Nasser 4.0: una prueba viviente y cuarenta años de canciones

Cuando se acercaban las 21 h del pasado jueves 1° de octubre, los presentes en el Auditorio Nacional del SODRE, todavía no sabíamos con qué Jorge Nasser nos encontraríamos una vez que subiera el telón. Las luces se apagaron y el bombo de la batería comenzó a marcar el pulso de “Prueba viviente”, de Níquel. Entonces apareció, plantado sobre el escenario, levantándose una vez más, como anunciaba el título de aquella canción. Una prueba viviente.

Nasser 4.0 era la celebración de cuatro décadas de trayectoria, pero la noche tenía una dimensión que excedía cualquier aniversario. Con el fallecimiento de su hijo Simón en abril pasado —una ausencia que acompañó inevitablemente el concierto— se volvió especialmente significativo que el músico haya sostenido la idea de realizar esta presentación. El primer tramo del concierto estuvo dedicado a Níquel. “No tengo timón”, “Lluvia de amor” y “Sangre y rosas” hizo del arranque algo más que contundente. “Candombe de la aduana”, “Amo este lugar”, “Palabras para Julia” y Nancy y Sid fueron sellando un recorrido por esa etapa, ante un público que encontró en esas canciones una parte reconocible de su propia historia musical. Allí estuvo el virtuoso Gonzalo de Lizarza en guitarra, convertido en un sólido ladero de Nasser hace ya varios años aliado en sus dos formatos.

Luego, Nasser tomó su guitarra acústica y abrió en solitario un segmento más íntimo con “Maestra”, de “Efectos personales” (2001). Ya con el resto de la banda, llegó el turno del primer invitado: Paul Higgs, a quien Jorge preentó como “la promesa del rock uruguayo”. En formato acústico sonaron la reciente “Fetal”, “Demasiados tangos” y “Tres veces nada”. El repertorio comenzaba a desplegar sus distintas capas, sin necesidad de establecer fronteras demasiado precisas entre el rock, la canción y los ritmos de raíz popular, si es que las hay. Porque el recorrido artístico de Nasser tiene mucho de síntesis de la propia música uruguaya de los últimos 40 años: desde su primer álbum solista, “Era el mismo” (1985), pasando por su participación como bajista en la banda de Jaime Roos, donde fue parte de momentos fundamentales de su obra, y su posterior liderazgo al frente de Níquel, la banda más popular del país durante los años noventa, hasta el regreso a su carrera solista en los 2000, esta vez con la milonga y la canción de raíz popular como territorios centrales. Cuatro décadas en las que cambió de piel más de una vez, sin perder una identidad que atraviesa todos esos registros.

El tramo más emotivo de la noche todavía estaba por llegar. Francisco y Martín, hijos de Jorge, subieron al escenario para acompañarlo en las significativas “Playa Honda” y “Paisaje interior”. En esta última también participó Rosa Nasser, nieta del músico, cuya presencia aportó una frescura inesperada a la escena. Con su gracia y espontaneidad, “Rosita” remontó con su naturalidad (y sin saberlo) cualquier exceso de sensibilidad que podía apoderarse de la escena. No hacía falta decir nada más: la familia reunida sobre el escenario, las canciones elegidas y el contexto personal del músico alcanzaban para darle su dimensión.

Poco después, un video homenaje a Simón marcó el comienzo del último tramo del concierto. La banda adoptó el formato criollo y Nasser retomó el repertorio con “Llegar, armar, tocar” y “Milonga de pelo largo”. Vicky Ripa, que había acompañado como corista durante el espectáculo, tuvo también su lugar en “Luchadores en lodo”. La presencia de Garo Arakelian y Alejandro Spuntone para interpretar “Las décimas”, de La Trampa, sumó otra conexión dentro del mapa de la música uruguaya. Más adelante, Emiliano Brancciari se incorporó para “Balada de los corazones perdidos” de Níquel. Con el arranque de “A tus pies”, buena parte del público justamente se puso de pie. Siguieron “Milonga del querer” y “Una risa así”, dedicada a RUben Rada, con quien Nasser grabó el sencillo en 2025.

Los bises llegaron con “Es para siempre” y “Pa’l que se va” de Don Alfredo, cerrando la noche con todo el auditorio de pie ofreciendo una extensa y merecida ovación. Fue el final de un concierto que recorrió a lo largo de dos horas buena parte de la historia musical de Nasser, pero también una demostración de la solidez de un repertorio capaz de sostenerse más allá de las épocas y los formatos. Hay en su trayectoria muchos aciertos y algunos tropiezos —como en cualquier recorrido longevo—, pero también una capacidad para reinventarse sin dejar de ser fiel a sí mismo, posicionándolo entre los principales cantores populares de nuestro país en los últimos años.

Entre canciones que forman parte de nuestra memoria musical y otras que siguen encontrando nuevos sentidos en el presente, Jorge Nasser cerró una noche que, más que mirar hacia atrás, dejó abierta la puerta para un próximo capítulo rumbo a Nasser 5.0.

Texto: Liber Aicardi
Fotos: Paul Hernández

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