Roger Waters en Montevideo: otro gran show entre música, lluvia y política

El pasado viernes 17, Roger Waters volvió a pisar el Estadio Centenario, a cinco años de aquél inolvidable primer show, y ofreció un nuevo concierto en el marco de su gira “This is not a drill” (Esto no es un simulacro). Al igual que en 2018, mostró una espectacular puesta en escena donde, entre cuatro enormes pantallas, lásers y pirotecnia, convivieron música y política, sumándole referencias explícitas de su historia artística y personal.

Por Liber Aicardi


Foto: Pata Torres

El espectáculo del ex Pink Floyd, que venía precedido de la polémica por la negativa de los hoteles más importantes de nuestra “hermosa ciudad” – y a la que Waters, lejos de ser esquivo, se manifestó dedicando un enérgico “Fuck You” al Pte. del Comité Central Israelita – ya, desde el minuto cero, dejó bien claro que no iba a ser amigable con quienes no comparten su posición política, más aún con quienes creen que arte y política no deben ir acompañados. Antes de comenzar, el artista dio un mensaje a través de las pantallas, con su locución, donde invitaba a quienes aman a Pink Floyd pero no soportan su política a “hacer el bien de irse al bar”, por citarlo livianamente. Tras la poco simpática advertencia y pasados 20 minutos de las 9 de la noche, bajo un cielo que se rompía como insuperable e increíblemente acoplado marco para el apocalíptico paisaje urbano proyectado en las pantallas, ingresó en escena el músico ataviado cual médico escuchando las aflicciones de un muñeco-paciente en silla de ruedas, mientras suenan las primeras notas de una minimalista versión de “Comfortably numb”. Luego seguirían, en una sorprendentemente temprana ubicación en el set, “Another brick in the wall” part 2 & 3 potenciadas por la primera explosión pirotécnica.

A lo largo de las más de dos horas de show (sin contar la pausa forzada por la torrencial lluvia) el repertorio recorrió buena parte de lo mejor de Pink Floyd y algo de sus álbumes en solitario ”I this the life we really want”, “Radio K.A.O.S.” y “Amused to death”. Así, fueron desfilando entre otras “Wish you were here”, “Shine on you crazy diamond” y “Sheep” para cerrar la primera parte. “In the flesh” fue la encargada de abrir el segundo set, esta vez con Waters ocupando el lugar de paciente, sucediéndole otros clásicos como “Run like Hell”, “Money”, “Eclipse” y “Us and them”.

Sobra destacar la espectacularidad de los efectos, las imágenes y el sonido de un show de este calibre, pero si algo lo distinguió este show del ofrecido en 2018 en el marco de la gira “Us + Them” fue que, en esta oportunidad, el ya conocido relato antibelicista, las denuncias de opresión y llamados a la resistencia (al fascismo, la guerra y el capitalismo) no fue excluyente. Durante varios tramos, el show corrió por carriles más personales, en los que el británico se remontó a los orígenes de Pink Floyd (con especial recuerdo a Syd Barret) y a su propia historia familiar. También, Waters llevó la noche hacia momentos más intimistas como en la interpretacin de “The Bar”, donde tocó el piano con el resto de la impecable banda en torno a él, como si no hubiera una multitud observando, convirtiendo al Centenario en una gran cantina. Hacia el final, incluso, marchando como músicos itinerantes y culminando el show tras bambalinas al son de “Outside the wall” transmitido a través de las pantallas.

En esta oportunidad, aunque de manera sobria, Roger Waters se mostró más comunicativo con la audiencia que en su anterior visita, debido quizás a la necesidad de referirse a la ya mencionada polémica, a la inesperada incidencia de la lluvia o al nivel más personal que buscó imprimir en algunos momentos.
¿Será ésta definitivamente la última visita a estas latitudes del músico británico, tal como fue presentada la gira? No lo sabemos. De serlo, el show, fue un magnífico cierre para la relación entre el músico y el público local.