Mantenerse durante 40 años de forma ininterrumpida no es poca cosa para un proyecto cultural, menos aún en Uruguay. Y vaya si La Tabaré tuvo motivos para festejar el sábado 8 en el Teatro de Verano sus cuatro décadas de “rock y rabia”. Una celebración que contó con más de dos horas y media de música en diversos formatos, performers, músicos invitados, una puesta en escena acorde —pasarela para acercarse al público incluida—, cantos de “que los cumplas feliz” y, sobre todo, una multitud agradecida a un Tabaré Rivero por ser la voz de, al menos, dos generaciones de seguidores.
Foto: Paul Hernández
Casi media hora pasadas las 21 h y luego de una performance que simulaba un procedimiento militar a cargo de la compañía Poetas del Absurdo, sonó en off “Sras. Sres.” dando inicio a una lista de 35 canciones que La Tabaré interpretó en un show que revisitó todas las épocas del grupo fundado en 1985 por la figura emblemática de Tabaré Rivero, referente indiscutido de nuestro rock.
Si bien el set arrancó con un tres de las canciones más recientes (“¡A Renacer!”, “La Tecnocracia” y “País Belleza”), el riff de “Las Raíces Desteñidas” trajo el primer gran coro de la platea. Una de las constantes del show fue la decisión de la banda de interpretar una buena cantidad de canciones de su último álbum, “Urutopías”, plantando bandera en el presente, a modo de señal de que no estábamos ante una mera mirada nostálgica a un pasado mejor. Siguieron “Galopé”, “Desde el Chiquero”, “El Viejo Satán” y “En la Cachila”, y no demoró en llegar el primer invitado de la noche: Riki Musso, también exintegrante de La Tabaré. Mano a mano con el líder de la banda —entre medio de algunos furcios y chiste al respecto— viajaron al primer álbum “Sigue Siendo Rocanrol» para tocar “Psicoanálisis” y “El Tacho de la Basura”.
El grupo de vientos La Cañería se sumó para darle un toque big band a “Qué Suerte”, “¡Qué Noche la de Aquél Día!” y “Neurosis en mi casa”, mientras que el bandoneonista Sergio Astengo se unió en “El Último Round” y “¿Qué Hago con la Luna?”. Luego de una coreadísima “Un Romancero”, siguieron llegando invitados a la fiesta, algunos de ellos pasaron por las distintas formaciones de la banda. Andrés Burghi se hizo cargo de la batería para “La Enemistad”, y tras un “Malambo Delictivo” —con bombos legüeros, zapateo y danza de boleadoras a cargo de un trío de danza folclórica—, llegaría uno de los momentos más emotivos de la noche: la presencia de Andrea Davidovics, “la primera cantante de rock uruguayo”. Andrea piloteó con su inconfundible voz la máquina del tiempo y nos depositó de nuevo en los 80 con “Patada en el Bajo Beat” y “Excepto”. Gran momento. Por su parte, Alejandra Wolff —voz femenina del grupo durante los 90— interpretó “Distopía en Blues” y la poderosa “La Mugre de Tus Orejas”.
La recta final de la noche tomó forma con “El Kafkarudo” —canción que se metió en el cancionero de la generación Pilsen Rock— y “Pagar y Pagar”; la gaita de Patricia Izuibejeres se sumó en “Putrefashion” y “Crua Chan”. Para el gran final, Agarrate Catalina aportó su coro murguero a “Ojalá (Ya No Será)” y un “Alegrís” que derivó en un coro generalizado de “Sociedade Alternativa”.
Otro punto a resaltar, más allá de todo lo que implicó esta gran celebración, es el gran momento musical que atraviesa La Tabaré, con una Pamela Cattani totalmente a la altura de sus antecesoras; un guitar hero como Leonardo Lacava que dialoga a la perfección con Tabaré y el trombón de Enzo Spadoni, mientras Marcelo Lacava en batería y José Suárez en bajo sostienen la estructura con solvencia, al tiempo que todos aportan escénicamente.
Banda y público tuvieron una fiesta bien merecida, reforzando un vínculo construído y afianzado con el tiempo, con una clara identificación hacia un mensaje social y político, en tiempos en que —salvo contadas excepciones— el rock local ha tomado un rumbo exageradamente correcto. ¡Larga vida a La Tabaré!
Foto: Paul Hernández
Por Liber Aicardi
Foto: Paul HernándezSi bien el set arrancó con un tres de las canciones más recientes (“¡A Renacer!”, “La Tecnocracia” y “País Belleza”), el riff de “Las Raíces Desteñidas” trajo el primer gran coro de la platea. Una de las constantes del show fue la decisión de la banda de interpretar una buena cantidad de canciones de su último álbum, “Urutopías”, plantando bandera en el presente, a modo de señal de que no estábamos ante una mera mirada nostálgica a un pasado mejor. Siguieron “Galopé”, “Desde el Chiquero”, “El Viejo Satán” y “En la Cachila”, y no demoró en llegar el primer invitado de la noche: Riki Musso, también exintegrante de La Tabaré. Mano a mano con el líder de la banda —entre medio de algunos furcios y chiste al respecto— viajaron al primer álbum “Sigue Siendo Rocanrol» para tocar “Psicoanálisis” y “El Tacho de la Basura”.
El grupo de vientos La Cañería se sumó para darle un toque big band a “Qué Suerte”, “¡Qué Noche la de Aquél Día!” y “Neurosis en mi casa”, mientras que el bandoneonista Sergio Astengo se unió en “El Último Round” y “¿Qué Hago con la Luna?”. Luego de una coreadísima “Un Romancero”, siguieron llegando invitados a la fiesta, algunos de ellos pasaron por las distintas formaciones de la banda. Andrés Burghi se hizo cargo de la batería para “La Enemistad”, y tras un “Malambo Delictivo” —con bombos legüeros, zapateo y danza de boleadoras a cargo de un trío de danza folclórica—, llegaría uno de los momentos más emotivos de la noche: la presencia de Andrea Davidovics, “la primera cantante de rock uruguayo”. Andrea piloteó con su inconfundible voz la máquina del tiempo y nos depositó de nuevo en los 80 con “Patada en el Bajo Beat” y “Excepto”. Gran momento. Por su parte, Alejandra Wolff —voz femenina del grupo durante los 90— interpretó “Distopía en Blues” y la poderosa “La Mugre de Tus Orejas”.
La recta final de la noche tomó forma con “El Kafkarudo” —canción que se metió en el cancionero de la generación Pilsen Rock— y “Pagar y Pagar”; la gaita de Patricia Izuibejeres se sumó en “Putrefashion” y “Crua Chan”. Para el gran final, Agarrate Catalina aportó su coro murguero a “Ojalá (Ya No Será)” y un “Alegrís” que derivó en un coro generalizado de “Sociedade Alternativa”.
Otro punto a resaltar, más allá de todo lo que implicó esta gran celebración, es el gran momento musical que atraviesa La Tabaré, con una Pamela Cattani totalmente a la altura de sus antecesoras; un guitar hero como Leonardo Lacava que dialoga a la perfección con Tabaré y el trombón de Enzo Spadoni, mientras Marcelo Lacava en batería y José Suárez en bajo sostienen la estructura con solvencia, al tiempo que todos aportan escénicamente.
Banda y público tuvieron una fiesta bien merecida, reforzando un vínculo construído y afianzado con el tiempo, con una clara identificación hacia un mensaje social y político, en tiempos en que —salvo contadas excepciones— el rock local ha tomado un rumbo exageradamente correcto. ¡Larga vida a La Tabaré!
Foto: Paul Hernández