partir de todo eso, yo tomé la decisión de hacer La Trastienda porque queremos que haya mujeres en esa grilla. Entonces, no voy a acobardarme, voy a dar un paso adelante, tomo el desafío y así voy.

Ahora que mencionaste tu iniciativa de “tomar La Trastienda”, eso me llevó directo al momento en que se dio la polémica de la grilla dominada por la presencia de proyectos de varones. ¿Qué te parece que dejó esa discusión?

Es que eso habla de todos, habla de si vas y comprás la entrada o no. Porque una artista mujer, para poder hacer una Trastienda, necesita saber que el público va a apoyarla, que se va a ir a gozar ese show. Entonces, si es tan fácil apoyar proyectos liderados por hombres y cuesta mucho apoyar proyectos liderados por mujeres, eso se ve en la venta. ¿Qué valor le das? Eso es parte de visibilizarlo.

Para llenar una Trastienda te tenés que partir el lomo. Creo que el público a veces no sabe cuánto trabajo hay que poner para hacer eso. Si hay ganas de que esos espacios estén coloreados por nuestras voces —que lo está diciendo la historia: el avance de todo el movimiento feminista, por ejemplo, ha puesto en conversación la voz de las mujeres en todos los ámbitos, la igualdad en todos los ámbitos— entonces estamos de acuerdo a un momento histórico también y tenemos que ver si esos avances son actualizados por nuestra sociedad, si son tomados o si nos resistimos a ese cambio. El cambio viene igual.

Foto: Alina Viera
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